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Contra las mujeres

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Contra las mujeres

23/11/2020
Actualización 23/11/2020 - 14:22

¿De qué ha servido a la causa de las mujeres la presencia paritaria en el gabinete del actual gobierno? Desgraciadamente de muy poco. Su presencia ha sido ornamental.

¿Algún beneficio para las mujeres trabajadoras gracias a la presencia de Luisa María Alcalde? Cuando se cancelaron las estancias infantiles, que provocó que miles de mujeres con hijos tuvieran que dejar sus trabajos para atenderlos, ¿levantó ella la voz ante el presidente?

¿De qué ha servido a la agenda feminista que la secretaria Frausto esté al frente de la Secretaría de Cultura? Prácticamente de nada. Su paso por la dependencia será recordado por haber maltratado a los creadores, por haber desaparecido el Fonca y por su apoyo a la supresión de los fideicomisos. Su desempeño ha sido absolutamente irrelevante.

La primera secretaria de la Semarnat, Josefa González Blanco, fue obligada a renunciar por hacer esperar 38 minutos a los pasajeros de un avión hasta que ella llegara. Cinco meses duró en su cargo. Su gran logro en la secretaría fue el despido de 16 mil 130 trabajadores de la dependencia.

De catastrófico puede calificarse el desempeño de Rocío Nahle al frente de la Secretaría de Energía. Acusada de privilegiar a empresas ligadas a ella, es la responsable directa de haber solapado al presidente en ese gran capricho tabasqueño llamado Dos Bocas, la responsable de haber arrasado con grandes manglares, de haber privilegiado el uso de combustibles en vez de impulsar el uso de energías limpias. Constituye una vergüenza para las mujeres ser representadas en el gabinete por alguien que, por ser absolutamente incapaz de decirle no al presidente, tiene a Pemex al borde de la quiebra.

El desempeño de Irma Eréndira Sandoval al frente de la Secretaría de la Función Pública ha sido ejemplar: un ejemplo de lo que no debe hacerse. Su principal función ha sido la de exonerar a los corruptos de la presente administración. Acusada de nepotismo, ha servido para lavar la cara a Manuel Bartlett, Zoé Robledo, Carlos Lomelí (integrando mal su expediente) y muchos otros. No ha dicho una sola palabra cuando han aparecido las propiedades en el extranjero de sus compañeros de gabinete. Recientemente declaró, haciendo eco servil a una execrable declaración presidencial, que la pandemia de Covid le había venido 'como anillo al dedo' al presente gobierno, burlándose cruelmente de los centenares de miles de vidas perdidas a causa del Covid y de su pésimo manejo sanitario.

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que tantas esperanzas despertó entre las mujeres por su agenda de avanzada, ha sido repetidamente comparada con un florero, por inútil. Como ministra de la Suprema Corte de Justicia desempeñó un gran papel, tal vez porque en ese entonces actuaba de forma independiente. Como secretaria de Estado ha sido absolutamente incapaz de poner límites a la desbocada actuación presidencial. Cuando desaparecieron las estancias infantiles, a pesar de que sabía el daño que eso iba a provocar en el trabajo de cientos de miles de mujeres, decidió desviar la mirada. Ha sido ajena a las labores a su cargo, como la migración: bajo su gestión México se convirtió en los hechos en el muro de Trump. Sin decir una palabra, ha sido cómplice de los improperios, amenazas y calumnias del presidente en contra de la prensa. Su voz ha sido insignificante en el debate por la despenalización de la mariguana, que ella iba supuestamente a encabezar. En cuanto al apoyo que iba a brindar al derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, todos hemos visto, como respuesta ante su inacción, la furia de las mujeres feministas y la forma en cómo han sido reprimidas, contenidas y vilipendiadas.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Este gobierno, que se propuso ser el del apoyo a los pobres, ha acrecentado como nunca antes su número: tan sólo este año 10 millones de personas engrosarán las filas de la pobreza extrema. De este gobierno se esperaba una postura nacionalista, no la postración ante Donald Trump, un presidente racista y antimexicano. Pero sobre todo, se tenía la expectativa de que la actual administración fuera sensible a la agenda de las mujeres. Se presumió un gabinete paritario que no ha servido de nada ante un presidente machista. ¿De qué sirve ser secretaria de Estado con un presidente que no escucha razones e impone sus caprichos? Ninguna de las secretarias ha podido decirle que no al presidente. La imagen que proyectan es la de mujeres sumisas ante el poder del varón que aplasta y supedita.

Bajo la presidencia de López Obrador son asesinadas diez mujeres al día. Sólo en la primera mitad de este año se han reportado dos mil 240 feminicidios. Las condiciones laborales de las mujeres han empeorado. Durante la pandemia ha recaído en ellas el cuidado de los enfermos. En estos meses se han revertido muchos de los logros laborales que habían conquistado. Este gobierno será tristemente recordado como un sexenio perdido para la causa de las mujeres.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.