La pandemia por Covid-19 en zonas rurales
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La pandemia por Covid-19 en zonas rurales

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La pandemia por Covid-19 en zonas rurales

14/07/2020
Actualización 14/07/2020 - 15:28

Aunque del mismo país, mexicanos en las ciudades y en comunidades rurales viven y sufren la pandemia de muy diferenciadas formas. Los pobres rurales siempre han vivido en condiciones de vulnerabilidad, que significa múltiples carencias y ausencia de derechos. A pesar los estragos de la pandemia, conservan miradas de esperanza en el futuro.

Las afectaciones económicas y la pérdida de empleos derivadas de la pandemia por Covid-19 tendrán como efecto ampliar y profundizar la pobreza (Coneval, Cepal, 2020) y ampliar la brecha de desigualdad entre el campo y la ciudad. No sólo falta y disminución de ingresos, inseguridad alimentaria de familias y cierre abrupto con incertidumbre de las fuentes posibles de ingreso. Mayor exclusión en múltiples ámbitos, además de la economía, la educación, la inclusión financiera, la información. Estructuralmente grave la exclusión digital.

Mientras las ciudades y grandes zonas urbanas del país han dado saltos gigantescos en pocos meses hacia el uso de tecnologías digitales en múltiples campos de la vida cotidiana: educación, servicios, banca, información y empleo en casa. La exclusión digital (telefonía celular y acceso a internet básicos) ha acentuado la vulnerabilidad de comunidades rurales, no sólo por falta de cobertura en clínicas y personal especializado, también y principalmente por falta de información adecuada/adaptada. ¿Qué hacer donde no hay agua corriente y teléfono para reportar tu caso? Ante la ausencia de clínicas y hospitales cercanos, ¿dónde hay clínicas que atiendan a personas que vienen de zonas rurales? ¿La medicina tradicional puede ayudar y hasta qué momento? Si alguien muere en la comunidad, ¿cómo saber si fue Covid-19? ¿Qué medidas tomar para aislar el posible contagio? Los niños rurales e indígenas no sólo no tienen acceso a internet, sino que es inimaginable una computadora en donde ni siquiera hay agua potable.

La eficacia del 'Quédate en casa' en zonas rurales fue lento y gradual; las comunidades rurales se cerraron poco a poco y la llegada del Covid-19 también fue tardía. Muchas personas regresaron de las grandes ciudades (CDMX, Monterrey, Guadalajara) o de los destinos de migración en EU a sus comunidades de origen. En marzo, al principio del confinamiento, no hubo reacciones de rechazo pero en la medida que el número de casos subió en el país y la información se expandió, las reacciones de autoprotección fueron múltiples y peligroso querer entrar a una comunidad si no eras vecino, o aún si lo eras y regresabas.

La medida de protección más extendida fue evitar circulación (entrada o salida) de personas. Los mercados locales y regionales se cerraron, así que el comercio rural se redujo o de plano se canceló, las ventas de carne, huevos, de hortalizas y legumbres, de tortillas, alimentos, de granos cayeron, se cerraron aún para los intercambios territoriales de proximidad. El espacio comunitario, aun con su estrechez, mostró la importancia de producir alimentos localmente. Para no hablar de la caída de ventas en artesanías y turismo, que tiene gran importancia en la composición del ingreso familiar. En el campo, los campesinos siguieron trabajando como siempre, no hay manera de parar el trabajo, si no se siembra, no se cosecha. Y en las mesas urbanas nunca faltaron alimentos.

El rol de autoridades locales ha sido determinante, sea por su ausencia y la falta de previsión, sea por la eficacia de los métodos tradicionales de usos y costumbres. Múltiples municipios rurales (en Chiapas y Guerrero) sin presencia de presidentes municipales evidenciando cuántos políticos buscan este puesto de elección popular, sólo como trampolín pero no viven donde deberían gobernar; otros, como ejemplo de civilidad y disciplina comunitaria (Oaxaca), poniendo ejemplo y dando seguridad a sus comunidades; cerrando con horarios, poniendo arcos sanitarios, controlando el paso de vehículos y personas, otros más cuidando el prestigio y seguridad de sus habitantes (Huasteca de Hidalgo); todos casos que demuestran la importancia de la cohesión social en tiempos de crisis. Un buen gobierno local puede ser tan eficaz como una clínica especializada.

Al 13 de julio, más de 90 por ciento de municipios en el país han tenido al menos una afectación, poco o nada se sabe de las comunidades indígenas; como de costumbre, la exclusión inicia por la no visibilidad en estadísticas ni información en lenguas locales. Los centros de contagio más importantes están en las grandes ciudades, pero los brotes y focos rurales no dejan de sorprender porque no hay una lógica de tamaño de población, tiempos o ubicación, es más errática e imprevisible. El pequeño municipio Chol de Tumbalá en Chiapas reportaba seis casos en marzo mientras otros de Oaxaca, hasta hoy tienen cero afectaciones.

Las remesas internacionales, siempre de soporte de los ingresos familiares, no sólo no disminuyeron, en marzo aumentaron más de 25 por ciento y en los siguientes meses aumentaron en menor proporción respecto al año anterior, pero no disminuyeron a pesar de la crisis masiva de empleo en EU. Las remesas siguen demostrando que son el seguro de ingreso para más de 10 millones de hogares. Los programas de reestructuración de deudas, igual que en zonas urbanas, son en su mayoría sólo diferimiento de deudas manteniendo costo del capital, pero dejaron al descubierto el sobreendeudamiento de los pobres en amplias zonas del país.

Los prestatarios rurales, lejos de evitar el pago de deudas, pidieron sólo diferirlas, han seguido pagando para cuidar fuentes de préstamos para la necesaria reactivación económica. Y las instituciones financieras locales han aumentado su captación de ahorros. El ahorro en sus múltiples modalidades como estrategia de administración de las crisis.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.