Lecciones de un jueves negro
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Lecciones de un jueves negro

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Lecciones de un jueves negro

12/11/2018
Actualización 12/11/2018 - 11:31

“No somos hordas de salvajes”, dice Ricardo Monreal respecto a la bancada de Morena en el Senado. Se agradece la aclaración.

No salvajes –aclaró poco después el que será próximo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa–, solamente entusiastas.

Entusiastas en este contexto quiere decir irresponsables, más aún, vistos los efectos de su entusiasmo: estúpidos.

Provocó la iniciativa de Morena la caída de la bolsa por segunda vez en unos días. La explicación de Urzúa –entusiasmo, embriaguez por la victoria– no bastó. Para apagar el fuego que crearon tuvo que intervenir ya saben quién. (Al parecer recibió sendas llamadas de banqueros españoles quejándose del entusiasmo de los chicos de Morena, según García Soto, El Universal, 10-nov-18.

Esto, también, fue vergonzoso ya que pusieron en evidencia que la palabra del próximo secretario de Hacienda está tan devaluada (si no les gusta el término: depreciada) que tuvo que apagar el incendio el bombero mayor. Durante tres años la iniciativa permanecerá detenida, afirmó rotundo en su casa de la calle Chihuahua. Ante el entusiasmo, la congeladora. “Acotó (López Obrador) que la iniciativa de Morena que propone eliminar la mayoría de las comisiones que cobran los bancos por los servicios que prestan, ‘no tiene que ver con nuestras prioridades’” (La Jornada, 9-nov-18).

Para terminar esta comedia, Yeidckol Polevnsky declaró que la iniciativa no era de Morena. Poco le faltó para decir que ni siquiera conocía a Monreal.

Las lecciones de este episodio son varias. La más obvia es la de constatar la supeditación del Senado (semanas antes le tocó al Congreso) ante el próximo Ejecutivo. Vicente Fox, en 2002, afirmó que “el Ejecutivo propone y el Congreso dispone”. En 2018, y en los tres años siguientes, el Congreso propondrá y el Ejecutivo dispondrá. Y ay de aquel que en las cámaras ose rechazar una iniciativa lanzada desde el montículo del Ejecutivo.

El Senado fue rebajado, contradicho, anulado. Pero como vivimos en el mundo al revés de la postverdad, donde no cuenta la realidad sino una apariencia de realidad alternativa, López Obrador declaró que los legisladores eran libres (pero si no le gustan sus iniciativas las congela tres años, o se deslinda totalmente de ellas, como lo hizo la presidenta del partido.)

Cuando hay una dictadura, señaló López Obrador, “los legisladores están sometidos, no pueden ejercer sus libertades, pero es una democracia lo que queremos que exista en el país y hay libertades” (La Jornada, 9-nov-18).

Nuestros legisladores son libres. Pueden presentar sus iniciativas con entusiasmo. Y el Ejecutivo también es libre. Y le puede enmendar libremente la plana al Congreso. Todos son libres. Pero algunos, no lo olvidemos, resultan ser en la práctica más libres que otros.

En Estados Unidos, Trump perdió su mayoría en el Congreso en dos años. Aquí serán tres años de sometimiento al Ejecutivo, como en los viejos tiempos, para hacer y deshacer, bajo la tutela del Supremo.

Esa es la primera lección. Si no será el Legislativo el Poder de contrapeso al Ejecutivo, ¿lo será el Poder Judicial, los mercados, la sociedad civil, la disidencia individual, intelectual?

Los medios serán el espacio donde se reflejarán estas tensiones. Medios que estarán sometidos al acoso bajo la fórmula: tenemos derecho a defendernos, la comunicación es de ida y vuelta. No parece importarle a Comunicación Social del próximo gobierno la asimetría. No toma en cuenta que las descalificaciones de López Obrador las hace en un contexto en el que el asesinato de periodistas es uno de los más altos del mundo.

Ese acoso no ha hecho sino dar una muestra de lo que vendrá ahora que el 1 de diciembre asuma como comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Las agresiones se multiplicarán. El poder no modera, estimula, exacerba.

Esa voz respondona (derecho de réplica, le llaman) se hará acompañar de un poderoso coro en las redes sociales. Lo que vimos en campaña, multiplicado por los recursos y alcances del gobierno federal.

Más temprano que tarde se les ocurrirá cambiar los libros de texto, por supuesto. Modificar sus contenidos para adecuarlos a esa cursilería que llaman cuarta transformación. Para añadir a Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas como precursores del México democrático.

La segunda lección del episodio de las comisiones de este jueves negro provocado por el entusiasmo de los senadores de Morena, y el posterior sainete, es la puesta en marcha del aparato de la postverdad. Las consultas amañadas son consultas democráticas. La postración del Legislativo se pretende sea vista como acto de independencia.

No es el mundo al revés. Es el discurso al revés.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.