T-MEC: ¿dónde está, a 135 días de su firma?
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T-MEC: ¿dónde está, a 135 días de su firma?

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T-MEC: ¿dónde está, a 135 días de su firma?

15/04/2019
Actualización 15/04/2019 - 12:16

Perdió momentum. Se interpuso la agenda política interna. Dejó de ser prioritario. Algo pasó, pero el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), antes rodeado de reflectores, hoy batalla por llamar la atención de los legisladores de cada país firmante.

Parecen lejanas las negociaciones entre los equipos de Peña Nieto, Trump y Trudeau que acapararon la atención de los medios de América del Norte durante meses, hasta la firma del acuerdo el 30 de noviembre de 2018. En México, al día siguiente, un nuevo gobierno impuso una nueva agenda política. En Estados Unidos, el presidente está instalado en la campaña en la que se jugará su reelección para 2020, y algo similar ocurre en Canadá con un primer ministro que debe llamar a elecciones federales en otoño, al tiempo que encara un escándalo de corrupción que atenta contra su alta popularidad.

Después de que las noticias sobre el T-MEC pasaran desapercibidas en prácticamente todos los medios nacionales, a principios de abril, una declaración desde el Congreso estadounidense trajo de nuevo la atención al Tratado, y urgió las respuestas del gobierno mexicano. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, advirtió que la ratificación del T-MEC no ocurriría si México no tenía una reforma laboral acorde con lo negociado entre los tres países. “Tenemos que ver evidencias de lo que está pasando, no sólo que pasen una ley, sino que implementen la política”, sentenció como con ganas de poner el tema en la congeladora por tiempo indefinido.

El gobierno de López Obrador respondió unos días más tarde con la aprobación, en comisión de la Cámara de Diputados, de la reforma laboral acorde con el T-MEC. Ahora el documento está en manos del Senado, aunque en el camino hay otras variables que pueden o no cumplirse, como lo señaló Pelosi. Un hecho relevante es que, según el acuerdo, entre 40 y 45 por ciento de los trabajadores de las armadoras mexicanas de vehículos tendrían que ganar 16 dólares por hora trabajada, algo que deberá ser aplicado a más tardar en 2023 por todas las empresas del ramo instaladas en México, pero que en la práctica se antoja lejano, según admitió la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores en agosto del año pasado. El Consejo Coordinador Empresarial también ha mostrado su descontento con algunas de las cláusulas del Tratado, argumentando que EU pide leyes laborales que ni ellos tienen.

En Estados Unidos, la reelección de Trump puede jugar en muchos sentidos en contra del T-MEC. Tan solo el cierre de gobierno retrasó los tiempos de varios procesos internos del gobierno estadounidense para revisar el documento firmado por su presidente. Así como ha usado el tema de la migración, en la campaña para ser reelecto Donald Trump puede invocar la cláusula de terminación del Tratado si así le sirve para ganar adeptos, lo mismo que para terminar cualquier desencuentro entre demócratas y republicanos. Muy fácilmente, el T-MEC podría salir de la lista de prioridades del Congreso de nuestro vecino del norte, auspiciado por desacuerdos con el texto existente por parte de Demócratas y de líderes sindicales, y ser votado quizá hasta después de la elección del 2020. Sobre la mesa siguen las exigencias de Canadá y México para que Estados Unidos retire los aranceles sobre el acero y al aluminio, algo que condiciona, para ambos países, la ratificación del acuerdo.

Para Trudeau, las preocupaciones son aún más personales que una posible reelección. La prensa canadiense habla poco sobre el CUSMA, como se conoce en ese país al Tratado, sin embargo, el caso de corrupción que involucra al primer ministro es tema diario en los sitios de noticias más leídos en Canadá. Tráfico de influencias, obstrucción de la justicia e interferencia política son algunas de las acusaciones en contra de la Oficina del Primer Ministro. Trudeau, quien era conocido por ser un gobernante cuyas acciones no parecían las de un político, hoy enfrenta el descrédito y está inmerso en ataques entre miembros de la oposición que buscan aprovechar la coyuntura para crecer de cara a las elecciones venideras. En el tema legislativo, el proceso electoral de octubre impone otro obstáculo a la ratificación del acuerdo pues, como podría ocurrir en Estados Unidos, los legisladores tienen la oportunidad de usar como rehén político el destino del libre comercio en América del Norte, sobre todo cuando existe la impresión de que el T-MEC no es un acuerdo justo para Canadá.

En nuestro cotidiano Debate Puntual, vemos muchos factores que interfieren en el avance de la ratificación del Tratado de libre comercio de América del Norte. Aunque existe voluntad entre algunos sectores de los tres gobiernos, las agendas políticas internas no tienen como prioridad la validación, particularmente porque los opositores en Estados Unidos y Canadá parecen no creer en las bondades con las que presidente y primer ministro vendieron el pacto. En un escenario en que los tres países quieren evitar a toda costa renegociar el documento original, ¿qué nación será la primera en ceder? ¿Cuánto más tendremos que esperar para la ratificación del acuerdo?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.