Se acentúa la desaceleración económica
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Se acentúa la desaceleración económica

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Se acentúa la desaceleración económica

18/06/2019

Hace algún tiempo comenté que era muy probable que la economía de nuestro país creciera poco este año, particularmente por ser un primer año de sexenio (“El crecimiento durante el primer año del sexenio”, 4 de septiembre, 2018). Han habido asuntos propios en cada inicio de sexenio como la crisis de 1994-1995, durante el primer año del expresidente Zedillo, el 11 de septiembre y la crisis de las empresas de Internet en EU (‘dot com crisis’), en el primer año del expresidente Fox, así como la desarticulación de la industria de la construcción de vivienda y la falta de liquidez que generó la falta de pago a proveedores de Pemex, durante el primer año del expresidente Peña Nieto.

Sin embargo, ha habido también un común denominador en todos los inicios de sexenio que nos hace crecer menos: Menor inversión, tanto pública, como privada. Por un lado, la inversión pública sufre un retraso principalmente debido a reasignación de gasto e inversión gubernamental —que toma tiempo llevarla a cabo—, así como por el cambio del personal que ejecuta el gasto. Por otro lado, en el caso de la inversión privada, muchos empresarios posponen sus nuevos proyectos hasta después de las elecciones, ante la incertidumbre de si el nuevo gobierno va a hacer cambios en las ‘reglas del juego’. Esto normalmente resta entre 20 y 50 puntos base (pb) de la tasa de crecimiento promedio de los últimos treinta años (2.3 por ciento).

Es por ello que por mucho tiempo, el equipo de análisis económico de Grupo Financiero Banorte que tengo el honor de dirigir, pronosticaba un crecimiento de 1.8 por ciento para este año (2.3 por ciento menos 50 pb). De hecho, mientras que en diciembre de 2017 el consenso de especialistas consultados por el Banco de México sobre el pronóstico de crecimiento del PIB para 2019 se ubicaba en 2.4 por ciento, nosotros ya proyectábamos 1.8 por ciento.

No obstante lo anterior, en febrero del año pasado decidimos revisar dicho pronóstico a la baja a 1.5 por ciento debido a tres eventos transitorios que restaron actividad económica durante el primer trimestre del año: (1) La falta de suministro de combustibles (-17 pb); (2) las huelgas en la industria maquiladora de Tamaulipas (-5 pb); y (3) el bloqueo de las vías férreas en Michoacán (-11 pb). Por ello restamos 33 pb a 1.8 por ciento, arrojándonos la tasa de crecimiento proyectada de 1.5 por ciento, redondeando a un decimal (“Posible impacto de la falta de suministro de gasolina en el PIB”, 22 de enero; y “El bloqueo de las vías férreas en Michoacán y las huelgas en Tamaulipas”, 12 de febrero). Desafortunadamente ahora tenemos dos temas que están también deteniendo el crecimiento de este año: (1) La suspensión de obras de construcción en la Ciudad de México; y (2) la falta de generación de confianza para invertir en el sector privado.

(1) Suspensión de obras de construcción en CDMX. Evidencia anecdótica en periódicos y platicando con expertos del sector, se dice que existen más de 150 obras importantes suspendidas, que podrían representar cerca de la mitad del valor agregado anual de la construcción en la CDMX. Con información del INEGI, la industria de la construcción en CDMX representa poco más del 40 por ciento de la producción industrial de la entidad federativa, responsable de poco menos del 10 por ciento del PIB de la capital de nuestro país. Así, podemos decir que este año ya se han perdido 18 puntos base del PIB de nuestro país (½ de obras suspendidas x 0.40 que pesa la construcción x 0.10 de la producción industrial x 0.175 que pesa el PIB de la CDMX x ½ año que han estado suspendidas las obras = 17.5 pb). Esto es suficiente para tener que volver a revisar el pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para este año de 1.5 a 1.3 por ciento. Sin embargo, todavía no sabemos si el gobierno de la CDMX va a permitir que estas obras continúen su construcción en la segunda mitad del año, que está por iniciar.

(2) Generación de confianza para invertir en el sector privado. Como he comentado con anterioridad, es muy importante que el Presidente genere confianza para incentivar la inversión privada en nuestro país (“México puede crecer más si se genera mayor confianza”, 7 de mayo). La creación del Consejo Nacional para el Fomento a la Inversión, el Empleo y Crecimiento Económico y el acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial —firmado la semana pasada—, son pasos en la dirección correcta.

* El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF.

* Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.