El diablo y la política
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El diablo y la política

15/04/2019

Todos mentimos de vez en cuando. La mentira es parte de la vida. “El ser humano no puede soportar tanta realidad”, dice Eliot en Burnt Norton. Ante la formidable presión de lo real, la mentira ofrece un escape, un respiro.

Esta verdad sobre la condición de lo humano, demasiado humano, no espanta a nadie, salvo a los puros, o mejor dicho, a los que se creen puros. Desde lo alto del púlpito de su moralidad inmaculada, proclaman que el diablo habita en la mentira. Para no ser acusado de levantar falsos, mejor cito: “La mentira es reaccionaria y es del demonio, la verdad es revolucionaria y es cristiana”, Andrés Manuel López Obrador en su conferencia matutina del 8 de abril de 2019. No se trató de una ocurrencia. Meses antes, durante la firma del decreto presidencial para la verdad en el caso Ayotzinapa, sentenció: “La verdad es revolucionaria, es cristiana. La mentira es reaccionaria, es del demonio. La verdad por encima de todo” (3 de diciembre de 2018, Blog de la Presidencia de la República).

La mentira es del demonio, dice el Presidente. Se trata de una afirmación contundente, algo que debemos tomar en serio. No lo dijo riéndose ni en broma. No fue una ironía o un sarcasmo. Lo dijo muy serio, mordiéndose la lengua, porque es un hecho comprobado que el Presidente miente, y no ocasionalmente, miente constantemente como parte de su estrategia de gobierno, mentir forma parte de su estilo personal de gobernar.

Vayamos a los hechos. Luis Estrada, director general de SPIN, ha contabilizado, hasta el 11 de abril de 2019, luego de 91 conferencias de prensa, que el Presidente suele hacer unas 80 “afirmaciones no verdaderas” a la semana, un promedio de 16 diarias. A ese ritmo, dice Estrada, a los dos años y medio de su gobierno, sólo en sus conferencias mañaneras, habrá dicho más de diez mil “afirmaciones no verdaderas”, superando las 9,451 que lleva Donald Trump, que es un gran mentiroso. Estrada clasifica en cuatro las afirmaciones no verdaderas: las promesas (cuya veracidad ocurrirá, si ocurre, en el futuro), los compromisos (que “posponen la presentación de una evidencia”), las no falseables (“imposibles de verificar”) y las falsas (“refutadas por evidencia”). (Luis Estrada, “Las afirmaciones no verdaderas de las conferencias diarias de AMLO”, El Universal, 12/Abril/19).

Gustavo Alanís, director del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, recientemente expuso que el “31 por ciento de lo que divulga el mandatario es falso” (en “Mentiras, prisas y recortes en los primeros 100 días de AMLO, Vanguardia, 7/Marzo/19). Por su parte, Integralia, dirigida por Luis Carlos Ugalde, realiza cotidianamente el registro de las verdades y posverdades en los discursos de López Obrador. Posverdad: “Distorsión deliberada de la realidad por medio de la manipulación”. Un ejemplo de esto es la siguiente afirmación presidencial: “Sólo el 25 por ciento del territorio nacional tiene conectividad por Internet”. Integralia “encontró que el Instituto Federal de Telecomunicaciones desmintió al Presidente, al asegurar que, hasta junio de 2018, la cobertura nacional de telefonía e Internet móvil es de 88.4 por ciento del total de la población con cobertura 3G y del 84.1 por ciento para la 4G. Asimismo, más del 50 por ciento de los hogares cuenta con Internet fijo” (“Integralia sometió al fact checking las mañaneras”, Cultura Colectiva, 4/Abril/19).

Otro organismo que supervisa la veracidad de las afirmaciones de López Obrador es Verificado.com.mx. Un ejemplo reciente lo ofreció al cotejar las cifras del Presidente y las que ofreció el periodista Jorge Ramos respecto a si los homicidios han aumentado bajo el gobierno de AMLO o si “no han aumentado”, como afirmó el Presidente. Verificado concluyó que “la cifra de asesinatos en territorio nacional precisada por el periodista (8,524) era cierta” y, por lo tanto, el Presidente había mentido (“Sí han aumentado los homicidios, Verificado, 12/Abril/19).

Tenemos un hecho comprobado: el Presidente miente. Y una afirmación política: el Presidente dice que la mentira es reaccionaria. Y una creencia religiosa: el Presidente cree que la verdad es cristiana y la mentira es del demonio. López Obrador es un Presidente cristiano. Luego entonces tenemos un demonio en la Presidencia. Pero la política en México es (debería ser) laica y secular, no afectada por creencias y supersticiones.

Que bajo sus propios parámetros de pronto, en las mañaneras, el Presidente encarne presencias malignas puede ser muy grave para quien crea esas cosas. Nosotros debemos de preocuparnos por la otra cara del mismo problema. Las conferencias matutinas las escuchan todos (taxistas y amas de casa, periodistas y políticos), mientras que los ejercicios de verificación, como los de Integralia, SPIN o Verificado, tienen por el contrario muy poca difusión. La mentira va ganando terreno a la verdad. La mentira como costumbre del gobierno (“yo tengo otros datos”). El diablo entrometido en la política.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.