Nación de pobres y abusos de la banca ¿Cuánto debemos esperar?
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Nación de pobres y abusos de la banca ¿Cuánto debemos esperar?

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Nación de pobres y abusos de la banca ¿Cuánto debemos esperar?

13/11/2018

Las comisiones bancarias son abusivas y el Estado debe intervenir para regularlas. Esto lo han hecho todos los países desarrollados del mundo. ¿Por qué debemos esperar tres años más? En México, llevamos treinta y seis años de protección y complicidad de los gobiernos en turno frente al creciente poder oligopólico de la banca. ¿Hace falta la Ley Monreal para acotar esos abusos? Realmente no. Lo que hace falta es que Banxico, SHCP y CNBV cumplan su función de regular y frenar, usando los mandatos que la ley les otorga.

¿Por qué no lo han querido hacer? Porque no quieren, han estado convencidos que la competencia bajara los costos. Por esa convicción ideológica no han querido limitar ni comisiones, ni tasas de interés, ni monopolios de transferencias electrónicas, entre muchos otros temas que deben regularse para tener una mayor democracia financiera. Tienen mandato, tienen conocimiento, y esta claro que “el mercado” no limitara vía competencia cuando hay monopolios. De hecho la brecha se ha ampliado y profundizado con las nuevas tecnologías. La débil e incipiente competencia no puede contrapesar la infraestructura y tecnologías de los bancos y su acción concertada para favorecer sus ganancias sin inter- operabilidad entre instituciones.

En México se pagan 5,310 comisiones diferentes: 58% en productos de crédito, 39% en productos de captación y 3% en servicios. Cobran por todo; por apertura del crédito, por pago tardío, por anualidad, por impresión de estado de cuenta, por reposición, por disposición en efectivo y todo eso infla el monto de nuestras deudas o reduce nuestros ingresos por inversiones. Así por ejemplo olvidar un día el pago de la tarjeta tiene una comisión de 465 pesos en Bancomer, 200 pesos por reposición del plástico. Las tasas efectivas que pagamos se elevan estratosféricamente, pero no hacemos cuentas, casi nadie sabe hacer cálculos de tasa efectiva. Una mujer pobre que recibe 940 pesos bimensuales de Prospera en la sierra norte de Oaxaca, debe pagar 50 pesos de comisión al retirar del cajero automático en Ixtlán, más el costo de traslado de su comunidad hasta la cabecera distrital. Abusos interminables, millones de quejas anuales en Condusef, no sirve de nada, los bancos tienen legiones de abogados para calmar la cólera popular.

En 2017 la banca obtuvo 108 mil millones por cobro de comisiones, 8% más que en 2016 que fueron 100 mil millones. Sin comprometerse con la cobertura bancaria y la inclusión financiera de los mexicanos de todos niveles. En los noventas cerraron todas las áreas de crédito agrícola y abandonaron la actividad. A principios del nuevo milenio cerraron todas las sucursales bancarias en pequeñas ciudades rurales. Su concentración en el crédito de consumo y servicios urbanos garantiza las ganancias; apenas 12,500 sucursales y 48,000 cajeros automáticos concentrados en zonas urbanas. Los municipios rurales no superan un 6% de cobertura bancaria. Y sólo 33% de los mexicanos mayores de edad tienen acceso a una cuenta de ahorro formal.

Por otro lado, el monopolio bancario ha inhibido a los organismos de ahorro y crédito popular. El SPEI, una avanzada tecnología de transferencias electrónicas gestionada por Banxico, es servicio casi exclusivo de los bancos. Hay tantas barreras de acceso al SPEI en el Banco de México que los 3,340 sucursales del sector ahorro y crédito popular (SACPyC) aún no participan directamente en el sistema de pagos, deben pasar por servicios de los bancos, así que la competencia se debilita. En la emisión de tarjetas de débito y crédito del SACPyC deben pagar comisiones a los procesadores bancarios (Prosa, Eglobal) que establecen contratos inviables para zonas pobres donde no hay lugares o ecosistemas para uso de tarjetas.

Ha sido exagerada la reacción de inversores/ mercados ante el solo anuncio de una posible regulación de comisiones abusivas. La solución no es garantizar las ganancias inmorales, el voto popular por la cuarta transformación espera justicia y desarrollo. Podemos y debemos “bajarle” a la confrontación que sólo pone gasolina a la hoguera e iniciar los diálogos y negociaciones. Los bancos saben que es una demanda justa y deben bajar sus comisiones y respetar el derechos de sus clientes. No lo hacen porque su estructura oligopólica les permite desafiar al Estado. Hacen falta buenos oficios negociadores para bajar los ánimos.

AMLO ofende a los pobres de este país al asegurar a los banqueros que sus utilidades y condiciones ventajosas no cambiarán en al menos tres años (la mitad de su mandato). Este compromiso es incoherente con la decisión de reducir la pobreza y dinamizar el desarrollo, justo porque los bancos provocan pérdidas de ingreso de los pobres por altas tarifas y ausencia de crédito productivo. Las comisiones son apenas la punta del iceberg; siguen las tasas de interés, el costo de la información crediticia, la vinculación de cobro de remesas a la oferta de electrodomésticos, las nuevas autorizaciones de instituciones financieras, el sobreendeudamiento. Como en el pasado, el Estado contruyó una red de carreteras, una red de telégrafos, de telefonía, de introducción de energía eléctrica. Hoy como ayer, para reducir las comisiones también necesitamos una supercarretera de pagos electrónicos públicos. Aumentar la presencia de la banca popular y aprobar una nueva reforma financiera, pero ahora popular.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.