Las oportunidades del No
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Las oportunidades del No

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Las oportunidades del No

07/10/2019

No votamos por él. Ni yo ni mis conocidos. No nos ha decepcionado. Todo lo que pensábamos que iba a hacer lo está haciendo. No somos de los arrepentidos: aquellos que votaron por él y ya no lo soportan. ¿Cuántos somos? Los que nunca estuvieron con él, y los arrepentidos, sumamos millones. Casi la misma cantidad que los que forman el núcleo duro –el voto duro– de sus adeptos. En medio, entre el Sí y el No, está el que duda. El ciudadano que no tiene partido, la opción mayoritaria. La que decide las elecciones. Los que pueden decidir la revocación de mandato.

Si por nosotros fuera, que no haya votación. Que se retire la iniciativa. No la pedimos, no la queremos. Lo que queremos es que se respete la Constitución. “¡Conservadores!”, nos espeta el presidente. Queremos que se respete la Constitución. Elecciones cada seis años. No nos gusta la revocación porque es una trampa. Dicen “revocación”, pero nosotros escuchamos claramente “reelección”. No caigamos en el engaño. Ellos, los que dirigen Morena y las Cámaras, saben que dicen revocación para decir reelección. Saben que lo sabemos.

No les gusta la crítica, ni en el partido ni en el gobierno. Apenas toleran que se les contradiga. Les molestan mucho las evaluaciones. Por eso resulta tan raro que ahora quieran que les creamos que su mecanismo para revocar el mandato del presidente no esconde jiribilla. Plantean un mecanismo para el No. Una forma de echar al presidente a la mitad de su periodo. De rechazarlo. De decirle: No nos gusta que cancele obras por capricho. No nos gusta que militarice la seguridad pública. No nos gustan sus agresiones a la prensa. No nos gusta que solape la corrupción como con Bartlett. No nos gusta su posición retrógrada hacia la ciencia. No nos gusta que el crecimiento del país se esté cayendo y no le interese que la nave repunte. No nos gustan muchas cosas. Cosas que se pueden expresar con un No contundente.

En Morena dicen revocación cuando quieren decir continuidad. Puede ser en diciembre de 2021 o en febrero de 2022. La retórica del llamado será sencilla: que el pueblo decida. La mecánica, muy compleja, porque implica considerar qué pasaría institucionalmente si el presidente pierde: quién detentaría el poder, por cuánto tiempo, si se convocaría a elecciones, etcétera, y varios de esos cambios son constitucionales. No es un problema menor. Se pueden incorporar candados para que la revocación no implique reelección. La iniciativa de la revocación está ahora en el Senado, donde es improbable que se haga algún cambio. La oposición podría aún obstaculizar su paso. Pero no lo va a hacer. Habrá revocación de mandato en el 21 o 22. Para echar o conservar (¡conservadores!) al presidente.

El fin último de todo partido en el poder es conservarse en el poder. Hacer lo posible para que nadie le quite su sitio. Con la revocación de mandato pasaríamos del “que se haga lo que dice la Constitución” al “se hará lo que dice el pueblo”. El pueblo puede decidir que el presidente se quede en el 2021 y en 2024 y más allá. No se reeligió, dirán, simplemente el pueblo no revocó su mandato. Ese es el mecanismo disfrazado de revocación. Una nueva simulación. Me conservaré en el poder el tiempo que el pueblo quiera.

Los chilenos fueron los primeros en América Latina en votar por un presidente socialista. Los chilenos fueron también los primeros en votar porque se largara el dictador que le arrebató el poder al presidente socialista. Los chilenos han sabido decir que No. En el otro extremo, los dóciles cubanos llevan 68 años sin poder decir que No, petrificados en la revolución institucionalizada.

Es difícil que la oposición detenga la iniciativa de la revocación de mandato en el Senado. En el Congreso le pueden hacer algunos cambios, pero Morena va a pasar la iniciativa. No la exige la oposición. No la pide la sociedad civil. No la pide Morena. La pide el presidente. Tomémosle la palabra. Vamos por esa como debemos ir por todas. No la pedimos, no la queremos, pero ahí está. Es la oportunidad de decirle No al presidente. La oportunidad de los que nunca hemos creído en él. La oportunidad de los arrepentidos. La oportunidad de aquellos a quienes no les gustan tantas cosas –Dos Bocas, Tren Maya, Aeropuerto de Santa Lucía– del presente gobierno. La oportunidad de aquellos a los que el 0.0 por ciento de crecimiento ya les pasó la factura. Aquellas madres que se quedaron sin guardería. Aquellos que se quedaron sin Progresa, Seguro Popular, beca del Conacyt; aquellos que se quedaron sin medicinas en los centros de salud. Aquellos a los que no les gustan las mentiras matutinas impunes. Para todos ellos, esta es la oportunidad del No. La revocación es una trampa, claro. Quieren que caigamos en ella. Revocación/reelección. Vamos a jugar conscientes de esa regla del juego. Vamos por el No

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.