Los tres son buenos candidatos
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Los tres son buenos candidatos

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Los tres son buenos candidatos

08/02/2018
Actualización 08/02/2018 - 11:26

Parte de las conversaciones con personas informadas acerca de las próximas elecciones presidenciales terminan con un consabido 'ni a cuál irle' de los tres aspirantes principales; mucha gente los considera muy malos a los tres. Estoy convencido de que la caballada no está tan flaca y de que José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador son mejores que sus respectivos predecesores.

Meade tiene una mejor preparación técnica que Peña Nieto; su personalidad no improvisaría visitas como la de Trump en agosto de 2016, ni hubiera permitido que aquel dirigiera el encuentro haciéndolo a un lado. Su atractivo para quienes están en el poder es que seguiría impulsando el proyecto económico de libre comercio, Estado mínimo e integración con la economía de Estados Unidos; con él no habría cambios ni en la composición de la clase política -muy desprestigiada por su corrupción, que si acaso se haría más discreta- ni en el rumbo económico ni político del país.

Ricardo Anaya es sin duda más inteligente y culto que Vicente Fox, y también que Felipe Calderón, muy enterado el michoacano de la historia y doctrina del PAN y poco de la idiosincrasia y aspiraciones sociales de los mexicanos. Anaya tiene visión de país, y eso lo aventaja sobre los dos panistas que han sido presidentes; su énfasis estaría más en actualizar el régimen político que en impulsar un desarrollo económico con equidad social. Por otra parte, no hay que olvidar que a los panistas les gusta hacer negocios y no ven mal que se combinen con el poder político y la administración pública.

A López Obrador no le preceden presidentes de su partido que hubieran hecho política desde la consideración de que el Estado no sólo está para proteger la propiedad y garantizar la libertad económica, sino también para fomentar actividades clave y asegurar el bienestar social, asunto primordial en un país con tantas desigualdades y donde la mitad de la población vive en la pobreza.

No hay en las últimas décadas la experiencia de una política nacional que hubiera privilegiado el desarrollo interno y el fomento público a sectores estratégicos de la planta productiva privada, con la mira puesta en elevar el bienestar social. El paso de López Obrador por el gobierno de la ciudad de México es la referencia que permite, a quien quiera verlo, que no tiene nada que lo identifique con el populismo de Maduro en Venezuela, que es caótico por haberse roto los balances macroeconómicos. Con López Obrador sí veríamos cambios en la composición de la clase política, en la identificación de ésta con la sociedad que hacen mucha falta y un freno a la corrupción; aunque numerosos empresarios mexicanos se están sumando a su candidatura, el extremo populismo de derecha de Trump querría bloquearlo. El capítulo de política exterior está casi ausente en la plataforma de López Obrador. El riesgo con él no es económico ni social, sino la intolerancia que volvió a exhibir al denostar a Jesús Silva Herzog Márquez, a Enrique Krauze y otros intelectuales porque lo critican.

http://estadoysociedad.com

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.