Francisco Javier Acuña

El INAI ante el Senado de la república

Se trata de un ritual que se compone de una experiencia de doble significado: el deber de informar y la oportunidad para explicar a los integrantes de esa soberanía las acciones realizadas durante un año.

El autor es comisionado del INAI .

Hoy mi compañera Blanca Lilia Ibarra Cadena acudirá a rendir el informe anual del INAI. En el mensaje que lleva están las palabras que unen el conocimiento y el consentimiento de los siete integrantes del Pleno del INAI, al oír su voz nos sentiremos aludidos Josefina Román, Julieta del Río, Oscar Guerra, Eugenio Monterrey, Adrián Alcalá y un servidor. Tuve el privilegio de acudir con la condición de presidente, tres veces: la primera en 2018, y con la actual integración senatorial en 2019 y 2020.

Cada año, el colegio de comisionados del INAI, representados por el comisionado que ocupa la presidencia, comparece ante el Pleno del Senado. Se trata de un ritual que se compone de una experiencia de doble significado: el deber de informar y la oportunidad para explicar a los integrantes de esa soberanía las acciones realizadas durante un año y, especialmente, el informe implica un auténtico ejercicio informativo desde la perspectiva de la 'rendición de cuentas'.

Y, es también, la enorme oportunidad de responder los cuestionamientos de las personalidades que encarnan la Cámara alta, las y los senadores reflejan la postura de los grupos parlamentarios y de los senadores independientes. Hablamos de la inmejorable ocasión para exponer de modo puntual aspectos relevantes de la trama diaria de una institucional que, a pesar de casi dos décadas desde su comienzo como IFAI, sigue causando profundas controversias en la clase política nacional.

Desde su creación como institución, el IFAI (el Instituto Federal de Transparencia y Acceso a la Información, precedente del INAI) que abrió sus puertas al público en junio de 2003, tuvo que conocer directamente la animadversión de las áreas desacostumbradas a cualquier dosis de escrutinio, indudablemente: las pertenecientes al bloque de la Seguridad Nacional y la Seguridad Pública; las que realizan la actividad fiscal y el complejo problema con la seguridad financiera y, en general, la permanente preocupación funcionarial a ponerse en peligro laboral por abrir algo que pudiera/debiera mantener cerrado bajo la fórmula de "más vale prevenir que lamentar".

Y cómo no habría que darle sentido a ese tipo de dudas funcionariales; no podemos olvidar que durante largas décadas el oficio público mexicano se afincaba en el valor del 'silencio oficial' dado que, si algún ciudadano se tomaba el atrevimiento de preguntarle de manera respetuosa y pacífica cualquier cuestión, lo más probable era que no recibiera respuesta desde la lógica: 'el silencio administrativo' como una 'patente de corso'.

Aunque parezca que aquello se ha superado olímpicamente, no es así, 'polvos de viejos lodos' al casi cumplirse la mayoría de edad de esta nueva institucionalidad, 18 años el próximo junio, urge redoblar el esfuerzo y mantener la conciencia crítica con la que la ciudadanía exige al INAI y a los órganos garantes de los similares de estados de la república. El Senado es origen y destino para el INAI, ahí nos nombran comisionados y ahí rendimos cuentas. La historia consignará cómo y de qué manera la clase política con responsabilidades administrativas da la cara a la gente, al INAI tan solo le corresponde auxiliar al gobierno a explicar lo que hace o dejaron de hacer, presumiendo que así cumplían su deber.

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