La prensa, lo que viene
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La prensa, lo que viene

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La prensa, lo que viene

27/05/2019

¿Qué buscan el Presidente y su partido? ¿Apoyar a los más pobres? El “hambre cero” –terminar con la pobreza alimentaria– no forma parte de sus prioridades. ¿Sentar las bases para un México moderno que plante cara a los desafíos del siglo XXI? Definitivamente no alcanzarán esa meta luego de haber cancelado el nuevo aeropuerto, tampoco concentrando recursos en la construcción de una refinería anacrónica ni mucho menos castigando proyectos de investigación científica y degradando la calidad académica a través de la bien llamada “contrarreforma educativa”.

Al Presidente no le interesa el mañana sino el presente y del presente lo obsesiona una cosa: conseguir el control político del país, lograr la hegemonía política de Morena, arrasar en todos los comicios de aquí hasta las elecciones intermedias, afianzar el control de la Suprema Corte (haber metido con calzador a la esposa de su contratista favorito será, ya lo está siendo, una medida muy rentable), controlar con mano de hierro los diversos grupos antagónicos que integran las bancadas de Morena en el Poder Legislativo. El objetivo: preparar el asalto final al poder total desde las entrañas mismas del poder. Alcanzar la absoluta hegemonía política del país.

Esto ocurrirá en las elecciones intermedias, en las que el Presidente volverá a encarnar su papel favorito: el de eterno candidato, el de los maratónicos mítines que organiza de pueblo en pueblo en los cuales se dejará adorar por los beneficiarios de sus becas y apoyos. Lo veremos en todas las plazas con mil adornos de flores en la cabeza: su corona popular. Pero no será florero. Para 2021, la meta es concentrar el poder total en su persona. Ocurrirá entonces lo anunciado (porque lo ha dicho y escrito muchas veces): con el poder político total en sus manos comenzará el verdadero cambio radical de México. Lo que ahora vemos es sólo el pálido reflejo de lo que vendrá.

Un México distinto: un nuevo Congreso y una nueva Constitución. Un nuevo Tribunal Constitucional que relegue a la Suprema Corte. Una Conago totalmente supeditada a sus designios. Un Poder Legislativo postrado, más lacayuno y abyecto de lo que ahora es. Tendremos entonces una Constitución Moral, una Guardia Nacional y nuevas leyes electorales para encarcelar a quien se atreva a disentir. En este panorama claustrofóbico que planteo sobra un actor: la prensa, ¿qué pasará con la prensa?

Durante la campaña la trató con insultos y descalificaciones. “Está en campaña, ya en el poder será otra cosa”. En efecto, ya en el poder ha sido peor.

Con el pretexto de la austeridad, ha conducido a algunos medios a la asfixia económica. Si el objetivo fuera propiciar una prensa más eficiente y al servicio de la sociedad, permitiendo que el libre mercado purgara a los medios sin lectores, no habría problema. Pero desde el primer momento el Presidente dejó clara su línea: el presupuesto destinado a los medios se utilizaría para hacer propaganda a su favor.

En el centro de su estrategia está la televisión. Supeditó a la televisión privada al incorporar a sus dueños a su consejo de asesores. Para los canales públicos ha creado una barra de bufones (John Ackerman, Sabina Berman, los moneros de La Jornada, Hernán Gómez, etc.) que le celebran sus ocurrencias y fustigan a sus críticos. A cargo de la agencia noticiosa del Estado puso a una periodista cuyo fin declarado es asediar a los críticos del Presidente. Televisión privada y pública al servicio del poder. Como antes. Como en el más duro periodo del PRI.

Mientras tanto los periodistas seguirán muriendo. ¿Un solo caso de un crimen resuelto, de un criminal aprehendido y juzgado? El periodismo independiente seguirá siendo acosado a través de las redes sociales.

No cesará la persecución a la prensa. ¿Alguien concibe que, de pronto, López Obrador cambie su actitud hacia la prensa, a la que ahora considera mafiosa, criminal y cómplice de un supuesto golpismo que le quiere restar poder? ¿Alguien en sus cabales piensa que se moderará, que cesará de insultar, difamar, acosar y asfixiar a la prensa? ¿Alguien cree todavía en el milagro de un Presidente que de súbito se convertirá en el demócrata que no es y que respetará a la prensa? Lo contrario tiene más posibilidades de ocurrir. Va a endurecer su posición. No falta mucho para que se pase de la agresión verbal presidencial a la agresión física a los medios y a los periodistas a manos de partidarios fanatizados.

No podemos esperar sino que la situación empeore. Se tratará de acallar a los medios. “Empresarios amigos” intentarán comprar los medios que vayan quebrando para volverlos favorables a la 4T. Se marginará a los periodistas independientes. Tengamos muy claro lo siguiente: el periodismo crítico es un estorbo para alcanzar la hegemonía política en el país. No esperemos que ocurra un milagro, sino que se magnifique un proceso en marcha. Un proceso que atenta contra la libertad de expresión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.