La gran tarea de nuestro tiempo
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La gran tarea de nuestro tiempo

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La gran tarea de nuestro tiempo

03/06/2019

“Ningún experto nos promete un escenario cercano, a corto plazo, en el que la pobreza disminuya”, afirmó Teodoro González de León en “Profecía”, contenido en Lecciones, conjunto de textos sobre arquitectura y urbanismo que hace tres años publicó El Colegio Nacional, institución hoy amenazada por el talento destructor de la 4T.

González de León no fue un político demagogo, sino un extraordinario arquitecto. Para él la situación era clara: continuará la pobreza en sus niveles actuales. Puede disminuir, puede cerrarse la brecha entre ricos y pobres, pero nadie se atreve a hablar de un mundo sin pobreza, salvo… Gabriel Zaid, poeta y pensador originalísimo. En su libro Cronología del progreso (Debate, 2016) sostiene que “la pobreza puede quedar atrás en unas cuantas décadas. Pensar que será eterna ayuda a perpetuarla. No hay que confundirla con la desigualdad, que no terminará (…). Con la riqueza actual, sobran recursos transferibles (comercialmente en muchos casos, solidariamente en otros) para que los pobres multipliquen su creatividad y bienestar con inversiones muy pequeñas. Afortunadamente hay cada vez más iniciativas y experiencias sobre cómo lograrlo. No hay que ser adivinos para ver que la pobreza se terminará”.

Terminar con la pobreza no es una utopía ni la ocurrencia de un futurólogo, es una experiencia real que se funda en casos exitosos en otros países. China logró en tres décadas sacar de la pobreza extrema a 800 millones de chinos. En Brasil, Lula da Silva encabezó durante su gobierno un exitoso proyecto: Hambre cero, que por desgracia quedó trunco. En México, durante el gobierno de Peña Nieto, se le encomendó a Rosario Robles, entonces al frente de Sedesol, replicar ese proyecto. Como sabemos, los fondos para erradicar la pobreza extrema fueron desviados en la trama criminal conocida como “la estafa maestra”. El gobierno de López Obrador, a pesar de que llegó al poder cobijado con la bandera de los pobres, no tiene una política clara para terminar con la pobreza extrema. Su preocupación mayor se centra en la pobreza urbana y campesina, esto es, en la pobreza que puede traducirse en votos. Su proyecto central consiste en la formación de una hegemonía política dominante, no en terminar con la pobreza.

En febrero de este año, el Consejo Coordinador Empresarial eligió un nuevo dirigente. En esta ocasión, en un contexto de posible enfrentamiento entre los empresarios y el gobierno, resultó electo el regiomontano Carlos Salazar, exfuncionario de Femsa. En su discurso inaugural, Salazar comprometió a los empresarios que él encabezará una tarea extraordinaria: ayudar al gobierno a erradicar la pobreza extrema en el país. “Convocando al país en su conjunto eliminaremos la pobreza extrema en un plazo de seis años. Hagamos historia, nosotros le ayudamos”. Llamó al Presidente a “movilizar, con su liderazgo, a toda la población a trabajar para abatir la pobreza extrema”. Salazar recordó que otros países han logrado reducir la pobreza incluso en un tiempo menor al planteado, “cuando el país lo ha puesto como prioridad”.

Ignoro cuáles serán los métodos y las formas de medir esta empresa. Las dificultades son evidentes: gran parte de los 9.4 millones de mexicanos que viven en esa condición (Coneval, 2018) habitan en zonas apartadas (sierras, selvas). La segunda dificultad estriba en que se tienen que diseñar políticas no del todo asistenciales, sino aquellas que puedan dotar a los habitantes en pobreza extrema de instrumentos que puedan ser productivos. No se trata, como hizo en Nuevo León un organismo del que Carlos Salazar formó parte, de repartir entre los pobres la comida que se desperdicia en las ciudades, sino, como sugiere Zaid, de “enviarles semillas y otros medios para enriquecer su agricultura de subsistencia con hortalizas y gallineros” (“Desnutrición”, Reforma, 31/Marzo/2013).

De concretarse en el plazo prometido sería una hazaña colosal. Los empresarios del país, que gozan de una pésima imagen entre la población colaborarían en primera línea en un proyecto de insoslayable justicia social. “Aspiramos –dijo Salazar– a tener comunidades fraternales con el que menos tiene”. El pensamiento liberal, que actualmente languidece, puede encontrar en esta gran empresa una fuente para vivificar su pensamiento.

La pobreza extrema es la forma de llamar a la pobreza alimentaria, destacadamente, pero incluye otros factores como la carencia de seguridad social y de servicios básicos en la vivienda. La iniciativa partió de los empresarios. El gobierno de López Obrador les tomó la palabra. La sociedad entera debe participar en esta tarea, la más urgente del país. Terminar con la pobreza extrema en México no debe quedar en el cajón de las profecías incumplidas, sino en el de los proyectos realizados. Está en nuestras manos hacerlo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.