Gobernar por decreto
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Gobernar por decreto

22/04/2019
Actualización 22/04/2019 - 14:13

Una manera sui géneris de evadir a la oposición en casos determinados, es la del otorgamiento de facultades especiales al Poder Ejecutivo para gobernar por decreto durante periodos específicos. El caso más emblemático del empleo de esta medida es el venezolano, en el que en diversas ocasiones, a partir de la década de los 70, se emitieron leyes habilitantes que facultaron al Ejecutivo para dictar decretos en materias diversas o hacer frente a emergencias.

Durante los gobiernos de Hugo Chávez, la Asamblea Nacional de Venezuela concedió al presidente en repetidas ocasiones, a partir de 1999, facultades legislativas, que se extendieron en 2007 por un periodo de 18 meses. Fue durante este gobierno que se crearon, por decreto, las Milicias Bolivarianas, como un cuerpo complementario de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. También el presidente Maduro ha recurrido a esta medida, con el apoyo de la Asamblea.

La figura de leyes habilitantes funda su razón de ser en la necesidad de atender circunstancias imprevistas o de grave riesgo de manera ágil, evitando rezagos burocráticos o entorpecimientos administrativos, por periodos específicos, pero abre, de manera natural, la puerta a la tentación autoritaria.

Gobernar sin frenos ni contrapesos ofrece un riesgo mayor en democracias emergentes o inmaduras, con oposiciones débiles o inexistentes y con órganos jurisdiccionales frágiles. La salud de una república reside, en mucho, en la clara distribución de competencias entre los poderes del Estado y los órdenes de gobierno, que constituyen las reglas del juego y establecen los límites al ejercicio de la autoridad, promueven la sana convivencia y brindan una razonable certeza al ciudadano sobre su presente y su futuro.

Por el contrario, la concentración de facultades en una sola entidad, por nobles que sean los propósitos e ilustres los sueños, ofrece riesgos mayúsculos de caer en el error y provocar males mayores que los que se desean corregir. Prudencia y mesura son virtudes inherentes a la facultad de mandar para mantener un sano equilibrio en el poder.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.