Gracias, señor presidente
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Gracias, señor presidente

11/05/2020
Actualización 11/05/2020 - 14:57

Agradezco al presidente López Obrador que haya colocado la lucha contra la corrupción en el nivel más alto de su administración. México es un país muy corrupto y la corrupción golpea sobre todo a los que menos tienen. Sin duda el mandatario que suceda a López Obrador, del signo político que sea, tendrá que refrendar ese compromiso.

Lástima que el presidente no haya podido traducir el mandato que recibió de combatir la corrupción en acciones efectivas y en instituciones sólidas. Al contrario, luego de la exoneración de Manuel Bartlett, de la tibieza frente el caso de Bartlett Jr. y del hecho de que casi el 80 por ciento de los contratos que se han asignado a nivel federal han sido sin concurso, por adjudicación directa, la impresión es que este gobierno está coludido con los corruptos, que le interesa más denunciarla que combatirla, que sólo se persigue la corrupción cuando se trata de sus enemigos políticos. La intención es buena. Necesitamos un presidente competente que pueda enfrentar la corrupción.

Agradezco al presidente que haya focalizado la pobreza como el principal problema de México. Provocan vergüenza y coraje las condiciones de miseria extrema en las que viven doce millones de mexicanos. “Primero los pobres” es un lema adecuado para quien ocupe la Presidencia de México en las siguientes generaciones.

Desgraciadamente López Obrador ha fracasado en sacar de la pobreza a los grupos más vulnerables, ha empobrecido más a los pobres y abandonado a su suerte a la clase media. Transferir recursos mediante becas es sólo un paliativo. No es una inversión productiva. La pandemia y el modo en que el gobierno enfrentó la situación, agudizará el cuadro. Para que haya más empleos, producción, recaudación y redistribución fiscal debe darse confianza a los inversionistas que el gobierno ahuyentó. Acabar con la pobreza extrema, disminuir la brecha de la desigualdad, son metas loables. Necesitamos un presidente que entienda de economía, que sepa aprovechar las ventajas de la globalización y comprenda sus riesgos, que apueste por una economía verde y energías alternativas.

Igualmente agradezco al presidente López Obrador que haya decidido terminar con la violencia criminal que desangra al país. Sin embargo, la criminalidad va en aumento, y con ella las muertes, los feminicidios, los secuestros, las masacres. Vivimos el peor periodo de violencia desde que tenemos registro. Mostrar abierta simpatía por el Cártel de Sinaloa (dejar ir al hijo, pasar a saludar a la madre, condolerse de la suerte del Chapo) no ayuda mucho a mejorar la situación. Las becas a los jóvenes no han detenido la delincuencia. Dice López Obrador que en ningún otro país del mundo el presidente atiende la inseguridad desde la madrugada. Quizás ese sea el problema: la asistencia del presidente a esas reuniones. Al presidente se le ocurren cosas y no tiene contrapesos que le digan que no. El presidente escucha a todos pero sólo se hace lo que él piensa. Si sólo participaran en esas reuniones los expertos éstas mejorarían. En cuanto a la estrategia: no hay ninguna a la vista. Lo que hay son palos de ciego a discreción. La criminalidad en los próximos meses tenderá a recrudecerse. Agradezco al presidente la generosidad de espíritu de su política de “abrazos, no balazos”, desgraciadamente tengo que reconocer que ha sido absolutamente contraproducente, un fracaso total. Ni los abrazos, ni los balazos son una salida.

Agradezco al presidente López Obrador la esforzada firma del T-MEC. Ante la incapacidad de generar crecimiento económico para el sector desarrollado del país, López Obrador comprendió que el motor de ese sector debía ser la economía norteamericana mediante el Tratado. La tesis es de Fernando Escalante. La respuesta de López Obrador al 30 por ciento de la población más favorecida fue: ahí está el T-MEC, y que quiebren las empresas que no puedan ajustarse a ese mercado.

Agradezco el inmenso esfuerzo que representó la firma de un Tratado comercial que representa todo lo que el presidente detesta. El dinero, el mercado, el consumo. Un Tratado que va en contra de todo su bagaje ideológico. Un Tratado que lo niega. Ese es un Tratado que se esforzó en firmar, y lo consiguió, aún a costa de su agenda hacia los migrantes. Le agradezco la firma de uno de los tratados comerciales más intensos del mundo, así como lo responsabilizo de haber cancelado el aeropuerto de Texcoco (que daría un magnífico soporte a ese Tratado) y de cancelar mediante 'consultas populares' proyectos públicos y privados sin importar su avance. Tenemos Tratado pero no confianza de los inversionistas porque aquí el Estado de derecho se maneja a capricho del señor presidente. El gobierno ofrece: está el Tratado, proveeremos además gasolina y electricidad barata, mano de obra accesible y no les vamos a subir impuestos. La firma del T-MEC es sin duda, sin conocer sus pormenores, el acto más importante de la gestión de López Obrador, que le agradezco. La firma de un Tratado neoliberal.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.