No se gobierna con buenos deseos
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

No se gobierna con buenos deseos

COMPARTIR

···

No se gobierna con buenos deseos

14/01/2019
Actualización 14/01/2019 - 20:46

La última fue una semana complicada para muchos mexicanos. En la zona centro del país no entienden por qué el presidente asegura que no hay desabasto de combustibles, pero los conductores deben hacer filas de horas o días para cargar el tanque con lo que la buena voluntad del despachador y de la gasolinera provean, al tiempo que se multiplican las estaciones cerradas y los tiempos de espera para recibir unos cuantos litros. Es fácil comprender a los automovilistas: en medio del discurso contra el huachicoleo, se ha limitado el abasto de uno de los productos de consumo cotidiano para millones de personas, que afecta a nivel personal y como sociedad debido a sus implicaciones en el transporte de mercancías y de pasajeros.

Para desmarcarse de sus antecesores (y de todo lo que, según él, oliera a la "mafia del poder"), López Obrador lanzó la ya conocida serie de promesas y propuestas que, a pasos forzados, hoy intenta implementar. Nos quieren hacer creer que la "mafia", los "conservadores", la "prensa fifí" o la oposición son los que frenan el avance de tan ambiciosa agenda pero son ellos mismos, desde el gobierno federal y su mayoría en el Congreso, los que -ya por la euforia de su triunfo, ya por inexperiencia, ignorancia o simple desinterés- han puesto el acelerador en una travesía con la milagrosa 4T como destino, pero sin rutas bien definidas.

Lo hemos visto una y otra vez: errores en la legislación, omisiones a la hora de trazar las decisiones, torpeza en la implementación de las propuestas. La justificación para que los morenistas, conductores novatos, pisen a fondo el acelerador, es la prisa con la que quieren entregar todo aquello que prometieron a sus votantes, aunque a veces no existan las bases para ello (muy similar al infame muro que Donald Trump quiere, sí o sí, para beneplácito de sus seguidores).

¿Cuántas versiones escuchamos la semana pasada sobre el desabasto de gasolina? ¿De cuántas contradicciones, mentiras o "realidades paralelas" fuimos testigos? A una semana, perdura la incertidumbre: ¿en verdad el cierre de ductos era la mejor forma de acabar con el huachicoleo? ¿Era la manera más eficaz? Los trastabilleos, omisiones y adecuaciones en el discurso oficial no han hecho más que aumentar la suspicacia. A eso se suman coincidencias inoportunas como que en Puebla, uno de los estados públicamente reconocidos como bastiones de grupos huachicoleros, no exista tal cosa como el desabasto de combustibles. La elección de gobernador interino no tiene nada que ver con el milagro, nos dirán los portavoces de la 4T.

Ante la falta de transparencia existente durante la primera gran crisis del sexenio, López Obrador no abona a la comunicación gubernamental. Emulando a Cárdenas, hace un llamado a la ciudadanía para que, con apoyo y comprensión, enfrente el inusual desabasto y, de paso, ayude a terminar con el huachicol. Lo que Cárdenas pidió en especie el siglo pasado, hoy AMLO lo exige a través de la participación sumisa: no se quejen, aguanten, denme el visto bueno; después celebraremos el triunfo sobre el mal.

Con sus debidas dimensiones, AMLO inicia su sexenio con la guerra contra el huachicol, como Calderón tomó la guerra contra el narcotráfico de bandera para su administración. ¿Estamos entrando a otro círculo vicioso donde el fin (la buena intención gubernamental) justifica los medios? ¿Puede desencadenarse otra espiral de violencia por una supuesta buena intención?

A las versiones de que México disminuyó la importación de gasolina, el presidente contesta con acusaciones, epítetos y señalamientos antes que con argumentos, llamando un medio "no serio" al Wall Street Journal. El desabasto, nos dice, es culpa del sabotaje a los ductos, no de la pobre implementación de su estrategia. Se vuelve cada vez más difícil entender la mente de un hombre que a veces amanece Maduro y otras tantas amanece Trump. Si el culpable no es la oposición, probablemente sean los medios, parecen decir a coro.

No cabe duda, las razones detrás de los cierres de ductos son las más loables y, en ese sentido, el gobierno merece el respaldo de la población. A cambio, lo que exigimos desde la ciudadanía es una estrategia que afecte lo menos posible la vida cotidiana, que no genere nerviosismo, que no alimente la desconfianza en las instituciones. La falta de un plan coherente, a la par de una comunicación errante han empantanado los buenos deseos. Un gobierno incapaz de entenderlo, un gobierno que se victimiza o que culpa a otros antes que aceptar sus errores, debe hacer un serio examen de conciencia para entender su rol y la importancia de la coherencia al ejercerlo.

El problema parece radicar en que la coherencia será la gran ausente de este gobierno. Además de la crisis -comunicacional y estratégica- de combustibles que marca los primeros 45 días de la administración de López Obrador, la propuesta para becar al sector poblacional conocido como 'ninis' trae consigo una nueva carga de opacidad, al permitir y promover la participación de Argos (empresa del documentalista personal de AMLO, Epigmenio Ibarra) en la “capacitación” de un número aún desconocido de jóvenes. Pensado en las buenas intenciones del gobierno federal, ¿cómo hará la Secretaría del Trabajo para asegurarse de que la casa productora no se convierta en un centro de evangelización política pro-Morena? ¿Entre sus atribuciones estará garantizar la imparcialidad política de la capacitación/educación de los jóvenes mexicanos? Con el marcado sesgo a favor de Epigmenio Ibarra en esta decisión, se entiende difícil que el gobierno federal intente, siquiera, frenar cualquier esfuerzo de educación política a su favor en esta o cualquier otra empresa que se apegue al programa.

Mientras hay voces que llaman exageración las quejas y la preocupación en torno al desabasto de gasolina, hay otros que recuerdan lo críticos que fueron el propio AMLO y sus seguidores con las administraciones pasadas. ¿Nos podemos dar el lujo de ser electivos sobre los gobiernos que se pueden criticar y los que no? Lo dudo. Apenas puedo imaginar las arengas y las convocatorias a movilizaciones antigobierno que hubieran surgido ya si esto hubiera ocurrido con Calderón o Peña Nieto. Serían tan válidas en ese entonces como lo son ahora las muestras de alerta de muchos sectores ciudadanos. Lo que debe ser repensado es el doble rasero con el que lanzamos juicios en México. Para nuestro Debate Puntual, dejo lo siguiente sobre la mesa: la democracia no se construye desde la fe ciega, desde el fanatismo ni desde la autocomplacencia. El espíritu crítico y objetivo es fundamental para que una sociedad se transforme realmente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.