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Formas de la justicia en la pretensión social

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Formas de la justicia en la pretensión social

20/08/2018
Actualización 20/08/2018 - 12:34

Durante el transcurso de la semana pasada, pudimos observar en el orbe mundial diversas notas periodísticas que hablaban sobre uno de los más grandes fenómenos de la actualidad en el contexto internacional que es la migración.

Una de estas importantes notas fue sobre el desembarque del buque “Aquarius” en las costas de Malta, con más de 141 personas procedentes de Camerún, Ghana, Costa de Marfil, Egipto, Bangladesh, las cuales serían repartidas por la Unión Europea en cinco países, a fin de pretender resolver la problemática de los migrantes que se encuentran desprotegidos.

Asimismo, fuimos testigos de la negativa del gobierno italiano a recibirlos en sus costas, lo cual también constituye una de las formas de atención del problema por parte de un gobierno que cierra sus fronteras, sin abonar a la solución y deshumanizarse de las acciones, determinando cerrar sus puertos a cualquier embarcación que trasladara migrantes.

El mismo buque, en meses pasados, había desembarcado a 630 migrantes en el puerto español de Valencia, en donde también se tuvo un segundo caso en España, donde su salvamento marítimo rescató a más de 524 inmigrantes de 12 embarcaciones pequeñas conocidas como “pateras” en el Estrecho de Gibraltar.

Además, en la frontera con Estados Unidos, una niña fue devuelta a sus padres de origen centroamericano, después de haber permanecido cautiva y retenida por las autoridades migratorias de aquel país durante más de 300 días, todo ello aunado a los cientos de migrantes mexicanos y centroamericanos que, al intentar cruzar la frontera ante la expectativa de mejora, ponen en riesgo sus vidas.

El fenómeno de la migración es uno de los más claros ejemplos de la insatisfacción que tienen las poblaciones de cualquier país en sus necesidades básicas; si recordamos que un Estado se compone de un territorio, su población y su gobierno, entenderemos que muchos de los gobiernos que dan origen a las causas de la migración no han procurado actuar con justicia ante sus poblaciones, ya que, para las poblaciones mundiales de migrantes, existe un común denominador, que es la falta de obtención de sus pretensiones en el Estado o país de su origen, sean criterios de orden económico, laboral, de desarrollo, de seguridad, asistenciales, de salud, de seguridad social, educativo, o de cualquier causa y origen.

Pero la gran pregunta es qué han hecho los gobiernos de esos países para satisfacer las necesidades de su población y con ello inhibir el flujo migratorio. Es ahí que encontraremos el desvió de la pretensión de la justicia, como eje que da origen a las causas de la decisión del migrante.

En este contexto, debemos entender a la justicia como lo consideraba el derecho romano clásico, de dar a cada quien lo que le corresponde, si ampliamos el concepto a la justicia social y a la justicia distributiva, real, lejana a los proyectos y programas sectoriales o beneficios hacia los órdenes más desprotegidos, cambiando la antigua fórmula de crear estados de bienestar, falibles, desde el punto de vista que generen beneficios eventuales, sin promover el desarrollo y la incorporación de las estrategias, y ciclos económicos a la totalidad de los sectores de la población, incluyendo también con ella la justicia redistributiva para quienes infringen la ley y se obliguen también de manera efectiva a garantizar la correcta reparación del daño de la víctima. Revirtiendo con ello factores de inequidad y temores.

En un modelo global económico como el que rige el día de hoy en el contexto mundial, es necesario fortalecer espacios productivos, es necesario invertir también en la población y su desarrollo de manera formal y no efímera.

Hoy el modelo aristotélico de justicia distributiva tiene que incorporarse a los contextos económicos y conceptos mundiales que permitan a las poblaciones obtener beneficios en cualquier frontera o Estado, con garantías del cumplimiento de su pretensión, pero con la solvencia de gobiernos, en cuyas estructuras prevalezca el concepto de justicia distributiva y la indivisible concepción del bien común.

Sólo así se podrán generar las condiciones para inhibir la aspiración del flujo migratorio, bajo la lógica de que los factores morales y materiales que confluyen en una mayor y mejor aspiración social deben ser el cauce y el motor de las instituciones.

En el fenómeno migratorio, niños, mujeres y hombres sufren grandes y graves vejaciones, estados de inanición, insolación e inclemencias del clima, así como malos tratos y humillaciones, en donde solamente existe la voluntad férrea por la búsqueda de encontrar algo mejor; paradójicamente en muchos de los casos, sin garantías económicas o salariales, mucho menos laborales o de goce y disfrute de algún derecho.

¿No habrá acaso un Estado que pueda encauzar esa férrea voluntad de los migrantes? Quienes pretenden hacerlo deben generar condiciones de desarrollo y expectativas de beneficio a esos estoicos seres humanos de férrea voluntad, para propiciarles integrarse con el mismo ahínco a sus Estados y países, con la misma expectativa de mejora. ¿O es que acaso tal circunstancia ha vuelto lo dramático tan común y ordinario, que se vuelve simplemente en el reflejo del día a día sin la pretensión de solución?

Es hoy, pues, un gran reto para los gobiernos que conforman un Estado, brindar y satisfacer la pretensión de justicia, ya sea social, distributiva o redistributiva en todas sus formas y expresiones, y hacerla parte de un día a día en la vida de los sectores sociales y de toda la sociedad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.