Contracorriente

Cuidado con que no falte la comida

La enorme dependencia de importaciones de cereales y oleaginosas no es otra cosa que el reflejo del mal aprovechamiento de los recursos naturales y tecnológicos del país.

Hablando del país y de su gente -y no de las elecciones de 24 ni de las provocaciones en las mañaneras- un asunto que merece toda la atención es la (in)seguridad alimentaria porque puede generar hambrunas entre amplios sectores de la población, circunstancia que México no ha conocido en tiempos de paz y que tiene gran potencial generador de violencia.

Los componentes de tal escenario son principalmente internos, que la escasez y encarecimiento internacional de cereales sólo agrava; la enorme dependencia de importaciones de cereales y oleaginosas no es otra cosa que el reflejo del mal aprovechamiento de los recursos naturales y tecnológicos del país.

Entre los recursos peor utilizados destaca el agua, objeto de mal uso en distritos de riego y de sobreexplotación y acaparamiento en favor de grandes empresas que la embotellan endulzada o al natural, para venderla con márgenes exorbitantes de ganancias; la injusticia de esas concesiones se hace intolerable en condiciones de sequía, como la que padece desde 2021 una decena de estados, entre los que se encuentran Coahuila, Jalisco, Nayarit y Sinaloa, que tienen enorme importancia agropecuaria y en cuyos municipios pobres el agua del baño se vuelve a usar en la cocina.

Los efectos del calentamiento global en la región climática que compartimos con el medio oeste estadounidense, Centroamérica y el Caribe son un componente fatal del escenario (ver en Nexos de junio, el artículo de Raúl Zepeda Gil, basado en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, de la ONU). Según los informes del panel, en nuestra región con media y alta seguridad tendremos menos lluvias y más sequías, más incendios, veranos más calientes, más ciclones tropicales en el sur del país y la acidificación de los océanos con afectación a la vida y las corrientes marítimas. Varios de estos efectos son irreversibles; los impactos en la población serán diferentes -para qué repetir que se ensañarán con los más pobres- y se extinguirán miles de especies animales y vegetales.

La dependencia en importaciones como proporción del Consumo Nacional Aparente supera por mucho la recomendación de la FAO de no importar más de 25 por ciento del consumo nacional aparente. México compra fuera casi todo el maíz forrajero pero suele producir 100 por ciento del maíz blanco para las tortillas, lo que hace que la balanza maicera sea deficitaria en 39 por ciento, pero lo es en 55 por ciento en trigo y en 95 por ciento en soya.

Debo al ingeniero Jaime de la Mora el dato de que la balanza comercial del primer bimestre 2022 todavía fue positiva en 562 millones de dólares, aunque es 34 por ciento menor al saldo del mismo bimestre de 2021, cuando el balance anual favorable ya había caído 76 por ciento con relación a 2020. La tendencia es clara y se debe a mayores volúmenes importados, pero sobre todo a mayores precios que, en el caso del maíz, por ejemplo, registra en los mercados de futuro un incremento de 96 por ciento entre 2020 y este 2022, y que tan solo en marzo fue de 15 por ciento.

Factores como esos sostienen los pronósticos de insuficiencia y encarecimiento de alimentos y riesgos de hambrunas en nuestro país, ante los cuales, ¿qué ha hecho el gobierno? Creó Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), que estuvo destinada al fracaso por su diseño, consistente en ofrecer precios de garantía por encima de los del mercado a los productores de recursos más pobres y bajos rendimientos, con la ilusa, irrealizable y falsa expectativa de que invirtieran los extras que recibieran en tecnificarse; la estrategia debió ser sistémica a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde la producción con uso adecuado del agua y otros insumos; el acopio de cosechas; los procesamientos industriales; la distribución a mercados mayoristas y menudistas y con ese enfoque, aplicar a cada eslabón los incentivos requeridos por cada cultivo y por las distintas regiones.

Segalmex, que no tuvo resultados en productividad ni volúmenes producidos, se convirtió, eso sí, en fuente de escandalosa corrupción. Ante tal fracaso ahora -con todo pragmatismo- el presidente lanza la Campaña para la Producción de Autoconsumo entre los campesinos con poca tierra, muchos de los cuales son los mismos a los que está dirigido el programa Sembrando Vida -siembra de árboles- y ahora se les pide que se orienten a producir básicos. Puede que la suerte acompañe a la campaña y le atine porque producir para el autoconsumo es lo que han hecho siempre, sin permiso de nadie, los campesinos con poca tierra.

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