La corrupción en el centro
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La corrupción en el centro

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La corrupción en el centro

12/03/2019
Actualización 12/03/2019 - 14:15

En el discurso de los 100 días del presidente Andrés Manuel López Obrador se repitió en 17 ocasiones la palabra corrupción; sin embargo, no ha quedado claro cómo se va a luchar para exterminarla.

Su plan económico, dijo, consiste en “acabar con la corrupción, con los privilegios, y liberar de esta forma fondos para el desarrollo”. Aseguró que precisamente esta política le dará 700 mil millones de pesos, que se utilizarán en lo que se necesite.

También nos enteramos de que cada tres meses habrá un informe a la población, que se sumará a las mañaneras para hablar de los avances del gobierno, y nos dejó muy claro que no hay ni asomo de recesión y que habrá un crecimiento promedio anual del 4 por ciento.

Una vez más, al poner a la corrupción en el centro del crecimiento económico, aseguró que este periodo de 100 días le confirmó que si se acaba con este flagelo y se gobierna con autoridad se puede obtener más “crecimiento económico, desarrollo, bienestar y se adquiere mayor autoridad política y moral”.

El combate a la corrupción también le permitirá un incremento en los ingresos de Pemex y de CFE, además de que provocará que la inversión productiva se aplique pronto y con eficiencia para promover el desarrollo y la inversión pública, que se convertirá en capital semilla para atraer a la inversión privada nacional y extranjera.

Convencido de su decisión de cancelar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco, el presidente de la República puso también a la corrupción en medio de esta problemática, y señaló que el aeropuerto de Santa Lucía tiene varias ventajas: que se va a hacer en menos tiempo, sólo tres años con una solución de largo plazo; de mejor calidad; sin corrupción, y con un ahorro de más de cien mil millones de pesos, quizá porque no se tomaron en cuenta los costos de cancelar el aeropuerto en Texcoco.

La corrupción también es la culpable del proceso de desmantelamiento y pillaje en el sector energético, por lo que el presidente reafirmó su propósito de rescatar a las industrias petrolera y eléctrica de la nación.

Y para demostrar el desastre, explicó que a cuatro años de la aprobación de la reforma energética se redujo la inversión pública y privada; se produce menos petróleo crudo, gasolinas, productos petroquímicos y electricidad; aumentaron los precios de los combustibles; disminuyeron los ingresos de la hacienda pública, y los contratos que firmaron funcionarios públicos con particulares y las operaciones fraudulentas realizadas con empresarios e inversionistas vinculados a los gobiernos anteriores, incrementaron la deuda tanto de Pemex como de la Comisión Federal de Electricidad.

Aseguró que ya se detuvo la corrupción tolerada en estas dos empresas y que gracias a ello y a la austeridad en el gobierno se invierte más para la producción de petróleo, para la refinación y la generación de energía eléctrica; obviamente no se refirió a las calificadoras, que criticaron sus medidas de apoyo a Pemex.

También a la corrupción se debe la decisión de que los programas sociales se entregarán directamente a los beneficiarios, y que ya no habrá intermediarios para evitar los 'moches' o piquetes de ojos.

Es perfecto mantener a la corrupción como centro del discurso de estos 100 días de gobierno, las principales dudas que nos quedan son: ¿cómo se lleva a cabo este combate que ha permitido tantos avances, y si habrá sanciones contra quienes han realizado este tipo de acciones?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.