Opinión Gerardo Herrera Huizar

La salud del presidente y la fortaleza institucional

El asunto más relevante de los últimos días ha sido el contagio del presidente de la república por Covid, desatando todo tipo de especulaciones y suspicacias.

El asunto más relevante de los últimos días ha sido el contagio del presidente de la república por Covid, desatando todo tipo de especulaciones y suspicacias a causa de la escasa información vertida sobre el tema de su enfermedad, estado y evolución.

Absolutamente natural es la preocupación por la salud del jefe del Estado en cualquier circunstancia, dadas las altas responsabilidades que se conjugan en su investidura y, más aún, cuando en una sola persona se resumen tres relevantes jefaturas: la del estado mismo, del gobierno federal y de la administración pública, amén de la comandancia suprema de las fuerzas armadas y, para el caso práctico, la dirigencia de un movimiento político que se ha establecido como meta la transformación de la vida pública de México.

Al margen de los rumores, muestras de solidaridad y comentarios adversos y hasta soeces difundidos abundantemente en medios y, particularmente, en redes sociales, la circunstancia por la que atraviesa el mandatario, susceptible como cualquier persona de padecer problemas de salud, pone de manifiesto, una vez más, la relevancia y trascendencia de contar con un entramado institucional sólido, eficaz y funcional, con equilibrios claros que otorguen razonable certidumbre de continuidad ante adversidades o eventos no deseables pero posibles.

Nuestro sistema político y administrativo, fue concebido desde sus orígenes, sobre la base del liderazgo centrado en un solo individuo con una amplia gama de facultades, la historia dio muestra de los inconvenientes que esta fórmula presidencialista conlleva y paulatinamente, con altos y bajos, se fueron robusteciendo los frenos y contrapesos al poder omnímodo y se buscó la profesionalización y tecnificación del aparato burocrático con la finalidad de racionalizar la toma de decisiones en los múltiples frentes del quehacer nacional.

La tendencia observada en la orientación de la política del actual gobierno, con su intención transformadora, evidencia el retorno a tiempos que se creían salvados desde el siglo pasado, se avanza en la reconcentración del poder y la neutralización de los contrapesos mediante la captura de espacios y la pretendida cancelación de entidades autónomas por onerosas o disfuncionales.

La administración pública se desdibuja frente a la preeminencia de la imagen del ejecutivo. No son pocos los señalamientos respecto a la fragilidad, carencia de experiencia y falta de capacidad técnica en cargos relevantes del aparato administrativo.

En un escenario como este, la salud del presidente, su capacidad de gobierno, se torna aún más relevante y crítica, pero, sobre todo, evidencia la importancia de contar con instituciones sólidas que mantengan la marcha del país en estándares razonablemente funcionales, a pesar de la adversidad. Se pone en juego, de otra manera, la estabilidad política, social y económica de la nación.

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