Bienestar, crecimiento y desigualdad (I)
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Bienestar, crecimiento y desigualdad (I)

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Bienestar, crecimiento y desigualdad (I)

02/06/2020
Actualización 02/06/2020 - 11:15
columnista
Gabriel Casillas
Perspectiva Global

En las últimas semanas escuchamos dos declaraciones que me parece muy relevante comentar. Por un lado, el presidente López Obrador sugirió que deberíamos contabilizar el bienestar y no sólo el Producto Interno Bruto (PIB). Por otro lado, el presidente del partido Morena propuso que se haga una mejor medición de la desigualdad en nuestro país. Ambos temas han sido ampliamente discutidos en las redes sociales. Desafortunadamente he visto pocas opiniones balanceadas. No obstante lo anterior e independientemente de la polarización que he notado sobre el tema, creo sinceramente que nuestro país sí necesita este tipo de debates. Sobre todo a la luz de las críticas que ha habido a nivel global tanto de la métrica PIB, como de la medición de la desigualdad. En esta ocasión comentaré sobre el PIB y las medidas de bienestar y la semana que entra sobre la medición de la desigualdad.

Las críticas al PIB ya tienen muchas décadas. De hecho, el mismo ‘creador’ del PIB, Simon Kuznets, Premio Nobel de Economía en 1971, dijo que el PIB no debía de ser tomada en cuenta como medida de bienestar. Cuando Kuznets presentó el PIB en 1934 al Congreso de Estados Unidos, advirtió que el PIB era una medida de volumen de producción de la economía y que, entre otras cosas, no tomaba en cuenta el trabajo que se lleva a cabo en los hogares, por ejemplo. Así, los debates se han centrado entre crecimiento y desarrollo e inclusive se han ido desarrollando métricas para complementar el PIB desde una arista de bienestar de la población. Entre estas métricas se encuentran tres que me parece muy relevante destacar:

(1) Índice de Desarrollo Humano (IDH). Este índice —creado por el economista paquistaní Mahbub ul Haq, en 1990 y que lo estima el Programa de Desarrollo de la ONU de manera periódica—, contempla tres factores: (a) Esperanza de vida al nacer; (b) educación, sobre todo el grado de alfabetización adulta y el nivel de estudios; y (c) el PIB per cápita, evaluando el acceso a los recursos económicos necesarios para que las personas puedan tener un nivel de vida ‘decente’. Este índice va de cero a uno, siendo cero la calificación más baja y uno la más alta. ¿Cómo le ha ido a México? De 1990 a la fecha, el IDH de nuestro país ha crecido de manera casi ininterrumpida de 0.65 a 0.77 en 2018, la última medición. No obstante lo anterior, otros países han crecido más y en el ranking, México ha caído del lugar 48 en 1990, al lugar 76 en 2018, entre 189 países considerados. Así, México es la decimoquinta economía del mundo en términos de PIB y la número 76 en desarrollo humano.

(2) Índice de Felicidad Mundial. Al igual que en el Índice de Desarrollo Humano, en el índice de felicidad se toma en cuenta el PIB per cápita y la expectativa de vida. Sin embargo, los economistas Jeffrey Sachs y Richard Layard —entre otros—, incorporaron en el Índice de Felicidad Mundial algunas mediciones de apoyo social, libertad, generosidad y percepción de la corrupción. Aquí quiero destacar dos cosas: (a) México se encuentra en el lugar 23, de 156 países. Somos un país ‘feliz’, pero no tanto como lo indicaría nuestro decimoquinto lugar en el PIB global; y (b) a nivel global, la felicidad cayó del periodo 2008-2012 al periodo 2017-2019, pero el país en el que más cayó la felicidad fue Venezuela. De hecho, este índice lo ubica actualmente en el lugar 108.

(3) Índice de Progreso Social. El profesor de la Universidad de Harvard, Michael Porter, lideró un esfuerzo para desarrollar este índice con un enfoque todavía más holístico que los otros dos anteriores. Fundamentado en los escritos de los nobeles, Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Douglas North, el Índice de Progreso Social toma en cuenta 54 indicadores, comprendidos en tres ramas: (1) Las necesidades humanas básicas, como la mortandad infantil, así como la tasa de homicidios; (2) aspectos de bienestar, como el acceso a la educación básica, expectativa de vida y temas ambientales; y (3) oportunidades, como la libertad política, el nivel de discriminación y la participación de la mujer en la economía, entre otros. Es un índice muy completo. En este índice, México se encuentra en lugar 48, un lugar por arriba de Colombia, pero un lugar por debajo de Perú, de un total de 149 países.

En resumen, considero que el PIB no puede entrar en desuso. Tiene que seguirse midiendo porque es una medida objetiva y de fácil comparación en el tiempo y a nivel mundial. Además, los indicadores de bienestar utilizan el PIB como parte de sus métricas. En este sentido, coincido con el Presidente en que hay que medir el bienestar. Inclusive, se pueden diseñar políticas económicas orientadas a obtener resultados en dichos índices. Recordemos que a diferencia del PIB, que observa fluctuaciones de alta frecuencia, los índices de bienestar no cambian tan rápido, debido a que se necesitan cambios estructurales para que reflejen alguna variabilidad relevante. Cabe señalar que además de los indicadores que menciono a lo largo de este espacio, el Inegi ya tiene un seguimiento metodológico y secuencial de varias medidas de bienestar, inclusive por entidad federativa (https://www.inegi.org.mx/app/bienestar/).

Director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF. Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.