Las razones de la necedad
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Las razones de la necedad

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Las razones de la necedad

09/03/2020

El odio, se disfraza de muchas cosas (hasta de amor), pero es odio. No las dejan hablar. Les pagan menos. Las creen inferiores. Las maltratan, las violentan. Se creen con derechos sobre ellas. Deciden sobre lo que ellas deben y no deben hacer con su cuerpo. Las desechan como si fueran basura. Las odian porque son mujeres.

Durante décadas, las de mi infancia y adolescencia, me acostumbré a ver a mujeres portando grandes lentes oscuros y mucho maquillaje para encubrir los golpes en la cara. Recuerdo casos. Mi prima Tere era golpeada rutinariamente por su esposo, que era policía, debido a sus celos imaginarios. Todos sabíamos que mi primo estaba loco, pero nadie hacía nada para detenerlo. A mi prima le decían que rezara para que su marido cambiara. Todo acabó muy mal, no la mató, pero casi. Recuerdo también el caso de varias tías, todas golpeadas. Mi abuela me contaba que una semana después de que se casó, vio a su esposo arreglándose para salir. Ella le preguntó: “¿A dónde vamos a ir?” “Yo voy a salir, tú te quedas”, respondió él. Como ella protestó, se ganó la primera de muchas golpizas. Se quitaba el cinturón y la azotaba. ¿Por qué mi abuelo la golpeaba si acababa de casarse con ella? Le pegó para marcarle el límite de lo que él podía hacer y ella no. Para enseñarle a golpes, como si fuera un animal. Frank Sinatra, creyendo hacerle un gran elogio, dijo que Eva Gardner era “el animal más hermoso del mundo”. Las ven como animales, ¿pero de dónde el odio?

Si todos venimos de una mujer, ¿en qué momento se tuerce el tronco y el natural amor que un hijo tiene por su madre se trastoca en odio? Es un asunto cultural: niños que crecen creyendo que la violencia y el desprecio contra la mujer son algo natural. Que es normal que las mujeres sirvan, obedezcan, callen, trabajen sin paga. Que la hermana recoja el plato del hermano. Que ella sea la que cocine. La que recoja a los niños. La que se encarga de la casa. Hombres que ven menos a las mujeres porque así vieron que sucedía en su casa. Como también es cultural la absoluta impunidad para el hombre que violenta a una mujer. Ejercen su poder por la fuerza porque no hay autoridad que los detenga. Al contrario, hay un sistema masculino de encubrimiento. Las mujeres no necesitan que los hombres las protejan, lo que necesitan es que los hombres dejen de proteger a quien las violenta.

Se dice que de todas las revoluciones emprendidas en el siglo XX la única exitosa fue la revolución feminista por los avances concretos que logró. Si así fue, se trata de una revolución inconclusa. Lo demuestra la agresión cotidiana. Los feminicidios han aumentado un cien por ciento en los años recientes. En más de la mitad de los estados del país está activa, sin resultados a la vista, la alerta de género. Las maltratan porque pueden hacerlo sin castigo. Porque así lo vieron en su infancia. Creen que pueden torturar y matar porque las mujeres son inferiores, no como ellos.

¿Por qué el presidente, normalmente con mejores reflejos políticos, se ha obstinado en mantener su postura, a todas luces equivocada, respecto al movimiento feminista? Existen cuatro versiones. La primera señala que López Obrador considera que las mujeres están equivocadas en su alarma. Que lo importante es atender las causas estructurales de la violencia y luchar contra la corrupción, y eso ya lo está haciendo su gobierno. La segunda afirma que ve el mundo como una gigantesca conspiración contra él. En 2004 vimos una sucesiva cadena de imágenes mostrándonos los rostros de la corrupción (Bejarano, Imaz, Ponce) obradorcista. El entonces jefe de Gobierno dijo que se trataba de un complot, y acertó. Desde entonces tiende a leer la realidad desde esa lente paranoica. Todo es un ataque de sus adversarios. Cualquier crítica la traduce en un movimiento de los conservadores para derrocarlo. Imagina golpes de Estado. La tercera versión apunta a que se trata de un asunto de poder. Toda persona o movimiento es bienvenido a la Cuarta Transformación siempre y cuando se supediten al poder presidencial, hasta los más impresentables. En ese saco caben lo mismo los empresarios que lo acompañan en Palacio y los sindicalistas de la CNTE. Si te hincas y supeditas, te reconozco. Si mantienes tu independencia del poder transformador, ni te escuchan, ni te ven. La cuarta interpretación apunta a la terquedad del personaje. Las mujeres le dicen: su gobierno no atiende nuestra problemática específica. A lo que él les contesta: todo lo que ustedes piden ya lo está haciendo la Cuarta Transformación. Todo ya cambió y ustedes no lo ven porque están manipuladas por los conservadores. Cuatro formas de mostrar que las preocupaciones de las mujeres no entran dentro de las prioridades de este gobierno, demasiado ocupado en terminar de hundir a Pemex y repartir abrazos a los criminales.

López Obrador supo capitalizar a su favor el gran enojo de la sociedad mexicana. Lo que hemos visto en las últimas semanas es que la ola de ese enojo lo sobrepasa a él y a su gobierno, y que ya lo ven con desencanto. La cuarta ola feminista me parece indetenible. Lo celebro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.