Cafetaleros y la desestructuracion organizativa del campo
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Cafetaleros y la desestructuracion organizativa del campo

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Cafetaleros y la desestructuracion organizativa del campo

28/05/2019

Tres décadas de neoliberalismo destruyeron economías y fragilizaron el tejido social en el campo. Lejos de permanecer pasivos, los pequeños productores de café, desarrollaron múltiples formas de resistencia económica y social. A la desaparición de Imecafé hace 28 años, algunos de ellos respondieron construyendo diversas organizaciones económicas territoriales, organizaron la comercialización y decidieron reorientar la producción convencional a café orgánico. El Padrón Nacional Cafetalero (Sagarpa, 2002) registró 486 mil pequeños productores de café cultivando 640 mil hectáreas. De este total, 220 mil registran comercialización y de éstos, 40 mil producen café orgánico certificado. En Chiapas encontramos la mayoría de éstas organizaciones.

El programa “Producción para el Bienestar-Café”, que anunciará el Presidente López Obrador el 30 de mayo en Coatepec, Veracruz, apoyará sólo 250 mil productores, con una transferencia única de cinco mil pesos anuales a cada uno, para un total 1,250 millones de pesos. Un trato asistencial y clientelar a un sector que ha logrado ser un ejemplo de organización empresarial. La individualización de los apoyos a pequeños productores de café es un pan envenenado para los pobres. No se puede rechazar porque alimenta un día, pero destruye y corroe las iniciativas de organización económica. Eso que costó treinta años construir. No se trata de democratización de los programas públicos sino de una política de desestructuración organizativa.

En el Sistema-Producto café de Chiapas existen 86,000 cafetaleros organizados. Entre organizaciones legalmente constituidas y grupos de trabajo hay 360 organizaciones. Este año en el estado se producirán 1.2 millones de quintales para un valor de 2,200 millones de pesos. La importancia de la cafeticultura es tan grande que en 88 municipios de 120 que existen en el estado se produce café, y tan sólo en el corte y procesamiento durante los tres meses de la cosecha se estima la generación de 14.4 millones jornales. Sin contar con los dedicados a la producción. Regiones enteras dependen de la productividad y el precio del café.

Producir café orgánico y comercializar en el mercado justo es un proceso complejo y tardado, requiere paciencia y formación de capacidades, asesoría técnica para en tres años, reconvertir parcelas, eliminar insumos químicos, introducir prácticas ambientales; procesar el café cereza para transformarlo en pergamino, comercializar y mantener la organización frente a las crisis (roya y precios). De la certificación de miles de predios y la supervisión de prácticas productivas adecuadas cada año depende la calidad del grano y el precio final. Eso se hace con organización de inspectores dentro de cada comunidad. Los inspectores requieren capacitación y certificación. Y lo están haciendo, los sellos de USDA-ORGANIC, FAIR TRADE, NATURLINE, OCEAN, JAS, para mercados de Europa, Estados Unidos y Asia, lo testifican.

En los últimos cuatro años, los productores de café han pedido por partida doble: en reducción de productividad por la crisis de la roya y por precio con la caída de los precios internacionales (originada por la sobreproducción mundial de 8 millones de sacos). Y las pérdidas se han sufrido en forma acumulada: En 2016, la roya provocó la caída en un 60% de la producción nacional al pasar de 4.4 a 1.8 millones de quintales; en 2017 se tuvo una leve recuperación y en 2018-2019 gracias al trabajo de los productores, se ha logrado la recuperación de casi 80% de la producción (3.8 millones de sacos). Pero, en este mismo ciclo el precio internacional cayó para situarse 25% por debajo del costo de producción. Con la pérdida productiva acumulada y la pérdida por precios, la situación económica de las familias cafetaleras es tremendamente desesperada.

A una crisis estructural que requiere reorientar estrategias productivas (renovar cafetales, investigación científica para nuevas variedades, innovaciones productivas) y de mercado, como reorientar las exportaciones para cubrir el creciente mercado nacional el gobierno responde con un apoyo de 5 mil pesos individualizados. Ridículo e inquietante.

El diseño del “Programa Producción para el Bienestar-Café” revela al menos tres cosas: a) el menosprecio a los esfuerzos de resistencia organizada que tanto trabajo ha costado construir; b) la carencia de una estrategia efectiva del actual gobierno para sacar de la pobreza y desarrollar al sector café; y c) un proyecto político de desestructuración organizativa.

Si todo lo anterior no fuera suficiente, el contexto institucional destruye cualquier iniciativa de diálogo para cambiar la situación: el programa de café ha sido escenario de una despiadada lucha de poder por la conducción de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Entre un Secretario boicoteado desde dentro y un Subsecretario que impone la individualización de apoyos para demostrar “quién manda aquí”. La cafeticultura y su problemática estructural es lo que menos importa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.