Cancún, 50 años
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Cancún, 50 años

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Cancún, 50 años

01/05/2020
Actualización 01/05/2020 - 14:59

Inmóvil, silenciosa y con las luces apagadas, hace unos días Cancún cumplió cincuenta años de existencia, pero no pudo celebrarlo, atrapada por la garra inmensa que detuvo al mundo como quien hace girar un globo terráqueo de escritorio y luego lo para en seco con la mano.

Triste y paradójico. Porque Cancún es todo lo contrario: acción, música y mucha luz tanto de día como de noche. Es fiesta permanente.

Pero ahora, en medio de este confinamiento que vivimos desde hace semanas, podemos darnos un espacio para entender qué es Cancún, más allá de destacar como el destino turístico más importante de México y uno de los más famosos a nivel mundial.

Desde su construcción, muchos libros se han escrito sobre esta ciudad que técnicamente se concibió como lo que se denomina Centro Integralmente Planeado (CIP), es decir, una urbe que no se desarrolló espontáneamente, sino que fue concebida, diseñada y edificada con un fin específico: el entretenimiento.

Uno de los libros fundamentales que dan testimonio de los inicios y crecimiento de esta ciudad, se llama Cancún, el paraíso inventado, escrito por el periodista Fernando Martí Brito, quien además es desde hace años el cronista de esta metrópoli, y publicado en 1998, al menos la segunda edición que es la que yo tengo.

Uno de sus capítulos inicia con información básica, fundamental para entender el diseño del complejo turístico, pero que no mucha gente sabe: Cancún es una isla, aunque con sus peculiaridades.

“Técnicamente, Cancún es una isla. Como tal, se ajusta sin dificultad a la definición clásica de los manuales de geografía: porción de tierra completamente rodeada por agua.

“Pero ahí acaban las semejanzas entre Cancún y las islas convencionales. Para empezar, Cancún tiene una silueta poco común: un caprichoso 7, que de punta a punta mide poco menos de 19 kilómetros, mientras de ancho apenas llega a 200 metros. Entonces, casi desde cualquier punto de la isla se aprecian sin dificultad sus dos litorales.

“Ahora bien, el carácter excepcional de Cancún está determinado, precisamente, por esos dos litorales, porque uno pertenece al Mar Caribe, mientras el otro corresponde a un sistema lacustre formado por tres cuerpos de agua: la laguna Nichupté y sus dos apéndices, Bojórquez y del Inglés.

“Esa doble vecindad es posible porque la isla de Cancún está prácticamente pegada al macizo continental. A decir verdad, apenas unos metros la separan del resto de México…”

Otro libro relevante sobre el tema lo publicó Fonatur en 1999. Los 25 años del Fondo Nacional de Fomento al Turismo se llama y es más amplio, ya que no únicamente narra la historia de Cancún, sino de los cinco CIP que se construyeron a partir de la década de los 70 del siglo pasado, para lo cual el gobierno creó precisamente a Fonatur.

Más específico, afirma que la distancia que había entre la isla y el macizo continental era de apenas unos cincuenta metros. Y lo primero que se construyó fue un puente que los uniera, para que pudieran acceder los trabajadores y la maquinaria necesaria.

Además, se le eligió porque, aparte de la belleza de sus playas, tenía condiciones climáticas muy propicias, con 243 días despejados durante el año y una temperatura promedio de 24.7 grados Celsius.

Otro dato curioso es la inversión inicial, que hoy puede sonar risible. Para construir su infraestructura urbana el monto de recursos que se le inyectó fue de treinta millones de pesos, de un presupuesto total calculado en 200 millones. Y para fondear el proyecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorgó al gobierno mexicano un crédito por 21 millones 500 mil dólares. Eso fue en septiembre de 1971 y a mediados del año siguiente se colocó la primera piedra del que sería el primer hotel en Cancún.

Alguna vez, Jesús Silva Herzog contó que, para conseguir el préstamo vinieron funcionarios del BID a conocer el lugar. Y mientras recorrían en lancha la laguna cayó un terrible aguacero que los enfermó. Como también negociaban otro crédito con fines agropecuarios, días después los llevaron a Tabasco, donde todo el tiempo brilló un sol maravilloso. “¿Oiga, por qué mejor no hacen aquí en Villahermosa el desarrollo turístico y se llevan el ganado para Cancún?”, sugirieron los banqueros. Por fortuna no fue así. Y hoy Cancún cumplió medio siglo de vida, en medio de otra tormenta, la cual amainará y entonces podrán encender las velitas del pastel y cantarle Las Mañanitas. Seguro que la fiesta será inolvidable.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.