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Serenidad y prudencia

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Serenidad y prudencia

22/10/2018

No se entiende a que se debe la actitud que ha manifestado hacia los militares el Presidente electo. Sus expresiones hacia las Fuerzas Armadas hacen, por lo menos, arquear las cejas. Primero fue su planteamiento de desaparecer al Estado Mayor Presidencial, ya en proceso. Más tarde las continuas referencias a la creación de una Guardia Nacional constituida con marinos, soldados y policías diversas; luego señaló que Ejército y Marina seguirían en las calles como fuerzas de paz; más recientemente se ha referido a una Guardia Civil y a la incorporación de 50 mil soldados adicionales. En fin, todo un galimatías que no se le ve cuadratura por donde se le busque.

Pero una de las cosas que más atrae la atención es su llamado a la serenidad, dirigido, evidentemente, a los aspirantes a la titularidad de los altos mandos, nombramientos que ha venido posponiendo como si se solazara de esta demora que parece divertirle. Se especula mucho sobre el origen de este aparente malestar con los militares, pero no existe razón clara.

Bien entendida, la institución militar, incuestionablemente de añeja historia, sólidos principios y de gran aceptación social, es la única que ha acompañado al Estado mexicano y ha solidificado su estructura e institucionalidad a lo largo de su azarosa existencia, bajo estrictos cánones profesionales y normativos. Cosa nada menor.

Quizá, mera especulación, las motivaciones del primer mandatario electo tengan raíces históricas y, en su intención de emular la actuación juarista, adopte decisiones experimentales, como las de aquella lejana época, pero aprender de la historia no significa extrapolarla sin más a circunstancias diferentes.

Faltan escasos días para la asunción, pero suficientes para que la serenidad se manifieste y la cordura campee entre los sucesores, quienes habrán de conducir los destinos de la compleja cuarta república que, por lo que se anticipa ya, habrá de sortear aguas poco tranquilas dentro y fuera del país. Cierto, nada mal caería un breve retiro y profunda meditación para serenar el alma.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.