Puede ganar López Obrador
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Puede ganar López Obrador

25/01/2018
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AMLO
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Lo que estaremos votando el próximo 1 de julio es la renovación de la clase política, proceso que de seguirse conforme a mínimos de decencia democrática, pondría en competencia efectiva a Ricardo Anaya y a Andrés Manuel López Obrador.

La remoción del PRI en el poder político del país es, me parece, ineludible por la crisis de credibilidad en que ha colocado no sólo al gobierno sino a todas las instituciones del Estado. Como nunca, nadie cree en nadie, y menos en alguna autoridad de cualquier instancia.

Los negativos del sexenio que encabeza Peña Nieto derramaron el vaso de los excesos que han cometido los gobiernos del PRI y del PAN durante las últimas décadas, los cuales se encuadran entre el desmantelamiento del Estado benefactor y el libertinaje de los poderosos que propicia el neoliberalismo.

Contra el proteccionismo comercial externo, contra la rectoría económica del Estado y en contra también del nacionalismo defensivo ante Estados Unidos que representó el PRI durante décadas, de pronto, bajo el gobierno de Carlos Salinas de Gortari se impuso un proyecto económico de libre comercio, uno político de Estado mínimo y la política exterior de principios se dedicó a lograr la integración con la economía de Estados Unidos como factor impulsor de la reconversión industrial del país.

Ese proyecto trajo consigo cambios adversos; los 'tecnócratas'  ocuparon cargos de decisión, se perdieron sectores estratégicos como el financiero y el energético, se redujeron las oportunidades de empleo y movilidad en la escala social, algunas fortunas se hicieron mayores, las desigualdades crecieron y la mitad de los mexicanos sigue en la pobreza.

La idiosincrasia del gobierno cambió también: por una parte se asumió como necesidad la de comportarnos política y económicamente como una sociedad moderna, democrática y liberal, pero por el otro se cargó a las instituciones -copiadas desde el siglo XIX de Estados Unidos y Francia- con las costumbres patrimonialistas de los políticos.

El resultado son estructuras duales, en las que uno es el país legal, el de las apariencias y de los discursos oficiales, y otro es el país de las necesidades insatisfechas de la población: certezas en el futuro, bienestar y seguridad.

Para hacerse obedecer, la clase política debe lograr que su poder de hecho parezca una consecuencia necesaria de problemas reconocidos en la sociedad y que ésta crea y acepte las soluciones en juego.

La incertidumbre, la desconfianza en el gobierno, la inseguridad, la precariedad de los empleos y de la economía familiar de la mayoría de las familias mexicanas han roto ese entendimiento entre el Estado y la sociedad; por eso es necesaria la renovación de la clase política, que sería paulatino, a modo del poder -con todas sus lacras- si Ricardo Anaya es presidente.

Si López Obrador no se mete con la propiedad y favorece el mejor funcionamiento de los mercados, como sugiere su experiencia de gobierno, representaría cambios necesarios como el control de la corrupción y una mayor equidad social.

Su ámbito de acción sería, como el de toda la izquierda, la distribución de los recursos públicos, no la afectación de la propiedad privada.

http://estadoysociedad.com

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.