Ni masacres, ni abrazos
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Ni masacres, ni abrazos

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Ni masacres, ni abrazos

16/12/2019
Actualización 16/12/2019 - 13:45

Es falso el dilema. No tenemos que optar entre el mátalos en caliente y el perdónalos porque son víctimas. Podemos buscar un nuevo modelo que combine lo mejor de ambas estrategias –que atienda las causas sociales y que actúe con fuerza en casos ejemplares– o atender otros modelos. Podemos solicitar cooperación internacional.

Está ocurriendo delante de nuestros ojos “el peor periodo de violencia que se tenga registrado en México”. La sangre salpica casi cada rincón del país. El gobierno tiende a negar el problema y dice que vamos muy bien. Dice más: que la alternativa a su modelo “pacificador” es el fascismo. Pero lo que en México se ve cada vez más es el dominio regional por parte de grupos criminales que, por la fuerza, asumen de facto funciones de gobierno: mediante la extorsión cobran impuestos y se encargan de la seguridad. Ya sólo les hace falta encargarse de la educación (aunque el ejemplo que ven los jóvenes en películas y series de hecho los está educando…). Ese dominio actual por la fuerza es fascista. Se equivoca el presidente: la alternativa a su modelo no es el fascismo: su modelo está permitiendo la extensión de modelos fascistas, región por región.

En vivo y en directo (con pésima información oficial) pudimos ver cómo nació un nuevo modelo de violencia. La autoridad actúa, los delincuentes responden secuestrando, y las autoridades ceden. Según el presidente esto es un gran logro porque salva vidas. En la vida real –y no en la propaganda de gobierno– a esto se le llama ceder ante la extorsión. Luego de Culiacán ha ocurrido por lo menos en dos ocasiones más (una de ella en Tecoanapa, Guerrero). Y va a seguir ocurriendo. Es un modelo exitoso.

A un año de gobierno queda claro que la cuarta transformación también consiste en ceder soberanía frente a Estados Unidos. Fue evidente que cedimos ante el chantaje migratorio. Estamos ayudando a uno de los presidentes más xenófobos de la historia americana a detener el flujo de centroamericanos. Destinamos 27 mil soldados para obedecer a Trump. Cedimos también en la reforma laboral. El T-MEC permite supervisiones norteamericanas en México para revisar que ejecutemos bien la reforma. Una nueva cesión de soberanía. Y finalmente, con la llegada de FBI a Chihuahua/Sonora, se abre una puerta que muy difícilmente se volverá a cerrar: la de la “cooperación a fuerza” de los cuerpos norteamericanos en labores de seguridad en México. La estrategia del abrazo se mostró como un fracaso, vamos, para empezar no es una estrategia de seguridad sino un programa de desarrollo social. Interesante a mediano plazo. Hoy es un desastre. Hay quienes no lo ven así. Les pido que revisen en este diario la cifra de muertos de ayer o del fin de semana. ¿Cuántos fueron? ¿Noventa diarios; más de doscientos cincuenta en tres días? Con estos números es francamente irresponsable sostener que el nuevo modelo está funcionando.

Pidió el presidente que le señalaran a miembros de su gobierno que hubieran trabajado con Genaro García Luna, aprehendido en Dallas, supongo que para separarlos de sus cargos. Curiosamente, la cúpula de su gabinete de seguridad trabajó con García Luna. Da la impresión de que la mal llamada estrategia de seguridad de López Obrador consiste simplemente en hacer lo contrario de lo que hizo Felipe Calderón. Calderón y López Obrador (que durante un tiempo, cuando uno era presidente del PAN y el otro presidente del PRD) fueron amigos, visitaban sus casas, hasta que los separó el Fobaproa. Son muy parecidos en muchas cosas, entre ellas en su terquedad. Nadie pudo convencer a Calderón de que su estrategia de la guerra era un error. Le asestó, como le gusta repetir a López Obrador, un garrotazo a lo tonto al panal de abejas. Como ahora nadie puede convencer a López Obrador de que su estrategia de pacificación es un error. Abraza a lo tonto el mismo panal.

Sí hay opciones, alternativas viables a los modelos punitivo y pacificador. Del 6 al 10 de junio de 2011, en plena guerra calderonista, la UNAM y el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional convocaron a un foro “en el que participaron académicos, políticos y miembros de organizaciones civiles de varios países, y que sintetizó el análisis colectivo más importante, crítico y propositivo sobre el tema” (L. Astorga, ¿Qué querían que hiciera?, Grijalbo, 2015). El análisis lo presentó el Dr. José Narro: Elementos para la construcción de una política de Estado para la seguridad y la justicia en democracia. El documento brinda 14 “criterios rectores” para modificar la política de seguridad. Uno de ellos muy claro: “la intervención militar debe ser excepcional y restringida al máximo posible”. La estrategia actual, por el contrario, ha militarizado la seguridad pública y ahora pretende militarizar puertos y litorales. Sí hay alternativas. La dicotomía –abrazos o masacre, perdón o fascismo– es falsa. Hay opciones. La que presentó la UNAM en 2011 es una. Calderón la desdeñó. Es tiempo de volver a revisarla.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.