Las prioridades de inversión cuentan
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Las prioridades de inversión cuentan

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Las prioridades de inversión cuentan

11/04/2019
Actualización 11/04/2019 - 14:24

El gobierno de López Obrador se ha comprometido con un manejo disciplinado del déficit y del endeudamiento público, y a no elevar impuestos ni crear nuevos, cosa que ha cumplido hasta ahora, aunque a costa de hacer recortes al gasto y a riesgo de comprometer el crecimiento económico.

Mientras sigan detenidas las inversiones públicas y privadas, mientras no repunten el crecimiento económico y la renta petrolera, y no haya una reforma fiscal, la hacienda pública seguirá acrecentando sus faltantes y una de dos: obligará a una austeridad improductiva, o a romper la estabilidad macroeconómica; las dos opciones son indeseables.

La tercera opción es una estrategia de desarrollo que se distinga del neoliberalismo, es decir, que privilegie el crecimiento en vez de la estabilidad, sin caer en la indisciplina; que revierta la caída de la inversión pública en infraestructura, que fomente la formación de cadenas de valor agropecuarias e industriales y que asuma una política de comercio exterior menos liberal -selectivamente proteccionista-, como hace todo el mundo.

Lo primero es no aceptar la austeridad franciscana, sino acertar en el uso de recursos escasos; por ejemplo, en vez de usar 140 mil millones de pesos del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestales para prepagar vencimientos de la deuda de Pemex, convendría renegociarlos (aunque a mayores intereses) y utilizar ese dinero para acrecentar la declinante capacidad de extracción de Pemex.

La renta petrolera de este 2019 está calculada con base en la extracción de 1.9 millones de barriles por día, pero el déficit varía alrededor de 200 mil barriles diarios. La baja extracción genera menores ingresos públicos y es la razón de la baja calificación de la deuda de Pemex; lo que importa no es tanto cuánto debe, sino cuánto ingresa.

Pemex necesita elevar sus reservas probadas y la extracción de crudo, así como recuperar capacidad de refinación; en otras palabras, necesita inversiones en pozos y para reparar las seis refinerías abandonadas en su mantenimiento durante décadas, antes que invertir 160 mil millones de pesos en construir una nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco.

Lo más urgente es recuperar el crecimiento para lo cual, las prioridades del gasto público, además de su incidencia económica, son señales que abonan a la confianza de los verdaderos inversionistas privados, en la medida en que sean viables y coherentes; no lo parecen tampoco, el aeropuerto en Santa Lucía, el plan de desarrollo del corredor transístmico, ni el tren maya, aunque faltan estudios técnicos sobre estos proyectos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.