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No al encono

17/12/2018
Actualización 17/12/2018 - 15:40

Confieso que no entiendo el estilo personal de gobernar de Andrés Manuel López Obrador.

Vivimos en un país profundamente desigual e injusto. Los retos son enormes. En todas las áreas –el agua, la energía, la inseguridad, la pobreza, la educación– hay problemas y desafíos extraordinarios.

Entonces, ¿por qué en vez de convocar a la unidad atiza el encono?

No me refiero a la unidad homogénea del discurso único (¡fuera de la revolución nada!, decía Fidel) sino a la pluralidad dentro de la unidad.

¿Cómo piensa resolver los grandes problemas nacionales con un país dividido? Ganó con un tercio de los votantes inscritos en el padrón y en vez de reconocer que la gran mayoría no votó por su proyecto, actúa con la prepotencia del que arrasó.

El aeropuerto al basurero, a pesar de que al parecer nos saldrá más caro suspenderlo que continuarlo, para demostrarles a los grandes capitales quién manda aquí. ¿No era mejor, por el bien del país, llegar a un acuerdo con ellos?

En una de sus conferencias habló de futuras consultas para promover expedientes “en contra de miembros del sector privado que participaron en el periodo neoliberal”. ¿La idea es: los voy a obligar mediante amenazas para que se dobleguen a mi proyecto en vez de convocarlos a trabajar juntos?

Carlos Slim le propuso a López Obrador, antes de la primera “consulta”, terminar el NAIM con capital privado. No sólo no aceptó, sino que en su discurso de toma de protesta afirmó que la “privatización ha sido sinónimo de corrupción”. No debemos olvidar que la más emblemática privatización fue la de Telmex, empresa de Slim. ¿Serán las amenazas y chantajes la mejor forma de sumarlo a su proyecto?

Se trajo de Canadá a Napoleón Gómez Urrutia, pese a la desaprobación de la opinión pública, y se le dio fuero para que pudiera negociar con los empresarios mineros desde la posición de fuerza de la amenaza de huelga de los sindicatos.

Con amenazas y chantajes, con desplantes y manotazos no se construye unidad para sacar adelante al país.

Gobierna para los suyos, con los suyos, bajo sus términos, que son simples: conmigo sólo si te doblegas.

En su discurso en el Congreso no planteó gobernar para todos.

Rodeado de sus fieles piensa transformar el país. De sus fieles, no de sus simpatizantes. De aquellos que lo ven como un iluminado. No me refiero al mesías tropical de Krauze, sino a las palabras del presidente de la Cámara de Diputados, al que el presidente se le reveló como “un místico, un cruzado, un iluminado”.

El iluminado, el cruzado, el místico (en unión purísima con el pueblo) necesita una iglesia que le funcione como partido: Morena.

¿Exagero los términos de esta cruzada mística? Ayer el gobierno “laico” de López Obrador encabezó el “ritual de los pueblos originarios a la madre tierra para la aprobación de la construcción del Tren Maya”. Al circo de los símbolos se añade este. No se cuenta con estudio de impacto ambiental, pero ya se le pidió permiso a la Madre Tierra.

¿Se va a gobernar así? Consultas arbitrarias y fraudulentas. Economía del capricho. Chantajes y amenazas a unos, circos rituales a los otros.

Y en medio, el Ejército. policía militarizada, más efectivos, aumento sustancial del presupuesto a Defensa. Si no estás conmigo, estás contra mí. Y si estás contra mí estás contra el pueblo. Y los soldados son del pueblo.

¿Cómo va a poder arreglar López Obrador el gravísimo tema de la inseguridad con un país dividido? La experiencia (Ciudad Juárez, Tijuana, Monterrey) muestra que sólo con la colaboración del gobierno, los empresarios, los medios y la sociedad civil se puede acotar, ya que no terminar, con los altos niveles de violencia.

Circo para el pueblo, garrote para los empresarios. Nosotros los pobres y ustedes los fifís. Nosotros el pueblo noble comandados por el cruzado y ustedes los neoliberales con sus competencias y meritocracias.

La competencia es mala, porque el Estado debe armonizar. Es el Estado, y no el mercado, el que debe definir los ingresos y los salarios. Es el Estado el que debe normar la vida privada de las personas mediante la constitución moral.

Hace días vimos el auto zarandeado por una turba de un integrante del Poder Judicial, al que confundieron con un magistrado de la Suprema Corte de Justicia. No se trató de un acto espontáneo sino de una estrategia de intimidación social. No tardaremos en ver a esos grupos de choque agrediendo a personas y propiedades, con la total complacencia de la policía. El populismo es la antesala del fascismo.

México necesita un líder, no un jefe de facción. Un líder que convoque a todos –y no sólo a sus fieles o a los que sumisos se doblegan– a un futuro mejor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.