Un país sin mañana
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Un país sin mañana

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Un país sin mañana

08/07/2019
Actualización 08/07/2019 - 15:37

Una palabra que no suele aparecer en el florido vocabulario del presidente López Obrador es 'futuro'. Quizá porque no vislumbra el mañana y su idea de nación se agota en él.

Al revisar sus discursos, sermones y libros, el término sólo aparece referido a uno de sus programas sociales: Jóvenes Construyendo Futuro. El futuro no es el horizonte que debamos alcanzar: es un programa de un año para que los jóvenes aprendan, en el mejor de los casos, una ocupación. Pero también es un subsidio del gobierno federal a los estatales para que contraten, por ejemplo, a los jóvenes para 'cuidar parques': carne de cañón electoral.

La mejor forma de modelar el futuro es mediante la educación, desde las guarderías y estancias infantiles hasta los estudios de posgrado y los centros de investigación. Conviene hacer un breve recuento de cómo están las cosas.

Las estancias (donde los infantes practicaban la primera motricidad, socializaban y aprendían las nociones básicas de higiene) desaparecieron. Que cada familia se las arregle como pueda. Que las madres dejen de trabajar y regresen al hogar. Que cuiden a los niños los abuelos. La concepción que el gobierno morenista tiene de las guarderías infantiles la expresó recientemente la líder del partido en el poder: una guardería es un lugar donde “se guarda” a los infantes. Irresponsabilidad e ignorancia.

En la educación básica se operó a la fuerza (con memorándums presidenciales violatorios de la ley) una contrarreforma educativa. No más evaluaciones a los maestros: el sindicato de Elba Esther o la civilizada Coordinadora será la encargada de designar quién enseña, quién puede obtener una plaza (heredada o comprada), pero sobre todo, qué se enseña. A pesar de que durante años el presidente criticó la reforma educativa peñista porque era, a su juicio, sólo una reforma laboral y no contemplaba contenidos, ahora, a mes y medio de comenzar el nuevo ciclo escolar, no se han presentado los nuevos planes de estudio (los contenidos) y ni siquiera se van a tener listos los libros de texto ni los materiales de apoyo.

Se ha dicho que se van a dejar de imprimir millones de libros (luego del escándalo que involucró al compadre del presidente) y que estos se podrán consultar por internet. Meta difícil de cumplir si, como dice López Obrador, sólo el 30 por ciento del país tiene acceso a la red. Los niños, a decir de Esteban Moctezuma, podrán copiar en los exámenes y pasar de año con su sola asistencia, sin que importe qué tanto aprendieron. En resumen: la educación en manos del sindicato, sin planes de estudio, sin libros de texto, con clases y exámenes sin exigencia alguna...

En 15 años, en el próximo relevo generacional, ¿qué clase de jóvenes resultarán de esta promoción? Unos jóvenes para los que el estudio no significa exigencia y rigor. Todo esto conforma la receta perfecta de un México sin mañana.

No ofrece un mejor panorama la educación superior. El dato más evidente es el recorte presupuestal a las universidades públicas. Los embates del nuevo gobierno hacia la UNAM no se hicieron esperar. Ante la negativa de Rectoría de ampliar sin ton ni son la matrícula de la Universidad (¿con qué maestros calificados, en qué aulas?) reaparecieron los porros y los severos recortes presupuestales: menos presupuesto a la UNAM y un presupuesto desproporcionado a las 'Universidades' Benito Juárez, donde los jóvenes podrán graduarse, entre otras cosas, en licenciaturas de beisbol. Mientras tanto, crece la presión política para imponer en la UNAM como rector al esposo de la secretaría de la Función Pública, que ostenta un doble doctorado, al parecer, en Ideología y Propaganda. De ocurrir esa anomalía, la UNAM imitará los modos de la UACM, las universidades del presidente: ingreso por sorteo, nulo rigor, títulos inservibles. La educación vista como formación de cuadros del partido.

¿Y después de la universidad? A pesar de que la directora del Conacyt cursó sus estudios de posgrado en el extranjero, ahora ella opina que eso es innecesario. No más viajes para congresos ni para intercambiar información. Cancelación de las suscripciones de los datos de bases en los centros de investigación. 500 millones a las universidades del beisbol, pero en los centros de investigación de excelencia se cancela el aire acondicionado y se suspenden las actividades después de las seis de la tarde, para no gastar en electricidad.

Antonio Lazcano, uno de los científicos más brillantes del país, afirmó hace unos días: “No creo que sea una exageración decir que si cancelas las opciones académicas y de investigación científica, en humanidades, en artes, lo que haces es condenar el futuro de millones de niños y jóvenes que van a vivir en un mundo nacional encerrado en sí mismo” (Laberinto, Milenio, 6/Julio/19).

Un futuro que se organiza desde el poder sólo en función de una nueva hegemonía política. “Después de mí, el diluvio”, pareciera ser la divisa de la presidencia de López Obrador. Un México sin mañana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.