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Deconstrucción institucional en proceso

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Deconstrucción institucional en proceso

26/10/2020

Muy ardua, difícil y costosa es la construcción de instituciones nacionales que cumplan con eficacia y eficiencia la tarea fundamental de generar reglas del juego para armonizar el intercambio social y muy fácil echarlas abajo por capricho u ocurrencia.

Una de las responsabilidades fundamentales del Estado es la de brindar certeza a la sociedad, establecer patrones de convivencia universalmente aceptados que permitan orientar la vida en comunidad y fomenten el desarrollo individual y colectivo bajo estándares de seguridad y libertad. Ello se logra, teóricamente, mediante la construcción de instituciones, normas que establecen con claridad las atribuciones, obligaciones y derechos tanto del Estado como del individuo y las sanciones al incumplimiento del famoso pacto social.

Cierto es que las condiciones cambiantes de la vida en sociedad, los avances de la ciencia, la tecnología, nuevas formas de convivencia, amenazas y riesgos emergentes, obligan a la adaptación de los patrones establecidos, pero una cosa es la flexibilidad y evolución racional de tales normas y otra muy distinta la deconstrucción sospechosa del entramado institucional.

La alteración cotidiana de las reglas del juego ya sea recurriendo a argumentos legitimadores como la corrupción del pasado o a necesidades coyunturales abre, peligrosamente, la puerta al retroceso, a la discrecionalidad y al autoritarismo progresivo, cuyas repercusiones sociales, económicas y políticas pueden alcanzar dimensiones mayúsculas y acrecentar los males que, en el discurso, se aducen como justificación.

Destruir a rajatabla, pretendidamente para refundar, no siempre resulta la mejor opción y puede, con frecuencia, traducirse en costos irreparables para las sociedades y la propia gobernación.

La circunstancia por la que atraviesa el país, altamente compleja, ciertamente ha venido como anillo al dedo para algunos actores políticos, que han encontrado elementos aprovechables para incentivar el proceso de deconstrucción de manera agresiva, con los mismos argumentos centrados en los innegables vicios del pasado, que aún no han sido erradicados, pero con pocas expectativas para acometer el futuro, cada día más incierto.

La certidumbre es un elemento fundamental para la generación de confianza en la sociedad, atracción de capitales, fomento de la inversión, desarrollo, creación de empleos, generación de riqueza, seguridad, estabilidad, libertad y cohesión social.

Promoverla y garantizarla es responsabilidad trascendente del Estado en su función rectora y para tal fin, debe respetar y robustecer la institucionalidad, no mermarla ni violentarla sistémicamente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.