Un extraño enemigo
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Un extraño enemigo

15/07/2019
Actualización 15/07/2019 - 12:43

Una de las frases que se repiten en los evangelios de Lucas y de Mateo parece ser, desde hace muchos años, una de las máximas que rigen la vida de López Obrador. De acuerdo con sus dichos y sus actos, parece que lo ha acompañado en, prácticamente, toda su vida política, y hoy retoma fuerza con la salida de Carlos Urzúa del primer gabinete de la 4T.

La frase en cuestión, que los evangelios adjudican a Jesús, reza: “El que no está conmigo, está en mi contra”, y bajo ella como premisa hemos visto salir del círculo cercano del ahora presidente a una gran cantidad de personajes que actuaron en contra o de forma paralela a lo que él esperaba.

Tras la entrevista que concedió Urzúa a Hernán Gómez Bruera -y publicó Proceso el día de ayer-, las redes sociales y los comentaristas cercanos al presidente y al partido en el poder se lanzaron violentamente en contra del exsecretario de Hacienda, a quien llamaron traidor, cuando menos, y al que le dirigieron numerosas ofensas y ataques.

Se entiende, por la respuesta de sus detractores, que Urzúa toca fibras sensibles para el gobierno, particularmente al declararse en contra de la urgencia de todos los proyectos emblema del lopezobradorismo: la cancelación del NAICM, la propuesta de Santa Lucía, la refinería en Dos Bocas, el tren maya… Se atrevió, incluso, a hablar en contra de dos personajes emblemáticos del gabinete: Alfonso Romo y Manuel Bartlett (el último, cuestionado por varias alas de Morena y de la izquierda por su pasado priista y su supuesta responsabilidad en las elecciones de 1988).

La 4T tiene todas las miradas encima por la expectativa que generó con su victoria y por todos los cambios que prometió. Sin embargo, los reflectores que agradecieron cuando el triunfo se replicó en periódicos y pantallas, hoy resultan un estorbo cuando se cuestiona o se pone en entredicho el trabajo que, a más de seis meses de iniciado, todavía no rinde los frutos prometidos.

Cada nueva administración, a cualquier nivel de gobierno, se ve en algún momento comparada con sus antecesoras. En este caso, es inevitable pensar si en las administraciones anteriores, con todas sus fallas, se habría permitido atacar y denostar a un servidor público saliente sólo porque no estuvo de acuerdo de forma total con lo que el titular del Ejecutivo planteaba.

La virulencia con la que atacan hoy a Urzúa se ha visto replicada una y otra vez contra todos los que osan salirse de la idea que los morenistas se crearon sobre ellos. Hace una semana el destinatario fue Carlos Ballarta, tras las declaraciones sobre su salida de La Maroma Estelar y los comentarios que aludían a la censura impuesta por Hernán Gómez, el autor de la entrevista para Proceso. Es algo que se repite de manera sistemática y ahora más evidente gracias a las redes sociales.

En ese oleaje de críticas que parecen no tener otro sentido que mantener en el pedestal la imagen de López Obrador, la incongruencia ha alcanzado al mismo Gómez Bruera, quien ha sido atacado por tener el “atrevimiento” de entrevistar al “mayor traidor” de la 4T. Si usted, lector, cree que nada de esto tiene sentido, anímese y sepa que somos muchos los que no sabemos a dónde quieren llegar con tantos ataques.

La única -triste- certeza que tengo es que hay un andamiaje encargado de convertir en el famoso “extraño enemigo” a cualquiera que cuestione al presidente, al partido o a su proyecto -incluso si los cuestionamientos pretenden defender los mismos ideales que supuestamente abandera su administración. Los bots siguen trabajando día y noche. Probablemente a la hora en que usted, lector, termine esta columna, los medios del Estado y sus titulares ya habrán salido a reforzar las versiones que se quieran imponer desde la mañanera. La comunicación oficial que, asegura, quiere terminar con los monopolios informativos, actúa en sentidos contrarios a la libertad de expresión, limitando o anulando todo punto de vista que no sea el que complace a sus cúpulas.

Aunque cada vez es más claro que lanzarse a una discusión en las redes sociales es perder el tiempo y hasta la cordura, vale la pena que sigamos alimentando un Debate Puntual en todos los medios de comunicación disponibles; un debate que fomente la pluralidad de voces; el respeto a todas las expresiones, en especial a aquellas que disienten con objetividad y con argumentos; la construcción de una democracia real, en la que quepan todos los puntos de vista interesados en el crecimiento del país. El verdadero cambio nos involucra a todos, y es algo que tendrán que entender quienes hoy conforman las altas esferas del gobierno mexicano.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.