Corrupción a nombre de los pobres
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Corrupción a nombre de los pobres

COMPARTIR

···
menu-trigger

Corrupción a nombre de los pobres

04/05/2020
Actualización 04/05/2020 - 15:25

Hablar de combate a la corrupción luego de que a Manuel Bartlett le encontraron decenas de casas y negocios y lo exoneraron es un acto de acabado cinismo. Ignoro cuál sea el desenlace de los ventiladores vendidos por el hijo de Bartlett a sobreprecio. Para ser congruentes deberían exonerarlo. Después de todo la cuatro té tiene principios: proteger a los suyos hasta la ignominia, es uno de ellos.

El presidente debe salir a decir cualquier cosa –que, como estamos en emergencia, el hijo de Bartlett es un héroe– pero debe mantenerse en sus trece. Es hora de sacar su pañuelo blanco para limpiar el nombre de su colaborador estelar, tan salpicado estos días. Seguir como si nada y lanzar algunas maldiciones sobre Reforma y Proceso.

El presente es también el sexenio que más contratos ha otorgado por adjudicación directa. Siete de cada diez contratos han sido adjudicados arbitrariamente. La secretaria Sandoval presume en medios los puntos ganados en una medición internacional por la transparencia… del gobierno anterior. Para no hablar de esa otra forma de corrupción que es el amiguismo, el compadrazgo, el padrinazgo. Contamos con la peor gestión en la historia de Pemex gracias al desempeño del paisano del presidente, un ingeniero agrónomo sin conocimiento del mundo petrolero. No está de más recordar las palabras del presidente: “no es tan difícil sacar el petróleo de aguas profundas, es como hacer cualquier agujero”. La ignorancia también es corrupción.

Corrupción fue abandonar una casa de gobierno y trasladarse a vivir a un Palacio Nacional. Corrupción fue el fideicomiso para los damnificados del temblor utilizado para pagar las campañas de Morena, corrupta también la absolución que dictó el Tribunal Electoral. El presidente firma decretos violatorios de la ley. No pasa nada, es el presidente y su palabra es la ley. Inutilizó los órganos autónomos para poder mover a las secretarías y a Pemex a sus anchas, con los resultados que están a la vista. Está a un paso de quebrar Pemex. Con eso sí pasaría a la historia. Por supuesto, la culpa será de los gobiernos anteriores. Tiene a Lozoya casi en sus manos. En lo alto de la pirámide afilan el puñal de obsidiana. “Afortunadamente ya no hay corrupción en México”, dijo el presidente.

Sería terrible enterarnos de que se están haciendo negocios ilícitos al amparo de la emergencia por el Covid-19. Ventiladores a sobreprecio, por ejemplo. Seguro debe ser culpa de los medios conservadores. Periodistas que repiten a López Obrador cuando éste pedía la renuncia de Peña Nieto. Golpistas.

Con todo, la peor corrupción del actual gobierno es la que ha operado a nivel del lenguaje. Al principio, nos burlábamos llamando maromas al acto de justificar con dudosos sofismas cualquier dislate presidencial. Se hizo un ejercicio tan común que se volvió aburrido señalar a la corte de maromeros desquitando el nombramiento. Ahora simplemente les da por sustituir las palabras por su contrario. Si todo apunta a una desaceleración de dos dígitos, se dice que vamos requete bien. Si se afirma que ya se tiene dominada la pandemia, debe ser porque ya está a punto de desbordarse el sistema de salud. Deformar el lenguaje, torcerlo, hacerlo significar lo contrario, corromper la lengua. Ese es el peor de los logros de la cuatro té. Ese es el sentido de las conferencias de prensa con sus paleros: difundir propaganda. Una mentira repetida cien veces ante cien medios es una mañanera. ¿Corrupto Bartlett? Asígnenle por favor al caballero quince ventiladores más, con pilón en el precio.

La corrupción del lenguaje y de las instituciones persigue un fin: acrecentar el poder presidencial. “No me gustan tus moditos”. “No me hablen tan golpeado”. Todo debe llevar su firma. Puede firmar hasta 900 mil títulos de Jóvenes Construyendo el Futuro. Si lleva su firma les dan trabajo. Porque el pueblo lo ama.

Hemos llegado a un nivel máximo de la política. Las palabras ya son actos. Ya no hay corrupción, dice el presidente, y ésta desaparece. Como una divinidad. Aunque todo el mundo vea lo contrario. Basta con que lo diga el sagrado verbo encendido del señor presidente para que la realidad se transforme. A Bartlett se le cayó el sistema pero ya cambió. Las casas son de su compañera sentimental. Los ventiladores son necesarios. Está bajando la luz. Se están creando millones de empleos. Vamos a nadar en el petróleo que nadie nos quiere comprar. Vamos a volver a la época de Juárez, con puros quinqués. Todo está bien. Ya estamos viendo la luz al final del túnel. El crecimiento económico es un engaño de los conservadores. El presidente tiene razón: lo peor nos viene del neoliberalismo, incluyendo el presente gobierno.

Recibir dinero a cambio de favores es una modalidad de la corrupción. Pero no es la única. Se pueden intercambiar favores por poder. La acumulación indebida de poder también es corrupción.

Es difícil caminar por los pasillos de la cuatro té, los zapatos están pegosteosos. No es chapopote. Es corrupción a nombre de los pobres.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.