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Los tiempos comienzan a cambiar

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Los tiempos comienzan a cambiar

09/11/2020
Actualización 09/11/2020 - 13:38

En plena campaña electoral López Obrador viajó a Washington a aplaudirle a Trump; apareció, además, en promocionales de su campaña. López Obrador apostó –como Peña Nieto– por Trump y perdió la apuesta. Finalmente hijos de Trump: López Obrador y Bolsonaro, se niegan a felicitar al presidente electo. López Obrador, deshonrosamente, es el único mandatario del mundo que apoya la versión del fraude de Trump. ¿Qué puede salir mal?

Todo. Nos consolamos con un pensamiento peregrino: somos tan importantes para EU que las tonterías presidenciales en materia de relaciones exteriores no importan, nos las perdonarán para llevar la fiesta en paz con México.

Cuando López Obrador fue a Washington se llevó a cabo una cena en la que Trump lo reunió con la cúpula de las compañías petroleras, que transmitieron al mexicano un solo y simple mensaje: no cambie las reglas del juego. López Obrador no tomó en serio lo que le dijeron y comenzó a operar a favor de Pemex y de la CFE con la idea de que nada se había firmado en el TMEC que comprometiera a la industria energética. Los norteamericanos alegan que el espíritu y la letra del TMEC son claros: México debe tratar a las compañías extranjeras como a las nacionales, privilegiar a éstas es una violación al tratado. Una de las piedras angulares del nuevo gobierno de Biden será la restauración del Estado de derecho, lo que incluye el cumplimiento estricto de lo que se pactó en el nuevo tratado comercial.

Otro punto delicado será sin duda el relacionado con la reforma laboral. Cuando se estaba negociando el TMEC, los demócratas, que veían en el tratado un punto para Trump, pusieron como condición para brindar su apoyo que en México se legislara una reforma laboral en cuyo centro se colocó la libertad de los trabajadores para elegir libremente a sus representantes. La reforma laboral no fue una conquista de la izquierda mexicana. No fue una conquista de este gobierno. Fue la condición que pusieron los demócratas norteamericanos para firmar un tratado que Trump y López Obrador necesitaban.

Aparentemente todo era motivo de celebración. Por fin los trabajadores mexicanos podrían elegir a sus líderes sindicales, pero el gobierno de la 4T se dio cuenta rápidamente de que la reforma era una caja de Pandora. Los trabajadores de los sindicatos de las grandes empresas públicas podrían votar a favor de liderazgos vinculados con la 4T, pero también podrían no hacerlo. Se pensó en reeditar la CTM con Napoleón Gómez Urrutia a la cabeza. Pero el TMEC en materia laboral incluye una novedad: una central telefónica a la cual los trabajadores mexicanos pueden acudir para denunciar ante una instancia norteamericana del TMEC que en su sindicato no se están respetando las normas democráticas para elegir dirigentes. Ese elemento invade la soberanía mexicana, pero todo tratado comercial de la magnitud del TMEC implica cierto grado de cesión de soberanía.

Poco antes de las elecciones, el senador demócrata Ron Wyden envió una carta a Donald Trump, donde detalló que “Estados Unidos aún no ha activado el mecanismo de solución de controversias de respuesta rápida en contra de México, a pesar de que existen claras evidencias de violaciones laborales en territorio mexicano” (“EL T-MEC está en camino de convertirse en una serie de promesas vacías”, El Financiero 30/10/20). El gobierno mexicano planteó que la reforma se haría por regiones, escalonadamente, como una forma de dilatar su ejecución. El gobierno de Trump dejó pasar estas omisiones y faltas al tratado. El nuevo gobierno de Biden, demócrata, no la hará. Exigirá el cumplimiento de lo pactado en materia laboral, para atender a sus bases demócratas. A los muchos problemas de su gobierno, López Obrador tendrá que sumarle el de los nuevos liderazgos laborales resultantes de la reforma.

López Obrador no viaja al extranjero, no porque quiera ahorrarse unos pesos: su sentimiento de inferioridad nos afecta. Sus mentiras no se sostienen. No felicita a Biden porque quiere “guardar las formas” y felicita en cambio, pasadas apenas unas horas de la elección, a los presidentes de Argentina y Bolivia. Su ignorancia de la geopolítica, que escuda detrás de la Doctrina Estrada, lo ha llevado a 'rescatar' a Evo Morales y a dar su apoyo a Trump en plena campaña electoral. Su particular genio diplomático, que lo hace abrir frentes donde no los hay, nos ha indispuesto con España, a quien le ha pedido que se disculpe con México por “los excesos de la Conquista”.

No creo que el nuevo gobierno de Biden tome a la ligera la insinuación de López Obrador de que hubo fraude en su elección. No pienso tampoco que deje pasar las violaciones de México al tratado en materia de derechos laborales, medio ambiente y derechos humanos. No me parece correcto creer que los demócratas van a olvidar el franco apoyo de López Obrador a Trump con su visita. No van a dejar pasar el descontrol en la seguridad interna, la tolerancia hacia el narco ni los ataques a la prensa. Los tiempos comienzan a cambiar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.