Gerardo Herrera Huizar

¿Cómo se perdió la confianza social?

Rumbo a la elección presidencial, Gerardo Herrera reflexiona cómo es que llegamos al grado de desconfianza que nos domina.

La guerra por la silla más codiciada de México, como era de esperarse, va mostrando los arsenales de los bandos contendientes. Denostación, filtraciones, denuncias y acusaciones son los recursos cotidianos en las estrategias de campaña, que no muestran otra cosa que patéticas miserias de quienes suspiran al más alto cargo.

Ante la carencia de propuestas y bajo la avalancha de fútiles argumentos para la conducción del país, no es extraño que la confianza social se desvanezca paulatinamente. Las encuestas que miden la preferencia ciudadana dan cuenta de la ventaja que tal o cual candidato lleva, percepción relativa que omite el descontento absoluto de la colectividad con su clase política.

La incredulidad es el denominador común de la actual campaña. Hablar de preferencias es cuando menos impreciso. Ubicarse en la delantera vía las encuestas, engañoso.

El acceso al poder es el objetivo primordial de los candidatos, cosa no sorprendente, pero la legitimación de ese poder pasa por un cedazo cada vez más fino que se teje con la aprobación social, que hoy se percibe más distante.

Y, ¿cómo fue que se perdió la confianza? La respuesta es axiomática. El porqué está a la vista. Las virtudes que debieran atribuirse a los directores de la nación se desvanecen cotidianamente, lacerando el tejido social y ahondando la brecha entre gobernantes y gobernados.

Reconstituir la confianza es el reto más sensible para el próximo mandatario y demandará, sin duda, de radicales y contundentes decisiones.

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