Centroamérica no empieza en el Istmo
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Centroamérica no empieza en el Istmo

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Centroamérica no empieza en el Istmo

02/04/2019
Actualización 02/04/2019 - 13:14

Los cercos migratorios los establecen los países en el límite de su territorio, asiento de su soberanía; el de México no termina en el istmo de Tehuantepec, que es donde López Obrador se comprometió con Trump a frenar las caravanas migratorias de centroamericanos para que no se acerquen a Estados Unidos.

Ese habría sido el compromiso mayor de López Obrador ante las amenazas de Trump de cerrar la frontera y cancelar la entrada en vigor del T-MEC, si su gobierno no detiene la migración centroamericana.

El hecho es que el 27 de marzo la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero anunció, después de reunirse en Miami con su homóloga estadounidense, Kirstjen Nielsen, que miles de agentes federales intentarían detener las caravanas migratorias en una línea que va de Salina Cruz a Coatzacoalcos.

“Vamos a ubicar nosotros las instalaciones migratorias, de Policía Federal, de Protección Civil y, armónicamente y con colaboración entre todas las instancias del gobierno federal, de tal suerte que tengamos la contención en el istmo de Tehuantepec”.

Son miles de migrantes los que están entrando cada mes a México para llegar a EUA. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de ese país detuvo a 66 mil 450 indocumentados en febrero y estima que habrá hecho cerca de 100 mil detenciones en marzo.

Son cifras cuatro o cinco veces mayores que las de hace un año, que el gobierno de Trump atribuye a la facilitación de visas de trabajo a centroamericanos que ofreció López Obrador como parte de su apuesta por el desarrollo de la región.

Esas visas se cambiaron a fines de enero por permisos que solo permiten al migrante radicar y trabajar en el sur de México.

Como si esa parte de nuestro país fuera centroamericana.

Trasladar al istmo de Tehuantepec el filtro migratorio de más un millón de personas que podría entrar este año sin documentos, y que al llegar a ese punto habrán transitado libremente varios cientos de kilómetros dentro de nuestro territorio, conlleva peligros enormes para México.

Si no se les deporta ni se les deja cruzar el istmo, cientos de miles de ellos optarían por establecerse en Chiapas, el sur de Veracruz o de Oaxaca, regiones con enormes necesidades y pobreza a las que no pueden aportar nada más que sus propias necesidades y urgencias.

Son zonas en las que además la delincuencia organizada ha establecido algunos bastiones y como ha sucedido en otras regiones, tendría una enorme reserva de jóvenes a los que puede tener más que ofrecerles que el anunciado plan del gobierno de desarrollar el corredor transístmico.

Por otra parte, Sánchez Cordero informó que Estados Unidos 'sólo' aportará al plan para contener las caravanas de migrantes, tecnología e 'inteligencia', o sea, policías o militares que responderán por sus actos y resultados, obviamente, a su gobierno antes que al nuestro.

La presencia de agentes estadounidenses en esa nueva e insólita línea fronteriza con Centroamérica, se justifica como ayuda para detectar promotores de las caravanas y personas que tengan antecedentes penales, o estén involucradas con el crimen organizado.

Sellar el istmo de Tehuantepec para cumplirle a Trump la promesa de detener ahí la migración de Honduras, El Salvador y Guatemala, es una partición de nuestro territorio que nos dejará mucho que lamentar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.