Verdad desnuda
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Verdad desnuda

19/06/2020

Uno. La relación nodal de nuestro país, es con Estados Unidos (“¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”, reza el proverbio). Todo se concentra en el lado Norte. El del Sur, lindero con Guatemala, después de un conato bélico, en tiempos para muchos añorado de López Mateos, es hoy por hoy el triste espectáculo de una frontera fluvial, porosa, violada. Y de conflictos con nuestra Guardia Nacional (que no acaba de cuajar), frenando, ora la migración ilegal chapina, ya caravanas migrantes asimismo ilegales, procedentes de toda (o casi toda) Centroamérica.

Dos. A lo que voy. Si bien existe un Tratado de Libre Comercio, signo de modernidad, que incluye más al norte a Canadá, los mandatarios de México y de Estados Unidos, gobiernan bajo el dictado del pasado. Tanto que bien podríamos hablar de un compartido “Síndrome de Lot”.

Tres. En México, pareciera el regreso al más vertical presidencialismo priista, con sus ingredientes de culto a la personalidad e intento de control absoluto de la información (lograda, es cierto, en cuanto a la agenda noticiosa, que empieza a elaborarse de “La Mañanera” en turno, pero que no alcanza ni a la sección de opinión ni a los “moneros”). Por el contrario, ambos, “círculo rojo” y caricaturistas, se ven cada día más bravos.

Cuatro. Si bien, lo que es de lamentarse, a costa, a fe mía, de centrarse en la frenética figura presidencial, en olvido del verdadero dueño de la res pública: la clase política. Cínica, “chapulina”, millonaria a través del intocado presupuesto (él único que hasta ahora se salva de los recortes) asignado a los partidos, ajena ya del todo a ideologías y doctrinas. No se olvide, en el pasado inmediato, las monstruosas nupcias PAN/PRD, y en el presente, el nuevo brinco de la senadora Lily Téllez, de MORENA al PAN (¿y qué viene luego?).

Cinco. Ya me canso ganso de apuntar, a mis amigos sociólogos y politólogos, el verdadero quid. El poderío de quienes controlan ambas Cámaras, el diario juego y rejuego de la política efectiva, y últimamente, según fuertes rumores, las agregadurías culturales de las embajadas mexicanas. Nada otorga, en este momento de salud sub judice, desempleo, desabasto, parálisis económica, seguridad, como el estar afiliado(a) a cualquier partido (sea grande, sea chiquito)-

Seis. Y todo esto, mientras que, en Estados Unidos, los últimos sucedidos, llevan a pensar en un “Bóreas” (viento tormentoso del norte) Trump, gobernando una nación anterior a los Derechos Civiles. Nada más haga memoria si usted la recuerda, en tiempo real, o por lecturas y videos, la insultante discriminación blanca que condujo a Luther King, a los “Panteras Negras”, al puño enguantado de los dos atletas negros en el Estadio México 68.

Siete. Todo es, aquí y allá, a ambos lados de la frontera, dejá vu.

Ocho. Basta echar un vistazo al Ideario de la Revolución Mexicana, para reparar que la prédica de los miserables y ofendidos, los pobres, los desposeídos, y la condena de los señores del dinero y de la opresión, no reviste novedad. Se prodigó en la era de don Lázaro y se enquistó en el fondo (muy en el fondo) del Milagro Mexicano: el desarrollo estabilizador.

Nueve. En tanto que, en Norteamérica, como que se espera el advenimiento de un nuevo “I have a dream”, mientras fuerzas del orden expertas en la brutalidad sin cortapisas, enfrentan a jóvenes insurrectos. Igualito que en los 60’s. La diferencia, es que la gran mayoría de los que protestan, es “White” y no “Black”. Y, claro, está la imitación extralógica, de la que hablaban Caso o Ramos (no recuerdo ahora): desmanes en Guadalajara, destrozos en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. Poco falta para que adoptemos la consigna de allá: “No puedo respirar” (últimas palabras de George Floyd).

Diez. ¿Qué futuro se columbra, en tanto la plaga cobra nuevos bríos, de la “raya” para arriba y de la “raya” para abajo? ¿Pasará el mandatario de estos pagos, la prueba de la “renovación de mandato” y, el de por allá, tendrá su segunda vuelta, compulsión más que reelección?

Once. ¿Nos esperan, de este laredo, cruentas estadísticas desalentadoras, la “verdad histórica” incuestionable, sobre el Covid-19, sobre la criminalidad, sobre el feminicidio, sobre la violencia paredes hogareñas adentro, sobre la adjudicación de contratos sin licitación?

Doce. ¿Y del laredo de allá, la franca “contestación” sesentera del sistema, más explosivas rabietas presidenciales vertidas en tuits que lanzan llamaradas, y el sálvese quien pueda de un gabinete que ya exhibe resquebrajaduras?

Trece. ¿Y las respectivas sociedades, qué onda? ¿Cómo quedarán después de que la plaga remita? ¿Si es que la morosa tecnología, hija predilecta de la Ciencia, da pie con bola con una vacuna a toda prueba? Ciencia que es capaz de lanzar al espacio un cohete tripulado, mientras que, en la tierra, desatiende lo urgente (aunque, en México, eso sí, se engolfa en un agarrón con la directora del CONACYT, que ya muestra tono de pendencia callejera).

Catorce. Si el pre Apocalipsis, en ambos lados de la “línea”, nos permitió irla llevando, y el Apocalipsis, nos plantó de cara la realidad (médica, política, social, económica), realidad que ya no podemos seguir escamoteando, ¿qué nos deparará el post Apocalipsis? Quizá convenga ir elaborando escenarios. Y hasta volverlos juegos de mesa, concursos de predicciones y adivinanzas, videojuegos caseros, “chateo” en redes sociales. En lo que se dilata el confinamiento y, al menos en México, el semáforo cambia de color.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.