El nuevo aeropuerto, las reformas estructurales y la corrupción
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El nuevo aeropuerto, las reformas estructurales y la corrupción

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El nuevo aeropuerto, las reformas estructurales y la corrupción

27/03/2018
Actualización 27/03/2018 - 9:11
columnista
Gabriel Casillas
Perspectiva Global

La población está muy molesta por la corrupción. Encuesta que veamos —particularmente en donde se pregunte expresamente al respecto—, la corrupción ocupa el primer lugar. Esto es excelente. La población mexicana en general no siempre ha estado enojada o indignada por la corrupción. La frase ‘el que no transa, no avanza’ no sólo ha perdido su atractivo para una gran parte de la población, sino que ahora despierta desprecio. La sociedad mexicana está evolucionando. No tengo duda de que la lucha en contra de la corrupción es el gran tema de las elecciones del 1 de julio en nuestro país. Sin embargo, me gustaría comentar tres aspectos al respecto:

(1) La lucha anticorrupción es necesaria, pero no suficiente para lograr disminuir la corrupción. Como he comentado con anterioridad, la corrupción es un cáncer que desafortunadamente viven todos los países y no sólo en el sector público, sino también en el privado ('Estado de derecho y crecimiento económico', 4 de noviembre de 2014 y 'Combate a la corrupción, necesario, pero no suficiente', 19 de septiembre de 2017). Para disminuirla se necesita que se haga cumplir la ley y que paguen quienes realmente hayan resultado responsables. Esto no va a suceder simplemente combatiendo la corrupción. Se necesita ir más allá. Se necesita fortalecer el Estado de derecho, con un mejoramiento significativo tanto en la persecución del delito (e.g. dignificación de la profesión policiaca), como en la procuración y administración de justicia (e.g. incrementar el número de jueces a estándares internacionales).

(2) El aumento de la corrupción o al menos de la percepción de ésta en México no tiene nada que ver con las reformas estructurales. Insisto, la corrupción no es nueva. Si las reformas estructurales tienen la culpa por la corrupción, también pudimos haber dicho que la expropiación petrolera fue la culpable de la corrupción que se desató después. No obstante lo anterior, a pesar de que es muy probable que se haya propiciado mayor corrupción al haber otorgado la administración de los hidrocarburos al Estado mexicano, sería injusto culpar a la expropiación petrolera por la corrupción, debido a que ya existía mucho antes de los años treinta en México. En nuestro país se tomó la decisión de funcionar como una economía de mercado desde los noventa y ha funcionado mucho mejor en todos los sentidos. Esto no quiere decir que no hay amplio espacio para mejorar, pero un tema de vital importancia era incorporar el sector energético a la misma lógica de funcionamiento de los demás sectores de la economía, que es lo que gradualmente está haciendo la reforma energética.

(3) El proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM) tampoco tiene que ver con la corrupción. Me queda claro que así como existen excelentes funcionarios públicos con probado desempeño, desafortunadamente también existen funcionarios públicos, autores o cómplices de alguna licitación ‘a modo’, en donde se privilegió a alguna empresa que no necesariamente cumplía con los requisitos, a cambio de dinero o algún ‘regalo’ en especie. Sin embargo, considero que es muy difícil que sea el caso de las obras públicas más recientes, en particular del NAICM. De hecho, los contratos de este proyecto, por ejemplo, se encuentran disponibles en la siguiente página de internet.

Adicionalmente, estudios serios —que analizaron alternativas desde muchos años antes de la presente administración—, apoyan las obras del NAICM, a pesar de que implique ubicarse en un terreno de condiciones geotopológicas complejas y que implique tener un solo aeropuerto en la CDMX. No por nada los inversionistas globales y locales —que en su mayoría son muy cuidadosos a la hora de asignar su dinero— han estado invirtiendo.

Una reflexión: Considero que el diagnóstico que tienen todos los candidatos sobre impunidad, corrupción, falta de crecimiento económico, violencia, crimen, desigualdad y pobreza es correcto. Qué bueno que tengamos una democracia con candidatos de tan variados espectros ideológicos porque provoca el debate, del que ni siquiera gozábamos hace algunas décadas. Sin embargo, por qué no nos concentramos en atajar estos problemas, en lugar de perder tiempo desarreglando lo que está bien, como las reformas estructurales o el muy necesario nuevo aeropuerto. Los ciudadanos demandamos propuestas consistentes, probadas y bien fundamentadas para que realmente podamos mitigar esos males que tanto aquejan a nuestra sociedad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.