Ideas para la instrumentación de Jóvenes Construyendo el Futuro (II)
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Ideas para la instrumentación de Jóvenes Construyendo el Futuro (II)

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Ideas para la instrumentación de Jóvenes Construyendo el Futuro (II)

18/12/2018
Actualización 18/12/2018 - 9:05
columnista
Gabriel Casillas
Perspectiva Global

La semana pasada hice algunos comentarios sobre el programa social Jóvenes Construyendo el Futuro, que está por instrumentar nuestro nuevo gobierno. En este sentido, destaqué la frustrante realidad que enfrenta una gran cantidad de jóvenes que no han tenido la oportunidad de estudiar y que relacionado o no con esto, tampoco han encontrado empleo. Considero que este programa es una de las políticas propuestas que puede tener mucho potencial positivo si se instrumenta bien y me da mucho gusto que una gran cantidad de empresas estén entusiasmadas en participar con el nuevo gobierno para hacer de esta idea un programa que cubra este importante rezago social.

Por lo que tengo entendido, el programa se compone de dos partes, dependiendo de las preferencias de los participantes: (1) Oportunidad de estudiar; o (2) programa de ‘pasantías’, que es en donde participan las empresas. Es en el segundo aspecto que deseo comentar algunas ideas sobre la instrumentación de este programa. No me considero una autoridad en el tema. Sin embargo, he tenido la oportunidad de dar clases en algunas instituciones de educación superior por más de 15 años y he tenido el privilegio de fungir como mentor de algunos estudiantes en temas tanto profesionales, como de estudio de posgrado. Asimismo, haber tenido el honor de participar en el programa de Líderes del Futuro del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) me ha enseñado algunas lecciones que quiero compartir, orientadas a la instrumentación del programa Jóvenes Construyendo el Futuro’.

En mi opinión, creo que las empresas que participen en este programa deben tener en cuenta cuatro aspectos, si se desea que la experiencia realmente haga florecer a estos jóvenes: (1) Acercar la oportunidad laboral a los jóvenes participantes; (2) enseñar valores laborales y algunos aspectos básicos de vida; (3) enseñar aspectos técnicos para desarrollar habilidades que les sean útiles; y la más importante de todas, (4) dar la oportunidad a los participantes de ser útiles. Para comentar sobre estos temas, dedicaré el resto de este espacio a expresarles, a manera de ejemplo, sobre un programa que instrumentó el banco británico Barclays en el Reino Unido, hace algunos años y en el que tuve la oportunidad de observar in situ.

Barclays quería aprovechar la creatividad de la población joven para el desarrollo de soluciones tecnológicas de su negocio, sin que tuvieran que estar bajo el paradigma corporativo usual, en donde ‘el día a día’ casi siempre termina por matar la creatividad ‘fuera de la caja’, que es justo lo que buscaban. Sabiendo que muchos jóvenes no cuentan con la capacidad económica para vivir cerca o transportarse diariamente a la moderna zona financiera de Canary Wharf, en Londres, decidieron rentar un piso en la planta alta de una pizzería, en un barrio popular de dicha capital. En una ambiente austero, pero arreglado con buen gusto y de manera alegre, moderna y abierta, invitaban a varios grupos de cuatro o cinco jóvenes que quisieran desarrollar una idea que solucionara alguna temática del banco. Al final del periodo —cuatro meses, en este caso—, dichos jóvenes tenían que presentar su proyecto a los más altos ejecutivos del banco, incluyendo al director general (CEO) y al presidente del Consejo.

El programa incluía tres tipos de ‘clases’: (a) Clases de utilización de software y después de desarrollo de apps (‘aplicativos’ para teléfono celular y tabletas), impartidas por especialistas de Microsoft, mediante una alianza con dicha empresa; (b) clases de valores laborales, como puntualidad, meritocracia, trabajo en equipo y de finanzas personales —incluyendo aspectos básicos de utilización de tarjeta de débito, ahorro, seguros y manejo responsable del crédito—, impartidas por personal de recursos humanos y líderes del banco; y (c) todos los viernes un alto ejecutivo del banco les daba una conferencia de dos horas sobre diferentes aspectos del banco, enfatizando en la problemática que les gustaría resolver, propiciando la generación de proyectos.

La palanca que se formó entre enseñar a programar apps a los jóvenes, junto con dar a conocer retos que a la banca le gustaría resolver y ofrecerles un modus operandi de trabajo en equipo, generó un ambiente muy propicio para el desarrollo de proyectos en donde los jóvenes se sintieron útiles y con capacidad de hacer algo diferente de sus vidas. Al final, si se le veía potencial a la idea presentada a los altos ejecutivos, Barclays financiaba su desarrollo o apoyaba para llevar a cabo una oferta pública inicial de acciones, quedándose con parte del capital. Tal vez no se pueda instrumentar un programa tal cual como éste, pero quería compartir esta experiencia para ofrecer ideas para las empresas participantes en el programa.

El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos.

Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.