El nuevo horario de México
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El nuevo horario de México

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El nuevo horario de México

08/04/2019

México navega sin rumbo. Los tres principales ejes de gobierno: la lucha contra la corrupción, la disminución de la violencia y el reparto de dinero en efectivo a vastas clientelas, no imprimen una dirección.

Mientras el mundo desarrollado apunta hacia el avance tecnológico y al uso de energías alternativas, nosotros vamos de regreso al petróleo y al carbón. Involucionamos. Pero al mismo tiempo al gobierno le preocupa enormemente que el T-MEC se firme. El Tratado, que nos pone en sintonía con el país más desarrollado del mundo, nos obliga a la innovación y a la competencia. En estos días hemos sido testigos de lo bajo que puede llegar el gobierno de López Obrador en materia migratoria, con tal de tener contento a Trump a cambio de que impulse la firma del Tratado. Entonces, ¿vamos para atrás con Bartlett y Jiménez Espriú, al carbón y a Santa Lucía, o vamos hacia adelante con el T-MEC? En realidad no vamos hacia ningún lado, el actual es un gobierno de ocurrencias.

No lo digo yo, lo dicen dos de las personas más cercanas al Presidente. Cuando Alfonso Romo, actual jefe de la Oficina de la Presidencia, conoció a López Obrador, este lo invitó a revisar su Plan de Nación. “Le contesté –dice Romo– que su diagnóstico se me hace perfecto, pero muchas de las medicinas que quiere aplicar no van a sacar adelante al país. En pocas palabras, el enfermo no va a llegar ni siquiera a la ambulancia” (El Universal, 27/Feb/17). Dos años después, en un tono muy semejante, otro hombre de negocios cercano a López Obrador, Ricardo Salinas Pliego, criticó la decisión de cancelar el NAIM, calificó de “error ridículo” detener las alianzas entre Pemex y las empresas privadas, y cuestionó los programas sociales impulsados por el actual gobierno: esas “políticas izquierdistas” del pasado ya se aplicaron y fueron “fallidas, no hubo un sólo caso de éxito”, afirmó a The Financial Times.

Sería cómico sino fuera preocupante: la Secretaría de Hacienda (como las principales calificadoras del mundo y el Banco de México) baja su pronóstico de crecimiento del país. El Presidente dice que él tiene otros datos y corrige al secretario. El sainete termina cuando Carlos Urzúa dobla las manos y afirma que creceremos al nivel que el Presidente desea. Si la realidad no se ajusta a las previsiones de López Obrador, peor para la realidad.

¿Y si el PIB se estanca o disminuye? ¿Y si no mejoramos en el índice internacional de corrupción, entre otras cosas por la tendencia a entregar obras sin licitación? ¿Y si baja la calificación de nuestro país en materia de libertad de expresión por los recurrentes insultos de López Obrador a la prensa que le incomoda? ¿Y si el número de homicidios sigue en ascenso? Lo primero que hará el gobierno de López Obrador será negar esos datos. Cuestionará la metodología. Si la realidad no cede, recurrirá a la teoría del complot, que tan bien tiene estudiada. Arremeterá con furia contra empresarios, prensa independiente y los intelectuales. Contra “los emisarios del pasado”, como les llamaba Echeverría, maestro en tantas cosas del actual gobierno. Y si eso no basta abandonaremos los organismos internacionales que se nieguen a reflejar “los otros datos” presidenciales.

Un gobierno de ocurrencias, como la refinería de Dos bocas y el Tren Maya. ¿Y los estudios de impacto ambiental o de viabilidad financiera? Eso no importa, son proyectos del Presidente, no se cuestionan, se ejecutan. El centralismo, más aún, el unipersonalismo como forma de gobierno. ¿Cuándo se había visto que el Senado rechazara una terna enviada por el Presidente?, preguntó López Obrador presumiendo la independencia del Poder Legislativo. Acto seguido impuso a los integrantes que se le pegó la gana, a los mismos que el “independiente” Poder Legislativo había rechazado.

Mientras que Corea del Sur acaba de poner en marcha la red 5G sin costo para todos sus habitantes, nosotros regresamos a los megaapagones de electricidad en varios estados de la República. El Presidente pide permiso a “la Madre Tierra” para construir el Tren Maya de sus sueños y la directora del Conacyt declara que “el pensamiento científico racionalista, hegemónico y colonizador debe ser reemplazado”.

Es ridícula la afirmación de que el neoliberalismo está superado justo cuando servimos de alfombra migratoria al gobierno norteamericano para que no frene el T-MEC, que es uno de los acuerdos de libre comercio más ambiciosos del mundo.

No se sabe cuál es la dirección en la que marcha nuestro país. Pero tenemos varias pistas. El mando militar activo encabezando la Guardia Nacional, la ampliación de miembros de la Suprema Corte para introducir en ella ministros afines a los proyectos del gobierno, la hegemonía política basada en el clientelismo electoral, señalan si no un rumbo sí un nuevo horario: ¿qué horas son? Las que usted ordene, señor Presidente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.