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CNDH, ¿legitimidad?

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CNDH, ¿legitimidad?

11/11/2019
Actualización 11/11/2019 - 12:46

No es asunto menor el espectáculo sucedido en el Senado de la República la semana pasada, cuando se llevó a cabo la votación para decidir la sucesión de Luis Raúl González Pérez al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

El proceso, desde su origen, ha estado marcado por el cuestionamiento y la polémica dada la cercanía que algunos de los personajes propuestos en las ternas tienen con el Ejecutivo, poniéndose en duda la autonomía con la que ese importante organismo funcionará en el futuro. Pero lo relevante y escandaloso del asunto sucedió durante el sufragio mismo en la sede del Senado, donde la aritmética básica se topó con el misterio y la relatividad, al extraviarse dos votos a la vista de toda la concurrencia, que resultaron determinantes para la elección de la señora Piedra Ibarra.

La elección de la presidenta de la CNDH cabalga sobre el corcel de la sospecha y le acompañará en el futuro, sea cual sea el desenlace, poniendo en duda su legitimidad.

Mientras unas fracciones impugnan los resultados señalándolos como fraudulentos y sugieren que la triunfadora misma los rechace en virtud de las circunstancias en que estos se dieron, otros se aferran a su defensa con uñas y dientes, con argumentos encontrados, que lo único que hacen es incentivar el desconcierto.

El mandato legal de la CNDH es el de la protección, observancia, promoción, estudio y divulgación de los derechos humanos que ampara el orden jurídico mexicano, su propia naturaleza le obliga a mantener una imagen impoluta y transparente, a efecto de erigirse, realmente, en una institución de equilibrio y freno a los posibles excesos en el ejercicio del poder público. El atraer sobre sí la duda sobre la legalidad desde el origen mismo del proceso de selección merma categóricamente su credibilidad y somete a escrutinio su imparcialidad e independencia de gestión.

La confrontación no ha concluido, los opositores anuncian otros recursos para intentar anular el resultado y repetir el proceso, pero cualquiera que sea el fin de la historia, el precedente que sienta el penoso escándalo registrado tendrá efectos negativos en la legitimidad de la institución.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.