El presidente debe pedir perdón
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El presidente debe pedir perdón

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El presidente debe pedir perdón

10/02/2020

Las disculpas forman parte del discurso político/cristiano del presidente López Obrador. España debe disculparse con México por los abusos de la Conquista. Sus “adversarios” deben disculparse con el Gabinete de Seguridad por criticar la forma en que liberó al hijo del Chapo. La prensa debería pedir disculpas por difundir que gastó miles de pesos en longaniza. Hace unos días exigió a un consejero electoral que se disculpara por haber firmado una carta en la que éste pedía que se actuara con legalidad en el proceso postelectoral de 2006.

Que pidan disculpas. El ofensor, por haber actuado mal, debe pedir al ofendido que lo libere de la culpa. Y que además lo haga públicamente. El ofensor debe confesar sus pecados sociales en una especie de rito de purificación. En un ejercicio de ida y vuelta, como debe ser la crítica, propongo, con la humildad precisa, que el presidente se disculpe.

En primer lugar, por sus constantes mentiras. Una gran parte de lo que dice en sus conferencias matutinas son mentiras. No errores, francas mentiras. Le gusta engañar a la gente. Cuando dice “yo tengo otros datos” está mintiendo. Si tuviera otros datos los mostraría. Los periodistas lo confrontan con la información oficial pero de nada sirve, él cuenta con otros datos, con la cual invalida la información que proporciona su gobierno. Hace un año el presidente afirmaba que no había escasez de gasolina y meses después reconoció la mentira, pero no se disculpó. Frente a todos los medios, con una gran cobertura, dice por las mañanas que el crecimiento es un concepto neoliberal desdeñable, y por la tarde, ante la prensa especializada, anuncia la creación de una importante área de su gobierno dedicada a estimular el crecimiento. El presidente miente a diario. Propongo que se disculpe ante la sociedad.

En segundo lugar, el presidente debería pedir disculpas por la ineptitud de su gobierno. Estancar una economía nacional no es una tarea sencilla, pero lo logró en tan sólo un año. El presidente que quería pasar deliberadamente a la historia lo ha logrado: vivimos el mayor periodo de violencia de nuestra historia reciente. El mayor logro de la Secretaría de la Función Pública hasta ahora es el de haber exonerado a un funcionario al que le exhibieron 23 casas y participación en 14 empresas. El programa estrella de Jóvenes Construyendo Futuro ha sido un rotundo fracaso: sólo 18 mil jóvenes de 900 mil inscritos en el programa consiguieron trabajo permanente. Firmamos un tratado comercial con Estados Unidos y Canadá desventajoso en relación al anterior Tratado. La Guardia Nacional, el instrumento casi mágico con el cual el presidente planeaba contener y disminuir la violencia, ahora sirve a Donald Trump para detener a los migrantes. Las medicinas escasean. El empleo se desploma. El peso sigue firme gracias a unos altísimos intereses que nos ahogan. La producción petrolera no crece. “En mi gobierno no habrá masacres”, afirmó en campaña y la gente votó por él. Ahora asesinan a niños en un local de videojuegos en Uruapan y el presidente dice que el país está “demasiado tranquilo”. Lo mejor de este gobierno son sus buenas intenciones. Lo peor, la forma en que las ejecuta. El presidente debe pedir disculpas por los repetidos fracasos de su gobierno.

En tercer lugar, el presidente debería pedir disculpas por haber abandonado su bandera de la lucha contra la corrupción. Podrá decir misa, pero el tratamiento especial a Manuel Bartlett y Carlos Lomelí manda un mensaje muy claro: benevolencia y vista gorda con mis aliados, Santiago Nieto para mis adversarios. Millones de personas estaban hartas de la corrupción del PRI y el PAN, y López Obrador ofreció combatirla a fondo. Más de dos terceras partes de los contratos que ha asignado el gobierno federal se han realizado sin licitación alguna, por adjudicación directa. No conozco un solo caso de alguien que cuente que la corrupción en las oficinas de gobierno, o con los policías de tránsito, ha desaparecido. La corrupción campea y Bartlett es su emblema. El presidente debe una disculpa al pueblo.

El peor pecado es la soberbia. Toda la verdad le pertenece. Los que critican no saben. Los expertos sólo roban. Estudiar en el extranjero te llena de mañas. La verdad le pertenece, no se necesitan estudios de viabilidad para los megaproyectos. La verdad le pertenece porque a través de él habla el pueblo, que no se equivoca.

La soberbia. Dos Bocas, va porque va. El aeropuerto de Santa Lucía, me canso ganso. La soberbia enceguece. Todos están felices. La soberbia provocó la caída. La soberbia de decretar la transformación histórica antes de comenzar a gobernar. La soberbia que le impide ver los efectos letales de su estrategia pacificadora. La soberbia del magnífico cero por ciento de crecimiento. La culpa por estos pecados sociales debe ser enorme. Propongo que, en un ejercicio de contrición profunda, el presidente se disculpe en una mañanera. Sería liberador.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.