Conspiraciovirus QBR
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Conspiraciovirus QBR

25/03/2020
Actualización 25/03/2020 - 15:18

Conforme se expande la enfermedad que, indudablemente, se ha erigido en el tema central de la preocupación mundial, se acentúa, en paralelo, la especulación sobre una conspiración de alcance planetario, producto de la rivalidad de las grandes potencias y sus visiones particulares para el establecimiento de un nuevo orden geopolítico y dominación global.

El surgimiento repentino de un virus, su procedencia, la velocidad de su propagación, la eficiencia del contagio y la letalidad que ha registrado en naciones desarrolladas tomándolas por sorpresa, han dado pie a la sospecha de que pudiera tratarse de un plan deliberado en los más altos círculos del poder, políticos y económicos, para la transformación radical del estado de cosas y el control social en el futuro inmediato, empleando como arma un patógeno producido en laboratorio.

Una segunda suposición se refiere a la posibilidad de que la difusión del diminuto enemigo con el que hoy se enfrenta la humanidad podría ser producto de un error y se haya salido de las manos en los experimentos, con los resultados que hoy se padecen.

Ambas posiciones, de ser cierta alguna, nos conduciría al terreno bélico, a un tipo de guerra especial, la guerra bacteriológica, que puede ser mucho más letal y dramática que una guerra convencional.

Ya en el pasado el mundo ha sido testigo del empleo de otros dos tipos de agentes: los químicos, durante la primera gran guerra del siglo XX (gas mostaza) o el gas sarín, que se ha dicho, fue empleado recientemente en Siria y los radiológicos, que determinaron el curso del mundo desde el fin de la segunda, dando paso a la escalada nuclear durante la llamada Guerra Fría.

Vistos en su conjunto, estos tipos especiales se insertarían en el contexto de lo que se denomina Guerra QBR (química, bacteriológica, radiológica) y están contemplados en los planes y estructuras orgánicas de las fuerzas de defensa de diversos países.

Algunos elementos que contribuyen a la especulación sobre lo que estaría detrás de la actual pandemia, se ubican en los antecedentes inmediatos de la relación entre las tres grandes potencias dominantes y las tensiones surgidas entre Rusia y China con los Estados Unidos, particularmente en los ámbitos político y económico, con inevitables repercusiones en otras economías.

Para algunos, ha resultado sintomático que precisamente durante el proceso de expansión de la emergencia sanitaria en Europa, la OTAN haya decidido realizar el ejercicio militar denominado 'Defender Europe 20', en el que participarían 37 mil tropas, de las cuales 20 mil han sido enviadas por el gobierno norteamericano, mientras se acentúa la emergencia sanitaria en su territorio y se anuncian medidas extremas en diversas regiones para hacer frente a la crisis.

La de por sí pavorosa realidad que está mostrando la expansión del virus viene acompañada por el miedo, que se potencia con la sospecha, la información cruzada que multiplican exponencialmente las redes sociales y la desconfianza e incredulidad de la población en el mensaje oficial.

Los anaqueles de supermercados se vacían y comienza una especie de racionamiento, toques de queda y suspensión de libertades y garantías, como las que, aún tardíamente, se han implementado en Italia y España. Por su parte, sólo Francia ha reconocido oficialmente, en voz de su presidente, encontrarse en un “estado de guerra” y sus medidas no difieren mucho de una movilización de las ya realizadas en sus pasados conflictos armados.

Los productos, inexplicablemente, elevan su costo y los especuladores, sin restricción alguna hacen su agosto.

Se trate o no de conspiraciones del poder global, de una enfermedad natural, o de un proceso cíclico con el que Gaia se desintoxica y se renueva, la víctima es la misma.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.