De 'inconformes' a 'generadores de inconformidad'
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De 'inconformes' a 'generadores de inconformidad'

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De 'inconformes' a 'generadores de inconformidad'

24/12/2018

'La vida da muchas vueltas', según reza el dicho popular, y el partido en el poder lo está aprendiendo a la mala. De poco sirvieron los meses que tuvieron desde las elecciones de julio para entrenarse en el complicado arte de ser gobierno. De un día para otro, dejaron de ser los eternos inconformes para convertirse en quienes generan la inconformidad de la ciudadanía.

¿Pecarían de ingenuos al pensar que, una vez instalados en las altas esferas del Gobierno, pasarían tranquilamente sus propuestas mediante el Ejecutivo y el Legislativo, bajo la mirada complaciente de los mexicanos? O, de plano, ¿decidieron seguir adelante con su agenda sin importarles quiénes saldrían de inmediato a demostrar su malestar?

Ambos escenarios parecen ajenos a un Gobierno que se autoproclamó seguidor de la voz del pueblo. ¿Qué dirán tras esta semana que se hicieron escuchar varias de las voces que conforman nuestro pueblo plural? ¿Las escucharán o habrán oídos sordos para estos sectores? Seguir con la teoría del “pueblo bueno” (aquel, según parece, que coincide con los deseos del Gobierno) no sólo será un obstáculo para construir acuerdos en el país, sino que profundizará las de por sí marcadas divisiones que existían desde antes de las elecciones y que se han hecho más evidentes conforme se acomodan los morenistas en el poder.

Bastó que se tocara el tema del dinero para despertar la discordia en más de un sentido y en más de un sector. El PEF 2019, aprobado en la madrugada de este lunes, rompió varias de las promesas de campaña de López Obrador (en un inicio proponía recortes a la educación, la cultura, la ciencia, el campo, la infraestructura, el emprendedurismo y los órganos autónomos; en contra de toda promesa, propuso también aumentos considerables a la comunicación gubernamental).

El descontento se ha hecho latente: artistas, sindicatos y representantes de distintos sectores de la cultura; rectores y sindicatos de las universidades públicas; campesinos; gobernadores y legisladores han levantado su voz en contra del PEF propuesto por el presidente y su partido.

Reclaman incongruencia entre el discurso político y la realidad. Por supuesto, reclaman porque sus sectores se ven amenazados con un estancamiento por falta de recursos.

AMLO aceptó su error frente a las universidades, se le aplaudió desde los sectores usuales. ¿Por cuánto tiempo seguirá sirviendo como excusa el “aprendizaje” del nuevo Gobierno y sus legisladores para soslayar todos los errores que han cometido?

No es la primera vez que los documentos salen con “erratas” desde el Legislativo. ¿A los cuántos errores se vale pedirles la renuncia a nuestros legisladores? La 4T logró lo que los funcionarios públicos desearon durante décadas: que la ciudadanía los defendiera a pesar de sus fallas. Claro, que la defensa sólo aplica para aquellos que cubre el misterioso manto de “honestidad valiente” lopezobradorista.

Para sumar a la semana de descontentos, el tema de los despidos masivos en dependencias federales, particularmente en la Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia, el SAT y la SCT, explotó en los medios, evidenciando la ruptura entre la realidad y el discurso de conciliación política que esgrimió el entonces presidente electo.

Con muy poco tacto se exigió la renuncia de los trabajadores, algunos de ellos con más de 25 años de servicio continuo en sus dependencias. Una más a la lista de mensajes contradictorios: con el fin de dar lugar a la cuestionada política de austeridad, se afecta a miles de familias de servidores públicos.

El actual Gobierno ha trastabillado durante sus primeros 23 días. Errores en las propuestas de legislación; decisiones populares y efectistas, pero poco claras o sin fundamento (para muestra, todavía no conocemos la estrategia de recaudación del nuevo gobierno); recortes presupuestales a ramos que juró ayudar a crecer; despidos con tinte político a servidores públicos.

Con la Presidencia, el Congreso y los recursos en sus manos, ¿qué necesita el gobierno para construir el México que tanto prometió, sin defraudar a sus votantes, con decisiones que en verdad beneficien a todos los mexicanos, siendo congruente con sus promesas y su discurso, y actuando acorde a las necesidades del país?

El “pueblo bueno”, ¿cuántas oportunidades le dará a este Gobierno antes de exigir los resultados que tanto le prometieron? Mientras lo dilucidamos con un Debate Puntual, esperaremos a ver cuánto tarda en darse cuenta el gobierno que ya no puede jugar al inconforme: es su turno para atender las inconformidades de la sociedad que gobierna.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.