Contracorriente

La verdad dejó de ser necesaria

Los medios de comunicación, convertidos en oposición cuando López Obrador llegó a la Presidencia, están dedicados a atizar el miedo y a negar cualquier beneficio social generado por la 4T.

En México los medios de comunicación han pasado por una primera transformación (1T): la de estar al servicio del poder en turno (PRI o PAN o PRIAN)- para convertirse, masivamente -con algunas excepciones-, en oposición tras la llegada de López Obrador a la presidencia de la República.

Cierto, nada más llegó el presidente a su despacho y redujo a un tercio el presupuesto de propaganda política, pero además, lo más importante, fue que estableció, con las mañaneras, la agenda de la conversación pública que antes dirigían los López Dóriga o los Loret.

La mayor parte de la prensa, las concesionarias de radio y televisión y comentaristas que fueron cortesanos del poder, hasta que les dieron con la puerta en las narices -Aguilar Camín, por ejemplo-, son los que realmente están destruyendo uno de los pilares de la democracia.

Lo están haciendo al corromper la misión de los medios de comunicación; predominan los que no cumplen con explicar la realidad con datos y argumentos veraces, ni les interesa contribuir a que quienes viven en ella la comprendan mejor, le tengan menos miedo y vean con mayor confianza a todos los demás.

Por el contrario, los medios de comunicación convertidos en oposición, están dedicados a atizar el miedo y a negar cualquier beneficio social generado por la 4T, como sí lo reconocen las mayorías que manifiestan en las encuestas que votarán por la continuidad. Lo hará gente que nunca ha tenido privilegio alguno y que por primera vez identifica sus anhelos y expectativas en la narrativa y en acciones presidenciales.

Sin embargo, este proceso electoral no ha terminado. Ojalá que los medios convertidos en oposición se limitaran, durante las campañas electorales en proceso, a sólo repetir los ataques al gobierno por lo que no hizo, aunque no reconozcan que hoy hay mejores posibilidades de avanzar en esos frentes: inseguridad, corrupción, desigualdad, pobreza, infraestructura.

El asunto es que además, el PRIAN y su candidata Xóchitl Gálvez están enfrascados en una guerra sucia contra el gobierno y Claudia Sheinbaum; en una emisión de La Hora de Opinar, del 6 de marzo pasado, Jorge Castañeda dijo que el manual electoral de la oposición debía seguir el “go negative contra Claudia, no con López Obrador, o también con López Obrador, pero ya con ella, con investigación de oposición, con chismes, con todo”.

No sé si Castañeda se refería a ahondar la campaña que desde febrero se mantenía con millones de boots contra el narcopresidente, y después contra la narcocandidata, como se refirió a ella Xóchitl Gálvez desde el segundo debate. Lo que sí es claro es que está en marcha la estrategia de vincular a Sheinbaum con narcos; Anabel Hernández con Carlos Alazraki están en esa jugada.

El truco de vincular candidaturas con criminales lo han ensayado sectores conservadores de Estados Unidos en América Latina. Les funcionó en las elecciones presidenciales de 2021 en Ecuador, cuando al delantero en las encuestas, Andrés Arauz, que tenía un proyecto progresista, se le acusó con supuesta información de la fiscalía de Colombia, de haber recibido fondos del Ejército de Liberación Nacional colombiano para su campaña. Fue un golpe certero por el que Arauz, que había ganado con 14 por ciento más votos que su competidor en la primera vuelta, perdió la elección en la segunda vuelta ante el candidato de la derecha.

Desde principios de año comenzó la aparición pertinaz de notas de prensa estadounidense que vinculan al gobierno mexicano con algún cártel; eso significa que hay sectores conservadores en ese país que no están de acuerdo con que Sheinbaum sea la próxima presidenta de México y que siguen un manual que incluye acusaciones judiciales y deslegitimación de resultados electorales.

Tienen cómplices locales; en coincidencia con esas notas estadounidenses, hace varias semanas que gran parte de los noticieros y prensa escrita no hacen otra cosa que sembrar el miedo entre la población, haciendo eco de rumores sobre la expropiación de casas habitación en favor de los inquilinos, o asegurando que habrá conflicto serio con el resultado electoral y que la lealtad del Ejército a las instituciones (López Dóriga) será crucial.

Efectivamente, el 2 de junio las opciones fundamentales son entre la democracia cortesana, a la que no importa la verdad, con una candidata de quien sus propios seguidores reconocen que no tiene los conocimientos ni la experiencia para afrontar los problemas del país, y que ganaría para devolverle el poder al PRI y al PAN.

El proyecto alternativo afronta con seriedad las verdaderas amenazas a la paz, a la estabilidad social, al papel de México en el contexto internacional, que son el cambio climático y la seguridad alimentaria; las desigualdades de todo orden y la colusión entre autoridades y los cárteles forjada durante los gobiernos del PRI y del PAN.

Yo votaré por Claudia Sheinbaum.

COLUMNAS ANTERIORES

Justicia social y solidez económica
Progresistas y derechistas

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.