Primero los pobres… ¿y nadie más?
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Primero los pobres… ¿y nadie más?

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Primero los pobres… ¿y nadie más?

09/07/2020
Actualización 09/07/2020 - 13:08

Primero los pobres… sí, pero la 4T debe ir más allá; programas en su mayoría asistenciales, otros de apoyo a capacitación y mejores prácticas productivas, son claramente insuficientes para sacar de la pobreza a los mexicanos que la padecen y menos sirven para atemperar las desigualdades.

Sin el concurso de la clase media, a la que pertenece el empresario promedio en México, no habrá transformación alguna, sino al contrario, regresiones; el gobierno tiene que reconocer que entre el empresariado también hay estratos y que el presidente ha cometido el error de referirse a los empresarios en general como élite conservadora, que ha hecho dinero por influencias y corrupción en complicidad con el poder político.

Aunque eso ha ocurrido, la gran mayoría de los empresarios mexicanos son víctimas de ese 'capitalismo de cuates', de esa forma de hacer negocios que los pone en gran desventaja y los deja fuera de competencia por los mercados; con ese empresariado pequeño, mediano y grande, el gobierno debería alinear desde agendas hasta programas y acciones.

Ante la brutal recesión económica en que estamos, no va a funcionar la amlonomics, según la cual los empleos que se necesitan se generarán por el estímulo que ejerza el mayor poder de compra de los pobres en el crecimiento de las inversiones productivas; aparte de insuficiente, ese mayor poder de compra podrá optar por productos chinos -o de cualquier otro origen- en una de las economías más abiertas del mundo como es la nuestra.

Otro elemento de la amloconomics para asegurar un buen futuro es el T-MEC, que no le gusta a los grandes empresarios porque fue impulsado por Trump para restarle a México el atractivo de sus bajos costos ambientales y, sobre todo, laborales, con la intención de que las inversiones estadounidenses en México regresen a Estados Unidos, o por lo menos dejen de venir.

El discurso de López Obrador después de dialogar en privado con Trump, le recuerda al presidente del América first que el mejor futuro está en consolidar la integración ya existente entre las tres economías para asegurar una posición regional, no nacional, en la economía global.

Desde la perspectiva de López Obrador, el T-MEC podría convertirse en instrumento para esa integración; destacó que el contenido de valor laboral de las exportaciones entre los tres países tiene que ser igual, para lo cual se pactó una fórmula de cálculo aplicable por lo pronto, a la industria automotriz.

Al sector del empresariado más grande y poderoso le preocupa que de generalizarse la fórmula laboral del sector automotor a otras ramas y si los trabajadores tienen mayor libertad para organizarse y mayor poder para acordar colectivamente salarios y prestaciones, la economía nacional perdería competitividad.

De ese sector acompañaron al presidente a Washington integrantes del Consejo Mexicano de Negocios y del Consejo Coordinador Empresarial, pero ninguno que represente a los grandes, medianos y pequeños empresarios mexicanos cuya actividad está estructurada para servir al mercado interno, a quienes podría interesarles que no se sigan pagando en México los salarios más bajos de la OCDE y que las mayores empresas dejen de eludir y evadir impuestos, para que el gobierno pueda ofrecer mejores servicios públicos y toda población tenga más dinero en su bolsa para consumir.

Ese sería un verdadero vuelco transformador de la economía y la política mexicana, pero es difícil de imaginar, aún como utopía, sin la activa participación de las clases medias, a las que pertenece el 98 por ciento de las empresas mexicanas, las que no dependen de importar el 79 por ciento de sus insumos para producir lo que exportan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.