El elefante en las conferencias mañaneras
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El elefante en las conferencias mañaneras

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El elefante en las conferencias mañaneras

21/01/2019
Actualización 21/01/2019 - 14:48

En sus conferencias de prensa, el presidente López Obrador se ha referido, en relación al robo de combustible, tanto a los funcionarios de cuello blanco de Pemex, que permiten el saqueo desde sus oficinas, como a los pobladores pobres de las comunidades, para exculparlos. A quienes no se ha referido, sino vagamente, llamándolos “traviesos”, es a los miembros del crimen organizado.

Las mafias criminales pertenecientes ya sea a Los Zetas o al Cártel Jalisco Nueva Generación, al Cártel del Golfo o al Cártel del Noroeste, son el elefante dentro del cuarto que, a pesar de su magnitud, no se quiere ni nombrar.

El robo de combustible es equivalente, o incluso superior, al muy lucrativo negocio ilícito del tráfico de drogas. Con una ventaja: en el narcotráfico los criminales tienen que pasar la droga a través de la frontera, lo que involucra a los agentes norteamericanos, que no impiden pero sí dificultan y ralentizan sus operaciones. El robo de combustible es en ese sentido más seguro. Cuenta con una base social más amplia (todos necesitan gasolina), con la complicidad de las policías, operan en zonas bajo su dominio y, por si fuera poco, con el apoyo de funcionarios de Pemex, que les proporcionan mapas de la red de ductos y les avisan cuándo pueden realizar la ordeña segura.

La tragedia ocurrida en Tlahuelilpan, Hidalgo, no es el primer accidente de este tipo que se produce, pero sí es el mayor en términos de la pérdida de vidas humanas: hasta el momento se han contabilizado 79 muertos y más de 66 heridos en condiciones muy graves. En diciembre de 2010, en San Martín Texmelucan, en el corazón del negocio huachicolero, explotó un ducto perforado, provocando la muerte de 29 personas, incluidos 13 niños. El gobierno de Calderón culpó a Los Zetas de esa desgracia. En marzo de 2016, un camión cisterna conteniendo gasolina robada volcó y explotó, dejando en el lugar 20 personas calcinadas. Un año después, en julio de 2017, un grifo ilegal que operaba en la zona norte de la Ciudad de México se rompió contaminando gravemente el río Aculco. A principios de este año, en Refugio Hinojosa, municipio de Miguel Alemán, en Tamaulipas, fueron encontrados 25 cuerpos, mutilados, desollados y calcinados, como consecuencia de los violentos enfrentamientos entre los miembros del Cártel del Golfo y los del Cártel del Noroeste por el control de una zona huachicolera. El misterioso desplome del helicóptero en el que viajaba la gobernadora de Puebla y el líder del PAN en el Senado (en un día soleado, en un helicóptero seminuevo y recientemente revisado, conducido por pilotos expertos que conocían perfectamente la ruta) ha sido atribuido, extraoficialmente, a asuntos relacionados con el robo de combustible. La tragedia de Tlahuelilpan es la más reciente, pero desgraciadamente no será la última de la que seamos horrorizados testigos.

Y no lo será porque se trata de un negocio multimillonario. En los 8 mil 800 kilómetros de ductos de Pemex que recorren la República, existen aproximadamente unas 12 mil 500 tomas clandestinas, de las cuales se extraen 30 mil barriles de combustible al día, que dejan una ganancia anual de 60 mil millones de pesos a los grupos criminales. Pemex calcula que, de 2013 a la fecha, las pérdidas por este concepto ascienden 365 mil millones de pesos. La enorme dimensión de este lucrativo negocio ilícito indica que no será una tarea nada sencilla erradicarlo.

Un extraordinario reportaje titulado 'Sangre y petróleo', firmado por Seth Harp y publicado por la revista Rolling Stone el pasado septiembre (se puede consultar en línea y hay versión en español), en el que se da pormenorizada cuenta de las violentas disputas entre los cárteles, afirma que en realidad perforar tuberías para extraer gasolina “es cosa de niños”. Mucha más gasolina “es robada por personas que no llevan pistolas y nunca se ensucian las manos”. El reportaje parece en este sentido darle la razón a López Obrador: “Los hombres sentados en los escritorios con traje y corbata encubren las discrepancias, y si alguna pérdida es demasiado grande para esconderse, siempre pueden culpar a los huachicoleros, que el ejército está trabajando arduamente para erradicar (...). El verdadero robo ocurre dentro de Pemex”, afirma Harp.

Se trata de un asunto de una gran complejidad que opera en muchos niveles. Se han dado los primeros pasos en un combate que tomará meses o incluso años. Felipe Calderón, para mejor enfrentar a los cárteles de la droga, les declaró la guerra, se vistió de militar y les lanzó al Ejército. “Le pegó un garrotazo al avispero”, ha dicho en repetidas ocasiones López Obrador. En la estrategia actual, pese a las enormes molestias por el desabasto y pérdidas multimillonarias por la baja en la productividad, se está actuando con mayor cautela. Por un lado, la Unidad Financiera de Hacienda está detectando operaciones de lavado de dinero; por el otro, la Fiscalía General va a proceder con la extinción de dominio en los predios relacionados con el huachicol. La relación con el poderoso sindicato petrolero se ha llevado con tiento: tener al sindicato en contra no haría sino agravar la situación.

En asuntos relacionados con la inseguridad y el crimen organizado, más allá de la necesaria crítica razonada, todos debemos poner de nuestra parte.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.