La turbulencia del año viejo
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La turbulencia del año viejo

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La turbulencia del año viejo

23/12/2019
Actualización 23/12/2019 - 11:51

Se despide el año 2019 dejando como herencia un ambiente turbulento en lo interno y en lo externo, cuyo referente más inmediato podría ubicarse en el crítico año 1994, un cuarto de siglo atrás.

Durante los años previos se gestó, en la práctica, un cambio fundamental en el sistema político, económico y social de México, que significó la ruptura con la tradicional política nacionalista y monolítica. La fragmentación interna del partido hegemónico que había dominado los destinos del país desde 1929, marcó, a fines de los ochenta, el inicio de una transformación profunda del panorama interno y, luego, de la relación externa, particularmente con los Estados Unidos.

1994 fue un año pletórico de eventos de gran impacto en la vida nacional. El 1 de enero entraba en vigor, con bombo y platillo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá (hoy reeditado como T-MEC bajo gran suspicacia). México se insertaba, de pleno derecho, en el sistema neoliberal, que auguraba un nuevo milagro mexicano, un futuro de progreso y abundancia.

Pero el mismo día en que se estrenaba el venturoso tratado, en los confines del territorio un movimiento armado, de origen indígena, atrajo sobre sí la mirada internacional, haciendo patente y pública la existencia del otro México, el desposeído y olvidado, con el rostro embozado y las armas en la mano.

Los acontecimientos que siguieron durante el año no fueron menos relevantes y siniestros. A la fecha han quedado en el limbo las aclaraciones. La sospecha, producida por la opacidad y la desinformación, sigue apuntando a importantes actores, como partícipes de los trágicos hechos. En marzo de ese año tuvo lugar el homicidio del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, se especuló entonces que el motivo del asesinato habría sido su postura expresada en un discurso que, veladamente, criticaba la política de su antecesor y anunciaba su modificación una vez llegara al poder.

En el mes de septiembre siguiente, otro asesinato político cimbró de nuevo al país. El ideólogo del partido en el poder, José Francisco Ruiz Massieu, miembro de la familia presidencial, fue abatido por un individuo, sin que se hayan esclarecido cabalmente el móvil ni los involucrados.

Para cerrar el terrorífico 1994, la nueva administración, con Ernesto Zedillo a la cabeza, heredaba una crisis económica sin precedentes que se atribuyó a un “error de diciembre”, primer mes de gobierno, terrible señal, no sólo para la nación, sino para el mundo.

A cinco lustros de distancia, con sus peculiaridades, claro está, se vuelven a vivir circunstancias inéditas en las que gravitan personajes que de alguna manera fueron protagonistas de los acontecimientos de aquella época y marcaron la pretendida dinámica democratizadora de la vida nacional.

Se cumple un año del arribo al poder de Andrés Manuel López Obrador, destacado y activo promotor de la nueva izquierda, partícipe de la ruptura interna del PRI y la conformación del Frente Democrático encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas que condujo a la formación del PRD y de Morena, con una visión de profunda transformación, de combate a la corrupción y de abierta oposición al sistema neoliberal y sus operadores.

Personajes públicos con destacado papel en la política de tiempos pasados reaparecen bajo nuevas caracterizaciones y circunstancias. Casualidad o juegos del destino. Antiguos adversarios, hoy son miembros prominentes de la transformación, cuestionados o no. Viejos aliados o poderosos funcionarios de anteriores gobiernos, son hoy sujetos de procesos judiciales dentro y fuera del país, algo impensable hace apenas unos meses.

La violencia armada, ya no de carácter reivindicatorio de sectores sociales, sino producto de la delincuencia, sienta sus reales en todo el país de manera incontenible. La relación externa acentúa su asimetría bajo un aparente entendimiento colaborativo. La incertidumbre sobrecoge a la sociedad de cara al futuro inmediato.

2019 se parece, en muchos sentidos, al crítico 1994, pero con no pocas facetas, menos comprensible o predeterminado. Oremos por un 2020 afortunado.

Felices fiestas decembrinas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.