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Corrupción

29/08/2019
Actualización 29/08/2019 - 14:34

Todos sabíamos que la corrupción en México había llegado demasiado lejos durante los gobiernos panistas y el de Peña Nieto, pero lo que se va revelando supera los peores escenarios imaginados. Quienes no se atienen a dichos sino a hechos, son los empresarios que no están en esa jugada.

El nuevo escándalo son las revelaciones del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto, acerca de una red de extorsión presuntamente dirigida por el exconsejero jurídico de la presidencia de Peña Nieto, Humberto Castillejos. La noticia la dio el portal de Aristegui noticias el martes.

De probarse jurídicamente, se sabría por qué, siendo nuestra hacienda pública muy pobre, se les estuvo perdonando miles de millones de pesos del pago de impuestos a un selecto grupo de causantes.

Se sabe que durante los gobiernos de Calderón y de Peña se condonaron 1.7 billones de pesos a algunas empresas o empresarios; el SAT, que dirige Margarita Ríos, no ha dicho cuáles o quiénes son.

Seguramente no son muchos los que fueron favorecidos. Nieto también se refirió al descongelamiento irregular de más de 700 cuentas bancarias, algunas de las cuales podrían pertenecer al Cártel de Sinaloa.

Quienes así actuaron dentro del gobierno anterior, no sólo se robaron dinero, sino las bases del desarrollo del país; es inmenso el daño que le han causado en desconfianza institucional a la nación.

Desde la perspectiva de quienes toman decisiones de inversión productiva, y tienen que pagar impuestos y demás tarifas a que están todos obligados, no pueden dejar de considerar la ventaja desleal en competitividad que han tenido unas cuantas empresas participantes en la red de corrupción. Hace décadas que no crece la formación bruta de capital al ritmo que debería.

En mayo de 2016, cuando era presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón lo dijo con toda claridad: “En los índices y ranking internacionales, los factores más problemáticos para hacer negocios son, consistentemente, corrupción, ineficiencia burocrática y crimen. La vulnerabilidad de la competitividad reside en las instituciones del Estado de derecho: estamos entre los países con peor evaluación en el mundo en desviación de fondos públicos o fiabilidad de las policías”.

Por supuesto que el gobierno de entonces no hizo el menor caso; la Coparmex, por su parte, pedía la presencia de organismos internacionales en la discusión para armar el sistema nacional anticorrupción, una pifia más.

El empresariado, como todo mundo, estaba harto y temeroso del alcance que tenía la corrupción y la consecuente ineficacia del Estado de derecho y de las instituciones encargadas de hacerlo valer.

Si todo avanza como hasta ahora en el combate a la corrupción (ya están personajes muy importantes vinculados a proceso, como el abogado Juan Collado) y se desarticula la red de corrupción que armó la 'modernidad' neoliberal desde el gobierno salinista, podrá ir mejorando la confianza en las señales del gobierno en favor de las inversiones privadas como motor del crecimiento.

También el sector privado ha enviado respuestas positivas al gobierno: la inversión extranjera directa -la que se invierte en activos productivos, creció 1.5 por cuento durante el primer semestre de este año con respecto al del año pasado; falta una respuesta semejante del capital nacional, que sigue expectante de las señales de la 4T, pero con acercamientos que pueden ser fructíferos.

Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), y Antonio del Valle, dirigente del Consejo Mexicano de Negocios ayudaron al gobierno a negociar con las empresas constructoras de gasoductos, la rehechura de contratos; en el anuncio de la solución alcanzada, durante la mañanera del martes, Carlos Slim dijo que hay condiciones para que el dinero fluya hacia los programas de inversión, tanto de parte de inversionistas como en la banca. “Estoy convencido de que vamos a crecer bien y pronto”, aseguró.

Entre quienes no quieren ver nada positivo de la 4T, sólo las inconsistencias, que las hay, no faltó quien ofendiera a Slim acusándolo de sumisión abyecta a López Obrador. Ciertamente, el ingeniero, igual que Alfredo Harp Helú, quien en días pasados se expresó en términos semejantes, han tenido mayor cercanía con López Obrador que otros grandes empresarios, lo que no los hace sumisos, sino quizá más confiados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.