Moreno Valle, ¿enterrador?
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Moreno Valle, ¿enterrador?

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Moreno Valle, ¿enterrador?

26/11/2018
Actualización 26/11/2018 - 15:18

El nuevo coordinador del escuálido grupo parlamentario del PAN en el Senado, Rafael Moreno Valle, ha hecho una ya larga carrera política: diputado, senador dos veces, gobernador con capacidad para heredar el puesto a su esposa, si el Tribunal Electoral no dice otra cosa.

Amigos y adversarios reconocen como su principal atributo la capacidad de negociación. Pero en las actuales circunstancias, ese puede ser su principal defecto.

Más allá del rencor del expresidente Felipe Calderón contra el nuevo presidente del PAN, Marko Cortés, y en contra de su otrora ahijado político, Moreno Valle, a quien hizo senador aunque venía del grupo de Mario Marín gracias a un compadrazgo con Elba Esther Gordillo, hay que valorar objetivamente si el exjefe del Ejecutivo tiene razón cuando afirma que el PAN llegó a su fin.

Objetivamente, Moreno Valle no parece ser el hombre que necesita el PAN en su actual etapa, amenazado por una clara estrategia del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, de construir una estructura electoral invencible, distrito por distrito, casilla por casilla. Cada día, las acciones de gobierno anunciadas se encaminan hacia ese objetivo abiertamente, sin simulaciones, sin frenos.

Para empezar, existe la percepción de que Moreno Valle carece de la visión de futuro que reclaman los tiempos nuevos que parecen viejos, en los cuales estamos viendo modos muy parecidos a los de Luis Echeverría, pero con un contexto muy distinto.

Su talante negociador puede ser incluso contraproducente. Si quiere sobrevivir el PAN, que cuenta únicamente con 24 senadores, según diversos especialistas, debe ser un auténtico partido de oposición, no alguien que colabore con el nuevo gobierno, que, suponen, ocurrirá con Moreno Valle desde el Congreso.

El caso se agrava si consideramos que algunos, posiblemente alentados desde Puebla, difunden que el verdadero poder detrás del trono en el PAN es Moreno Valle. Con lo cual le hacen un flaco favor.

Moreno Valle no la tiene fácil. Las tres figuras de su grupo, Gustavo Madero Muñoz, Josefina Vázquez Mota y el propio Damián Zepeda Vidales, quien se autoimpuso como senador y se autoimpuso como coordinador, están en su contra públicamente. Del resto de los senadores panistas no sale un polemista, un artífice de la argumentación. Más bien parecen destinados a perder las votaciones y los debates. Nótese que lo digo en plural.

Veo mucho resentimiento entre quienes pronostican que Moreno Valle será el enterrador del PAN. Creo que Moreno Valle, como político, piensa en buscar nuevamente la candidatura presidencial y que para eso necesita un PAN fuerte, capaz de recuperarse en seis años. Pero, en una de esas, también puede ser que sus adversarios tengan razón.

De cualquier forma, como la oposición más fuerte, sus gobernadores se han manifestado en contra de los superdelegados y la respuesta que obtuvieron fue una muestra clara de la intolerancia de Morena, que muchos pueden asegurar que es debido a los excesos del senador Félix Salgado Macedonio, quien les advirtió:

“Aquí hay que recordarle a los gobernadores… que aquel que no se ajuste al lineamiento constitucional, aquí se puede dictar la desaparición de poderes”.

Pero otros tememos que sea parte de la nueva forma de gobierno que se instaurará a partir del próximo sábado, y si el PAN no entiende que se debe convertir en una oposición fuerte, podríamos estar condenados a 71 años de Morena, como sucedió con el PRI.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.