'Fake news' en las Islas Marías
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'Fake news' en las Islas Marías

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'Fake news' en las Islas Marías

05/04/2019
Actualización 05/04/2019 - 14:42

Hace unos siete años que tuve la oportunidad de conocer las Islas Marías. Al llegar, desde el aire, aquello se veía realmente bien, unos macizos de tierra rodeados de océano que invitaban a bajar por su belleza.

Aterrizamos en un avión de la Policía Federal y con esa imagen en los ojos tocamos tierra, pero la realidad se nos apareció de inmediato: aquel bonito paisaje no era un centro vacacional, sino una cárcel, la más famosa de México, y en unos instantes miramos que la aeronave era rodeada por marinos fuertemente armados, cuya actitud parecía algo hostil o, por lo menos, nerviosa y expectante.

Bajamos y no nos recibieron muy bien. Preguntaron qué hacíamos ahí y contestamos con otra pregunta: “¿Qué nos les avisaron que veníamos?”. Y la respuesta fue “no”.

Casi quedamos en calidad de detenidos mientras uno de los marinos con mando desaparecía para llamar por teléfono a alguien que, afortunadamente, le confirmó que nuestro arribo estaba autorizado y que las autoridades civiles del penal nos esperaban.

La duda de por qué no estaban al tanto de nuestra llegada se disipó muy pronto: ese día era primero de mayo y, obvio, día de asueto; luego entonces, quien recibió el oficio avisando de nuestra visita no lo pasaría sino hasta el día siguiente o, simplemente, nadie lo recibió por estar la oficina vacía.

De las primeras cosas que hicimos esa mañana fue un recorrido por la Isla Madre, sobre una carretera costera que todo el tiempo nos permitía mirar la playa y el mar. Nos detuvimos en algunos sitios espectaculares, con arenas verdaderamente vírgenes y paisajes hermosos. Preguntamos por qué nadie nadaba en esas aguas y la respuesta fue simple: porque está prohibido pisar la playa. Y para que no quedara duda, nos platicaron que un día antes, el 30 de abril, habían celebrado el Día del Niño, organizando una fiesta en una casa con alberca con los hijos de los trabajadores del lugar, porque también a los pequeños les estaba prohibido ir a la playa. La razón de esto era fácil de entender: por los intentos de fuga.

Ese día pensé que las Islas Marías bien podrán ser un destino turístico, porque la belleza natural y el buen clima ya los tenía. Tal vez por eso no me sorprendí cuando hace unas semanas el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que el sitio dejaría de ser una cárcel, para convertirse en un parque recreativo donde los niños y jóvenes alojándose en campamentos puedan convivir con la naturaleza que, insisto, en esas islas es seductora.

Sin embargo, este anuncio también sirvió para la difusión de noticias falsas, ya que pronto corrió en redes sociales la versión de que el Grupo Vidanta, del empresario Daniel Chávez, construiría en el lugar un gran desarrollo turístico, con hoteles en la playa.

¿Por qué elegir a Chávez para hacerlo protagonista de esta falsa historia? Supongo que porque él es uno de los tres empresarios asesores en materia turística del presidente de la República.

La versión fue creciendo en los últimos días, por lo que ayer Grupo Vidanta desmintió públicamente esta versión pirata. “Deseamos hacer del conocimiento de la opinión pública, que recientemente han estado circulando notas en prensa y en redes sociales con información incorrecta, afirmando que Grupo Vidanta anunció la construcción de un desarrollo turístico de lujo o que proyecta invertir en un complejo turístico en las Islas Marías”, explica el texto.

Y añade que la construcción de un proyecto en las Islas Marías jamás ha estado en su programa de inversión, ya que la empresa está enfocada en la construcción de hoteles, parques y atracciones en los destinos turísticos en los que ya opera. Por lo tanto, sostiene: “Es absolutamente falso que hayamos anunciado, o que estemos planeando, la construcción de un desarrollo turístico en las Islas Marías”, afirma categórico el desplegado que pagaron en varios periódicos.

Las fake news están a la orden del día, lo cual no le quita su belleza a esas islas que a partir del mes pasado, con el cierre de su rostro penitenciario, comenzaron a escribir una nueva historia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.